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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Métodos anticonceptivos

Actualizada Lunes, 4 de mayo de 2009 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

Q UIÉN tiene hijos con este panorama?, le decía un hombre a una mujer, en la mesa de al lado, a la hora del gin tonic de media tarde. Se ve que no hay mejor condón que la crisis económica, respondía la mujer.

Yo estaba leyendo el periódico, pero la conversación me distrajo al hacerme comprender que la verdadera noticia se encontraba fuera de sus páginas: NO SE PUEDEN TENER HIJOS. En otras palabras, la crisis como método anticonceptivo. Pensé en el reloj biológico de las mujeres, en esas chicas que hasta ayer eran mileuristas y que hoy ni eso y que se encuentran en el límite de la edad aconsejable para parir. ¿Adónde irá toda esa frustración, toda esa rabia? ¿Adónde los hijos no nacidos? Del mismo modo que el célebre apagón de Nueva York dio a luz a toda una generación de gente real, el apagón económico alumbrará, valga la paradoja, a una generación de personas inexistentes, individuos a los que sus abuelos no cuidarán, a los que no se le pondrá la vacuna contra el sarampión, niños que no harán la ESO, que no conocerán la formación profesional ni la universidad, que no tendrán novias, ni angustias, ni afanes, que no fracasarán ni triunfarán ni leches en vinagre.

Se le ponían a uno los pelos de punta pensando en la gente que no nacerá en los próximos dos años, o en los próximos cuatro años, pues nadie sabe lo que durará esto ni la fragilidad que nos dejará. La fragilidad, tal es el sentimiento más injusto de una crisis que no hemos provocado ni usted ni yo ni la pareja que en la mesa de al lado, mientras yo daba cuenta de mi gin tonic, alcanzaba la conclusión de que estaban a punto de pasárseles la edad de ser padres.

-Pues si no podemos tener hijos, nos separamos -dijo ella.

-¿Y qué hago yo sin ti? -dijo él.

Y yo me levanté y me fui, más triste que un armario, a otra mesa, donde abrí otro periódico y comencé a leerlo hasta que en la mesa de al lado un hombre le dijo a una mujer algo de la hipoteca que tampoco fui capaz de escuchar, de modo que pagué mi gin tonic y me fui a la calle y aunque hacía un día espléndido de primavera llegué a casa hecho polvo. Perra vida.

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