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ESCRITOR DE NOVELA NEGRA

Andreu Martín: "La novela negra es la más experimental "

"La ficción toma la realidad, la reinterpreta y tiene que darle verosimilitud"

Actualizada Sábado, 25 de abril de 2009 - 04:00 h.
  • MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA

Durante la entrevista no bebió whisky. Tampoco fumó tabaco negro, desmitificando así la imagen que podría proyectar un escritor de novela negra. Andreu Martín (Barcelona, 1949) es todo un referente en esta modalidad literaria. La variedad de premios que jalonan su currículum así lo atestigua; pero el autor de las aventuras del joven detective Flanagan (ideadas junto a Jaume Ribera) no se centra sólo en la novela policíaca e incursiona en otros géneros.

Ayer intimó con los espectadores con La realidad y la ficción en la novela negra, el título de una conferencia en la que recordó el carácter lúdico de la novela negra.

Es un experto en la novela negra que disecciona el mundo del crimen. ¿Qué le atrae tanto de los bajos fondos?

De la novela negra me atrae sobre todo el análisis de la sociedad: hablar de justicia, por qué se transgreden las normas, por qué el vigilante vigila, quién le vigila a él... Es hablar de la sociedad en la que vivimos desde el punto de vista que más nos preocupa, la seguridad personal. Lo que hay por encima es que la novela negra es inequívocamente lúdica, se basa en el juego.

Aquí entra su carrera como psicólogo para analizar las debilidades humanas.

Sí, toca a los personajes y es importante en la novela y en cualquier género. Pero casi me ayuda más el hecho de estar casado con una psicóloga que ejerce, le cuento mis novelas y me ayuda.

Los telediarios escupen crímenes todos los días. ¿Juega a meterse en la mente de los delincuentes, o no le atrae lo más mínimo?

¡Si el trabajo del novelista es meterse en estos berenjenales! La novela policíaca tiene que ver con la transgresión y el delito, así que tengo que meterme en todo eso para poder analizarlo. ¿Por qué vamos a buscar argumentos complicados si la realidad nos los da cada día? Porque la realidad no es verosímil. ¿Has oído alguna vez esa frase odiosa y asquerosa que dice que la realidad supera a la ficción?

Sí, hasta la saciedad.

Es una frase que deprime a todo novelista. Tratas de superarte las 24 horas del día, y la realidad va y te supera, ¡es para cabrearse! La realidad es inverosímil, leemos el periódico y pensamos en las cosas tan raras que pasan en el mundo. Eso mismo lo lees en una novela y no te lo crees. La ficción toma la realidad, la reinterpreta y tiene que darle verosimilitud.

Qué caótico...

Por ejemplo, durante muchos años en Barcelona no podíamos hablar de crimen organizado. Cómo vivíamos en un país desorganizado decían que ni siquiera el crimen podía ser organizado. Hasta que encarcelaron a un mafioso marsellés en la Cárcel Modelo de Barcelona, que está en el centro de la ciudad. Se acercaban muchas señoras, fulanas y amigas de los presos que hablaban con ellos. Al mafioso le llamó una señorita y cuando se puso en la ventana un francotirador le voló la cabeza. A partir de ese día, ya hubo crimen organizado en Barcelona. La novela se modula a partir de la realidad y se alimenta de ella.

Éste es el hilo conductor de su conferencia en los Diálogos...

Sí. Junto con Carles Quílez, periodista de la SER, escribí la novela Piel de policía. Puso encima de la mesa hechos reales que él podía documentar, y decidimos escribir una novela de ficción con casos reales. Uno era el de un estafador que ingresó en la Cárcel Modelo y a los dos días se fugó. Si pones que le dan un pan con una lima dentro, sierra los barrotes y luego se descuelga en unas sábanas la gente se lo creería. Pero escribimos lo que realmente había ocurrido y el lector no se lo creía.

¿Y qué pasó?

Que el preso tenía que llevar una taza de café al director de la cárcel. La cárcel de Barcelona tiene un patio, que ese día estaba lleno de abogados, familia de los presos... Él se bebió el café, fue a la puerta y dijo que iba a devolver la taza al bar de enfrente. Le abrieron la puerta, salió y se fue porque se juntaron muchas cosas. Es una de las cosas más difíciles que he tenido que escribir nunca. Más tarde, cuando se publicó, un juez llamado Ubiña nos llamó para decirnos que era cierto lo de la taza de café. Él fue quien le metió en la cárcel, y nos dijo que efectivamente ese señor fue al bar de enfrente, dejó la taza, le llamó por teléfono y le dijo "Su señoría, ya puede usted dictar orden de busca y captura".

¿Tiene muchos entusiastas en el mundo de la judicatura y de la policía?

Los policías son muy lectores de novela policíaca. De hecho, la Policía Autonómica de Barcelona tiene un premio de novela negra dotado con 25.000 euros. Pero son ellos los que nos enseñan a nosotros, como los delincuentes.

¿Y entre el hampa también tiene seguidores? Entre los delincuentes menores...

¡He tenido hasta a algún delincuente mayor, que da muy mal rollo! No soy ningún adorador de los estafadores. Es como el que se fugó con el café; tiene anécdotas simpáticas, pero no hay que perder de vista que los delincuentes se aprovechan, hacen daño y son muy cabrones. Hay que desmitificarlos.

¿Un escritor como usted compra éxitos como El chino o Los hombres que no amaban a las mujeres, o prefiere otros géneros para desconectar?

No, me gustan como lector. Pero inevitablemente los escritores estamos más contaminados y tenemos otra manera de leer. Nos ayuda a disfrutar más por unos motivos que se le escapan al lector normal, pero también te hace desconectar de novelas que disfrutarías sin este handicap.

¿Los antihéroes de la novela negra se empiezan a repetir, o el género goza de buena salud?

Está en muy buen momento. La novela negra es la más experimental y la que trabaja con más pie forzado. El lector pide a la novela unos elementos concretos que la configuran como género. Y el autor tiene que cumplir con esas reglas del juego para que sea una novela policíaca, pero a la vez tiene que sorprender y hacer la pirueta.

Ha escrito muchas obras en colaboración con otros autores. ¿La escritura en equipo fluye mejor?

Me gusta mucho, precisamente por el juego. En compañía te ríes más. También es un ejercicio de humildad. Cuando escribes solo la mayoría de las cosas las haces de manera intuitiva, pero cuando trabajas en colaboración tienes que formular esa intuición y racionalizarla para que el otro la comprenda.

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El escritor gesticula durante un momento de la entrevista. EDUARDO BUXENS


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