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Fallecen el conductor y otro espectador del desfile de Holanda

La reina Beatriz, acostumbrada a andar en bici por las calles, tendrá que extremar sus medidas de seguridad

Actualizada Sábado, 2 de mayo de 2009 - 04:00 h.
  • FERNANDO PESCADOR . COLPISA. AMSTERDAM

Era un agente de seguridad en paro que no podía pagar el alquiler del piso en el que vivía. Karsten T.

(la policía no ha divulgado su identidad completa), el hombre de 38 años que condujo su vehículo utilitario a través de la multitud contra el autobús en el que viajaba la familia real holandesa el jueves, en Apeldoorn, vivía una de tantas historias tristes de la crisis económica actual; un drama que se habría diluido normalmente con la propia crisis dentro de unos meses, si no antes, pero quien lo protagonizaba decidió, nadie sabe por qué, romper la secuencia de los acontecimientos previstos y salir abruptamente del anonimato.

Y lo hizo por el peor camino: matando y terminando por morir él mismo porque Karsten T. falleció en la madrugada de ayer, de resultas de las heridas sufridas en choque contra el símbolo del poder en Holanda: la Reina Beatriz.

Informe médico

El balance final de este tan dramático como ridículo intento de magnicidio asciende a 7 fallecidos, (los 5 del jueves, más un policía y el responsable de la tragedia, ambos dos muertos ayer) y 10 heridos de los que 8 permanecían todavía este viernes en el hospital. Dos se encuentran en estado crítico.

En Huissen, el pueblo en el que vivía, los vecinos le describen como un soltero simpático y tranquilo, aunque alto tímido e introvertido. Desde luego, nadie que hubiera llamado la atención de las autoridades sanitarias o policiales del lugar, como, efectivamente, no había sido el caso. El propietario del apartamento en el que vivía alquilado declaraba ayer a un periódico local que Karsten T. le dijo recientemente que había sido despedido y que iba a tener que abandonar el apartamento, porque no podía hacer frente al alquiler de 580 euros.

Es obvio que a Karsten T. se le -por así decirlo- cruzaron los cables. No hay indicaciones de cuándo, ni tampoco antecedentes psiquiátricos que dibujen una línea coherente entre la normalidad y la sinrazón.

Ayer, prácticamente toda la prensa holandesa daba por hecho que los hábitos de la familia real van a tener que cambiar. Hasta hace bien poco, a la Reina Beatriz (71 años), se la podía ver en bici por la calle, lo que da una cierta idea del sentimiento de proximidad que la Casa de Orange fomenta para con los ciudadanos de su reino. Naturalmente, Apeldoorn va a marcar también un antes y un después.

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