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SOCIEDAD

Los últimos del esparto

Desde hace diez años, Sesma celebra la feria del esparto. Con este evento se pretende homenajear el oficio del que vivió prácticamente todo el pueblo hasta los años 50, cuando el cultivo del espárrago desplazó esta tradición.

Actualizada Lunes, 27 de abril de 2009 - 04:00 h.
  • ASIER SOLANA . SESMA

SESMA, Tierra Estella, principios del siglo veinte. El pueblo entero vivía gracias al esparto. Sus habitantes se levantaban a las cinco de la madrugada; las mujeres preparaban el material trenzando los hilos y, después de la faena en el campo, los hombres elaboraban las esteras, las alforjas o aquello que fuera necesario.

Gracias a esta actividad, la vida era bastante más llevadera, especialmente en invierno, cuando los trabajos del campo se detenían y no había otro medio de supervivencia.

Pero con la revolución económica e industrial de mediados de los años cincuenta y sesenta, los lugareños encontraron que dedicarse a plantar espárragos era mucho más rentable. Como consecuencia, quienes ahora rondan los 70 años son la última generación capaz de trabajar el esparto.

Ayer, algunos miembros de esa generación mostraron el oficio en la décima feria del esparto. "En Sesma, los niños nacían con un puño de esparto bajo el brazo, no con un pan", explicaba Araceli Sádaba Larrainzar, de 74 años y una de las dos únicas personas del pueblo capaces de trenzar el esparto con cinco cabos. La otra tiene 76 y se llama María Pérez Pinillo, que forraba una botella con una de esas trenzas de elaboración complicada. "Nos juntábamos las chicas entre 15 y 20 años para hablar de nuestras cosas mientras trabajábamos el esparto", recordó.

Precisamente para eso, recordar, se organiza desde hace diez años la feria del esparto, como la de ayer por la mañana. "Es un homenaje a un oficio gracias al cual pudo vivir el pueblo durante muchos años", explicó Rubén González, concejal de festejos de Sesma.

Aunque la lluvia hizo acto de presencia a ratos, el público se agolpó para observar el oficio que sólo unas pocas personas pueden mostrar. Ellas se afanabab en hilar esparto, la tarea tradicionalmente reservada a las mujeres. "Antes de que nos salieran los dientes, antes de ir al colegio, ayudábamos en casa para trabajar", explica Dorita Zabal Etayo, de 70 años, mientras muestra sus manos ennegrecidas de tanto manejar la materia prima.

Una vez la cuerda estaba hecha, eran los hombres quienes se encargaban de fabricar los serones (una especie de saco gigante), las alforjas para las mulas, o las esteras. Esto último es lo que exhibía Tomás Goicoa Martínez, que también sobrepasa los setenta años. "Esta medirá 1,60 metros; es mucho menos de lo que eran capaces nuestros padres", aseguraba. También afirmó que en Sesma no crecía el esparto, "porque los vecinos no lo dejaban, y además tenían que ir a cogerlo a otros pueblos, como Lerín".

La feria de este año contó, además de la exhibición de esparto, con 50 puestos. La mayor novedad fue la presencia de mushers que llevaban a los niños en carros tirados por perros. "Ha sido una locura, todos repitiendo". Era el caso de Antonio Rodríguez Remírez, de 7 años, que se montó dos veces. "Los perros son bonitos, me hubiera gustado repetir", aseguró.

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De izquierda a derecha: Mari Carmen Etayo, Dorita Zabal, y Rosario Etayo, hilando esparto. E. BUXENS


Comentarios
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  • El la región mejicana de Mérida se está reprendiendo el cultivo del sisal, fibras vegetales a partir de un cartus, que cayó en desuso por los tejidos sintéticos y por el sisal brasileño de peor calidad. Quizás las utilizaciones de la fibra sean diferentes pero sus propiedades están ahí. Con el esparto es historia de lo mismo y no dejarse llevar!.RG

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