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Cómo convertir una comida en teatro

Diferentes ambientes musicales, como una canción de Edith Piaf, sirven para ilustrar retazos de las vidas de los propios actores

Actualizada Domingo, 3 de mayo de 2009 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

UNA función teatral que comienza a la una del mediodía. El título, Teatro da mangiare?, contiene una pregunta, aunque el público ya sabe que todo gira en torno a una comida que les van a servir los propios actores. Sólo acuden 27 personas, como si se tratara de una reunión familiar. Antes de entrar en el teatro, los espectadores reciben un texto traducido del italiano que corresponde a los primeros minutos de la "obra".

Los abrigos y los bolsos se dejan en las butacas y se sube directamente al escenario, donde hay que tomar asiento en torno a una gran mesa. Los comensales de enfrente quedan un tanto alejados, como a un metro de distancia. A la cita han acudido desde parejas jóvenes a matrimonios mayores, así como dos acomodadoras y la propia directora del Teatro Gayarre, Ana Zabalegui. Tres lámparas penden sobre la mesa mientras el resto permanece en penumbra.

El escenario está ocupado por varias mesas donde los tres actores italianos del Teatro delle Ariette preparan la comida. Todo procede del cultivo ecológico de la casa de campo italiana en la que vive el matrimonio de actores formado por Paola Berselli y Stefano Pasquini. Ellos se encargan de explicarlo a la vez que sirven el primer plato, un revuelto de patata, zanahoria y espárrago verde acompañado de una salsa de yogur con albahaca. El vino, un tinto de Chivite, lo pone el teatro.

Comienza a sonar el himno de La Internacional y Paola se sobrepone a la música, clamando con épica teatral por qué hace veinte años, cuando caía el Muro de Berlín, decidieron marcharse al valle del Marzatore y convertirse en cultivadores. Habla de "exilio físico y espiritual", de "anulación social" y de "desarraigo del pasado", a la vez que ensalza la belleza del campo, "perfumado de hongos y de almizcle".

A continuación sirven el segundo plato: salami, queso de oveja y parmesano. Paola deja el delantal y se pone los tacones y una peluca rubia para sacar su lado más provocador. Se sube a la mesa a gatas y hace gestos a un hombre maduro. La música sirve para ambientar momentos muy diferentes, retazos de sus vidas que comparten con su pequeña familia de espectadores. Como la canción de amor de Tom Waits que Stefano, guitarra en mano, dedica a Paola. O la carta que ella le lee a su madre, diciéndole que quiere regalarle un príncipe azul con el que pueda hacer un largo viaje. Durante la lectura se emociona hasta llegar a las lágrimas.

El tercer actor, Maurizio Ferraresi, cofundador del Teatro delle Ariette, se presenta a sí mismo: divorciado y con dos hijos. Llega un momento en que se apagan todas las luces y sólo alumbran varias parejas de velas que están colocadas en las mesas de alrededor. Maurizio lee un texto en italiano, pero las palabras se confunden con una música melancólica.

Paola se coloca una nariz de payaso y un bombín y comienza a hablar a los comensales de otra parte de su vida: los animales que tienen en su casa de campo. Los muestra en varias fotografías que van pasando de mano en mano: un perro, un gato, corderos que parecen sacados de un anuncio de Norit... Estos animales son tan importantes para ellos que han llegado a incluirlos en otra de sus representaciones. Una de las más míticas canciones de Edith Piaf, Non, je ne regrette rien,sirve para cerrar la "obra".

La sobremesa

Cuando el público ya ha degustado unos deliciosos tagliatelle, Paola, Maurizio y Stefano se sientan a la mesa junto a otro actor, Claudio Ponzano. El público ya tiene confianza como para hacerles preguntas y bromear con ellos. Los actores se interesan por los Sanfermines y Stefano cuenta que de pequeño jugaba "a Pamplona", una manera de imitar el encierro.

Teatro delle Ariette no ha hecho más que recrear en el escenario un rito social que se está perdiendo, el sentarse en torno a una mesa y compartir experiencias de la vida, pasando por la alegría, la tristeza o el cachondeo. Así, Teatro da mangiare?dura casi tres horas.

"Nos ha parecido algo fresco y nuevo y se ha creado un ambiente muy agradable entre el público", comentaba la pamplonesa Elena Goñi, que acudió con su marido. "Nos ha encantado", señaló Mónika Aranda, que había invitado a su acompañante y a otra pareja. "Les debía una comida y esto me pareció algo diferente, empezando por el hecho de pisar el escenario del Gayarre". Eso sí, en un día tan primaveral como el de ayer se echaba en falta la luz dorada del campo italiano.

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El actor Stefano Pasquini se dirige a los espectadores tras haberles servido el primer plato, a base de verduras. CALLEJA

Los comensales, sentados de espaldas al telón, se sirven las raciones. CALLEJA


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