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El comic norteamericano cumple 75 años

Varias han sido las películas que han retratado la larga vida del comic

Actualizada Sábado, 9 de mayo de 2009 - 15:50 h.
  • AGENCIAS. Madrid

En los últimos años el cine tiene en su punto de mira tres fuentes fundamentales a las que habitualmente acude para saciar su cada vez más acuciante sed de ideas. La primera es la historia de la humanidad y el repertorio biográfico de los principales actores que han participado en ella. La segunda es la historia del cine, con sus clásicas obras maestras reinterpretadas una y otra vez hasta la saciedad. La tercera es el cómic, un ejercicio gráfico acostumbrado a producir en cadena auténticos referentes culturales, figuras de gran calado popular que cada día contribuyen a revitalizar los valores de una sociedad recta y saludable, según los designios de la tierra heredada por Obama.

Así las cosas, la nómina de deudores que tiene el cómic en su haber desborda los límites del séptimo arte y abarca al común de los mortales. Por ello, hoy, setenta y cinco años después de la primera publicación de una revista de viñetas en un kiosko norteamericano, el mundo occidental está en la obligación de celebrar el aniversario.

Casi todas las grandes ideas nacen de la necesidad, y este acontecimiento no escapa a la norma. "Famous Funnies", nombre del primer cómic publicado como revista el 10 de mayo de 1934, es el resultado de una iniciativa para impulsar la industria viñetista, consistente en la reimpresión de cómics ya antes publicados. Estas nuevas ediciones -llamadas cómic-books- relanzan la carrera de históricos combatientes del mal como Batman o promueven las de otros como The Spirit -anti-héroe creado por Will Eisner en 1940 y adaptado al cine en 2006 por el también novelista gráfico Frank Miller-.

Eran, aquellos 30, años convulsos marcados por la caída de los mercados bursátiles y la posterior gran guerra mundial. Un terreno extraordinariamente abonado para el lucimiento de rimbombantes héroes como El Capitán América -1941-, nacido de la imaginación de Jack Kirby y Joe Simon, o Airboy -1942-. El cómic adquiere una dimensión propagandística, y los protagonistas de éstas historias tienen el único objetivo de combatir al enemigo real -lease Japón o Alemania- desde las páginas de la ficción. Y a todo ello ayuda la popularidad oncedida por la nueva estrategia de distribución.

Tras el conflicto, en el que perecieron más de seis millones de personas, no resultó nada fácil devolverle la normalidad al llamado noveno arte, pues muchos de sus creadores habían perdido por el camino la capacidad o energía suficiente para concebir el humor de las viñetas satíricas o la heroicidad de las historietas de aventuras. Es más, comparado con la auténtica épica de los combatientes, el aventurero de tebeo era poco menos que un fantoche.

De semejante trauma nació la profundidad intelectual y la tenebrosidad ideológica en la viñeta, una fórmula bien reivindicada durante la resaca de la guerra por gran parte de los medios.

EL COMIC DE POSGUERRA

En 1954, un psiquiatra totalmente ajeno al cómic marca su destino con la publicación de 'The seduction of the innocent', un paranoico manifiesto sobre los peligros que genera esta forma de expresión tan provocativamente violenta en la juventud que accede a ella. Wertham acusa a los tebeos de influir de forma directa en la delincuencia juvenil de la época, y con ello da el primer paso para llegar a una política restrictiva, que obligará a orientar la temática de las viñetas hacia un estilo mucho más inocente e infantil. La herencia de esta censura es un lector menos erudito e intelectual.

Paralelamente, títulos como 'Steve Canyon' -1947- de Milton Caniff ahondan en los rasgos clásicos de la historieta bélica de carácter estereotipado, un estilo muy discutido tiempo después por otros autores. En aquellos tiempos tan prolíficos también nacen algunos de los tebeos norteamericanos más recordados, como Pogo - 1942-, de Walt Kelly, y Carlitos y Snoopy -Peanuts, 1950- de Charles M. Schulz, que reflejan, de forma sutil y menos explícita, mediante niños o animales antropomorfos, las inquietudes del norteamericano medio. La fórmula será exportable y muy explotable, pues soporta versiones filosóficas -Mafalda- y visiones más prosaicas -Garfield-. En ambos casos, los personajes se alejan del prototipo impuesto por Disney, carentes de mordacidad y abundantes en ingenuidad.

MARVEL O LA FABRICA DE INADAPTADOS

En el renacimiento del superhéroe a finales de los sesenta y principios de los setenta, participan activamente Stan Lee y Jack Kirby, creadores de la editorial Marvel. Esta factoría se caracteriza por crear identidades mutantes, con serios problemas de adaptación en un sistema preestablecido que no concibe o acepta este tipo de personalidades. Tiene fuerza la metáfora, pero también el amplio abanico de secundarios que rodean a estos individuos. Algunos de los personajes más consolidados en Marvel son 'Los cuatro fantásticos', los 'X-men' o la joya de la corona, 'Spiderman'. Además del éxito con sus viñetas, Marvel ha sabido explotar de manera insuperable el poder visual de sus creaciones, y en las dos últimas décadas parece tener un contrato de colaboración permanente con la industria del cine.

Por último, resulta obligado nombrar, en el breve relato de estos setenta y cinco años de cómic estadounidense, al autor de dos de las grandes obras de este arte, Fritz the cat -1959- y Mr Natural -1967-. Este autor, junto a otros como Richard Vance Corben, revolucionan el mundo del dibujo con creaciones ‘underground’, criticas con la sociedad coetánea y con la industria dominante. Como curiosidad, una inspirada película de título ‘American Splendor’ retrata esta etapa del cómic. De nuevo, el cine recurriendo a la viñeta.

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