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SOCIEDAD

Aprender sin edad ni fecha de caducidad

Hay alumnos desde los 25 años y hasta los 93 y todos los profesores imparten las materias de manera voluntaria

Actualizada Miércoles, 6 de mayo de 2009 - 04:00 h.
  • Mª JESÚS CASTILLEJO . PAMPLONA

VIVE como si fueras a morir mañana. Estudia como si fueras a vivir siempre". Esta frase de San Isidoro de Sevilla encabeza el libro que conmemora la primera década de la institución. La Universidad de Mayores Francisco Ynduráin (UMAFY), creada por la Asociación Bilaketa de Aoiz en 1998, fue la primera en Navarra de estas características (ahora ya hay programas similares en la UPNA y la UN).

Hoy sigue manteniendo las peculiaridades que la llevan a ser una de las más demandadas por los navarros de edad. Este curso se han matriculado 507 alumnos, en su mayoría de 55 años o más, que acuden a clase con alegría e ilusión, puesto que tienen clara esa idea de que lo importante es poseer un espíritu joven, por encima de la edad. Hay clases en Pamplona, Aoiz y Estella, junto con un centro virtual por Internet. Una nueva demanda Salva Gutiérrez, de 58 años, es uno de los fundadores, junto al ya fallecido Francisco Ynduráin, y sigue impartiendo clase (literatura, etc.). Según cuenta, a finales de los 90 empezaron a asomar nuevas demandas de la gente mayor, que iban más allá de "jugar a las cartas". Bien porque en su época no tuvieron tiempo o posibilidad de estudiar, bien por puro interés de aprender cosas nuevas y de no quedarse en casa, desde entonces más de 1.500 alumnos han pasado por las aulas de esta peculiar universidad. Uno de los pioneros, y que sigue en la brecha, es Carlos Eugui López, pamplonés de 76 años, que no sólo acude a clases de varias materias, sino que hoy incluso es profesor de una de ellas, Gimnasia Mental. "Siempre es posible aprender algo nuevo y además estás a gusto, haces amistades y lo pasas bien", asegura. Por eso, él, como muchos otros, no falta "ni un curso".Y es que la flexibilidad es una característica clave: no se necesitan estudios previos; las materias van variando o profundizando, en función de la demanda; no hay exámenes aunque sí un seguimiento personalizado; los profesores, todos voluntarios, imparten sus clases con similar ilusión a la que acuden sus alumnos... "En aquella época no había casi nada a partir de cierta edad", añade Ana Gueracenea Auza, de 57 años y vecina de Sorauren, alumna desde los comienzos y actualmente también representante del alumnado. "Para nosotros es mucho más que aprender cosas", explica. "Haces amistad con mucha gente y es un modo de caminar junto a la sociedad, de estar al día". Salva Gutiérrez asegura que, además, se intenta que haya un ambiente intergeneracional. Por eso. se reserva un 30% de las plazas a personas de entre 18 y 54 años. "Hemos llegado a tener a una nieta y a su abuela en la misma clase". De hecho, en la actualidad, aunque la mayoría superen los 55 años, hay alumnos que van desde los 25 hasta los 93 años.

Para Carlos Eugui, lo más importante es "la felicidad, el bienestar de la gente". Él, por lo menos, trata de provocar "sonrisas" entre sus alumnos y también procura pasarlo bien cuanto es el alumno. "Aquí no se trata de amargar a nadie", asiente Gutiérrez, "sino de ser feliz". Y una manera es aprender, relacionarse y participar en actividades complementarias como salidas y excursiones, por España o incluso fuera de ella, presentaciones de libros, audiciones musicales...

Santos, de 59 años, es un pamplonés prejubilado que acude este curso por primera vez a la Universidad de Mayores Francisco Ynduráin. Estuvo cuatro años estudiando en el Aula de la Experiencia de la UPNA, pero cuando terminó se encontró un poco "perdido", teniendo todavía "muchas ganas" de hacer cosas. Tras acudir a algunos cursos sueltos en otras entidades, se enteró de la existencia de la Umafy y, junto con varios amigos, no lo dudó. "Estoy encantado porque aquí no hay fecha de caducidad, puedes seguir hasta cuando quieras", destaca este alumno.

Carlos Eugui, que reconoce entre risas estar siempre ocupado entre sus clases de "Arte en la Biblia", "Poesía" y "Saber Envejecer" y la que imparte, cuenta que también se montan tertulias fuera del horario lectivo para charlar sobre todo tipo de temas. Por su parte, Ana Gueracenea recuerda una "bonita experiencia" de voluntariado desarrollada hace unos años, de un cuentacuentos en residencias de mayores.

Como se recoge en el folleto de la Umafy, ésta nació con el objetivo, hoy bien vigente, de "emprender el camino (siempre inacabado, siempre por hacerse) que conduce al saber y a la libertad" de hombres y mujeres". Y es que ya decía Séneca que "el saber es la gran fuente de la libertad".

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Alumnos en una clase impartida el jueves por Salva Gutiérrez, en el aula de formación de la residencia Amma Argaray de Pamplona.

Uno de los alumnos que acuden a clase, tomando notas.

Un momento de la clase en Pamplona.

Alumnos en las clases de Estella, en un curso anterior.


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