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Yingxiu se rehace un año después del terremoto que causó 6.700 muertes

El Gobierno local, la escuela primaria y la oficina de policía se encuentran ubicados en barracones temporales

Actualizada Lunes, 11 de mayo de 2009 - 09:10 h.
  • AGENCIAS. Wanchuan (China)

La ciudad de Yingxiu, en el distrito de Wenchuan, cumple mañana, 12 de mayo, el primer aniversario del seísmo que redujo a escombros una urbe cuyos supervivientes, alojados en casas prefabricadas, han demostrado una admirable capacidad para salir adelante ante la adversidad. La pequeña ciudad habitada por chinos y tibetanos, en la que murieron aproximadamente 6.700 de sus 9.000 habitantes, es un año después del fatídico seísmo que la hizo célebre, una bulliciosa colección de hoteles, restaurantes, tiendas y hasta cibercafés, todo ello montado en las casas de plástico que soldados y voluntarios chinos instalaron en el lugar.

Hasta el Gobierno local, la escuela primaria, la oficina de policía, la de bomberos y el hospital están en barracones temporales, pero en esta sorprendente urbe de tejados de uralita azul parece transcurrir la vida con casi toda normalidad.

No obstante, las tumbas de 2.000 víctimas del seísmo, en una cercana ladera desde la que se contempla esta singular ciudad, y las ruinas del enorme instituto -único resto del antiguo Yingxiu que no ha sido retirado- recuerdan que hace un año ese lugar, ahora aparentemente tranquilo, sufrió el peor seísmo que China ha tenido en 30 años, de 8 grados de magnitud en la escala Richter.

"Todavía tenemos miedo, a veces sufrimos pesadillas y soñamos con los parientes que hemos perdido, o salimos de casa al pensar que hay un nuevo temblor", cuenta a Efe Li Xiaosha, una joven que perdió a su padre en el terremoto.

Li, que tiene que cuidar a su madre -discapacitada por las heridas sufridas en el seísmo-, simboliza a la perfección la entereza de los vecinos de Wenchuan: desde hace medio año, como el resto, ya no recibe subvenciones del gobierno, así que se ha puesto a trabajar duro.

La joven recibió una casa prefabricada donada por el Gobierno cantonés (en Yingxiu, toda la ayuda procede de la ciudad de Cantón), pero la ha reconvertido en un hotel-restaurante para los visitantes que llegan cada vez en mayor número.

"Antes tenía una peluquería, pero ya no queda nada de eso. Ahora todas las compañeras (del restaurante) vivimos en la misma habitación y tenemos así casas libres para montar un negocio", explica, sin atisbos de dolor cuando recuerda lo ocurrido hace un año.

Los supervivientes de Yingxiu han dispuesto el lugar de la mejor manera que han podido, para atraer los turistas que llegan en cada vez mayor número y vivir en un entorno agradable que les ayude a olvidar.

Han decorado las puertas con los tradicionales "duilian" (tiras de papel con buenos deseos escritos en ellas), farolillos rojos, y en las calles hasta han colocado macetas y plantado árboles: el lugar, más que un emplazamiento temporal, parece que lleve años funcionando así.

En la escuela se celebran competiciones de bailes tibetanos, y el ambiente un año después resulta extrañamente festivo, como si el seísmo hubiera sido un mal sueño.

Pero los que viven tras esas paredes de plástico no ocultan que desean en el futuro vivir en casas de verdad y algunos señalan que no les importaría que sea lejos de allí, para que les ayude a olvidar el horror.

"No nos importaría vivir en otra provincia, mientras que sea más seguro", comenta a Efe Dong Jinrong, jueza de la prefectura tibetana de Aba de la que forma parte Wenchuan, "pero hace falta tiempo y dinero. Sólo en la reconstrucción se necesitan unos 3.000 millones de yuanes" (unos 330 millones de euros).

Toda la provincia de Sichuan, la que más sufrió el seísmo, necesita reconstruir 4,5 millones de viviendas, 51.000 kilómetros de carreteras, 11.700 escuelas, 9.700 clínicas, 2.000 embalses y 810 centrales eléctricas, entre otras infraestructuras.

Los alrededores de Yingxiu ya viven ese furor constructivo: la carretera al distrito, que tardó cuatro meses en ser limpiada de rocas, ahora es un continuo atasco de camiones transportando materiales de obra, excavadoras y trabajadores.

Yingxiu ofrece una imagen de renacimiento y esperanza, aunque sus habitantes siguen mirando con incertidumbre al futuro:

"Toda China nos ha ayudado mucho y lo apreciamos, pero seguimos sin nada y ya no queremos vivir de la caridad. Deseamos poder mantenernos nosotros mismos", recalca Yang Yongchuan, un vecino de unos 50 años, mientras juega con su sobrino.

Con dos años de edad, el pequeño ha olvidado la catástrofe de 2008, pero una pequeña cicatriz entre los ojos le recordará en el futuro que él fue uno de los afortunados supervivientes de Wenchuan.

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Montaje de una niña superviviente del terremoto de Yingxiu, arriba tras el seísmo y en la imagen inferior, en la actualidad durante una clase en la escuela primaria.

Varios supervivientes abandonan la localidad de Yingxiu en la imagen tras el devastador terremoto de hace un año en el que fallecieron 6.700 de sus 9.000 habitantes.


Comentarios
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  • Yo a partir de la tragedia de ese terremoto me hice donante de sangreJavier

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