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El acusado de atropellar a su vecino en Villafranca sufría "trastorno de ideas delirantes"

Marcelo Santafé mantuvo en la segunda vista oral del juicio que "no tenía intención" de matar a Antonio Basarte

Actualizada Martes, 24 de marzo de 2009 - 20:36 h.
  • AGENCIAS. Pamplona

El juicio contra Marcelo Santafé, el ganadero de 75 años acusado de atropellar a su vecino de Villafranca, Antonio Basarte de 81, ha continuado hoy con la declaración del forense, quien ha mantenido que el acusado tenía "un trastorno de ideas delirantes en relación con el fallecido". La Audiencia Provincial de Navarra ha acogido la segunda vista oral del juicio contra Santafé, quien durante su declaración de ayer mantuvo en todo momento que "no tenía intención" de matar a Antonio Basarte, sino que éste "se cruzó y me lo llevé por delante", que su muerte no estuvo planeada, tal y como apunta la acusación particular, y que "lo atropellé sin querer".

Durante el relato de los hechos, el acusado apuntó que se dirigió al fallecido para invitarle a que sacase las ovejas de la finca propiedad de su hijo, pero que éste "empezó a insultarme y le dije que si no las sacas tú las saco yo", así que "con el coche las fui espantando y se cruzó y me lo llevé por delante".

Hoy el juicio ha comenzado con la declaración de Antonio Grande, un vecino de Villafranca que se tropezó con el fallecido y con el hijo de éste unos minutos antes de que sucediesen los hechos el 3 de septiembre de 2007.

Grande ha declarado que entabló una conversación con ambos y le pidió a José Juan Basarte, que le acercase con su camión hasta el cebadero del pueblo, a lo que éste le respondió que cuando dejase a su padre en la finca con las ovejas le llevaría.

Así lo ha relatado también el hijo del fallecido, quien ha recordado que tras dejar a su padre recogió a Grande y avanzaron unos metros hasta que vio el coche de Santafé entrar a la finca en la que estaba su padre y decidió volverse porque "no me fío un pelo de este muchacho", pues "detrás de una nos hace otra", por eso "mi padre estaba siempre en alerta".

Tanto el hijo del fallecido como Grande han declarado que desde el lugar que se encontraban hasta la finca en la que sucedieron los hechos distaban "unos 800 metros" y, según José Juan Basarte, pudo ver "el coche, que entraba en la finca a mucha velocidad, hacer una maniobra y salir", por lo que ha deducido que "no les dio tiempo a mantener una conversación", ni tampoco de realizar maniobras para espantar a las ovejas.

Instantes después de ocurrir los hechos, el acusado se presentó en las dependencias de la Guardia Civil de Villafranca, donde confesó lo ocurrido, si bien el fiscal ha mantenido lo dicho en el escrito: "que en el momento de ocurrir lo relatado el acusado sufría un trastorno de ideas delirantes relacionado con el fallecido que anulaban de manera total sus facultades volitivas e intelectivas".

Durante la sesión de hoy también ha declarado el agente encargado del puesto de seguridad del cuartel de Villafranca, quien ha señalado que el acusado "insistió en que venía a entregarse", puesto que sus palabras textuales fueron: "vengo a entregarme he atropellado a un hombre".

El agente también ha señalado que el acusado no dio más explicaciones ni pidió ayuda para el fallecido, y ha constatado que en el cuartel recibieron una llamada procedente del 112 que les alertó del atropelló y les pidió que les concretasen la ubicación del suceso, puesto que el hijo fue quien alertó previamente de lo ocurrido.

También ha declarado el agente instructor de las diligencias y miembro de las Policía Judicial de Tudela, que ha hablado de "una actitud prepotente" por parte de Santafé minutos después del suceso, así como de una acción "presuntamente intencionada".

Un tercer agente ha señalado a su vez que las primeras noticias que les llegaron al cuartel de Tudela hablaban de un atropello "posiblemente intencionado", ha corroborado "la actitud prepotente" del acusado y ha indicado que éste afirmó: "Al final ha pasado lo que tenía que pasar".

El informe de reconstrucción de los hechos también ha sido corroborado por los dos agentes que lo realizaron, y concluye que "hay intencionalidad clara de matar o de provocar lesiones graves", pues "por la forma en la que estaba el cadáver necesariamente ha recibido un golpe antes de caer al suelo y posteriormente el vehículo lo ha pasado por encima".

En esto último también ha coincidido el forense que examinó el cuerpo, quien ha señalado que el vehículo le pasó una única vez por encima causándole varias lesiones y ha hablado de "un trastorno de ideas delirantes en relación con el fallecido", así como de paranoia "tras muchos años de acumular tensión y odio".

Un cuarto agente ha sostenido que el vehículo de Santafé entró en la finca "a una gran velocidad de acuerdo con el terreno", una acción en la que "perdió una pieza del faro delantero derecho", ha reseñado que el coche no realizó "ninguna otra maniobra más", porque de haber sido así se hubiese quedado impresa en el terreno, y ha apuntado que el coche presentaba restos de sangre de Antonio Basarte "desde la parte delantera hasta el tubo de escape".

Un último testigo vecino de Villafranca también ha declarado hoy en la Audiencia Provincial, para dar constancia de una actitud asustadiza por parte de Antonio Basarte, con quien se cruzó "unos nueve días antes" en un encuentro en el que "di un acelerón, se asustó y le pregunté si tenía miedo", a lo que el fallecido respondió: "Yo pensaba que venía ése a matarme".

Tras las declaraciones se ha dado paso a las conclusiones, donde el fiscal ha mantenido que se trata de un homicidio, ya que "ha quedado demostrada la voluntad y no la mera imprudencia" del acusado en los hechos, con lo que "no concurre" hablar de asesinato ya que "no hay acto alevoso", y ha mantenido su solicitud consistente en el internamiento durante diez años en un centro psiquiátrico y su absolución.

No lo ha considerado así la acusación particular ejercida por los hijos del fallecido, que ha sostenido que se trata de un asesinato, por haberse demostrado que "el ánimo de matar es evidente", y por no existir en el acusado "el más mínimo síntoma de arrepentimiento", así como que "no concurre la eximente de enfermedad mental", puesto que "no tiene ninguna idea delirante".

La defensa se ha mantenido también firme en su postura, ha sostenido que no procede una condena por asesinato al no existir "intención ni pruebas concluyentes que lo determinen", ha subrayado que su cliente "tenía totalmente anulada su voluntad", y ha insistido en las "ideas delirantes" y en la "anulación de su capacidad".

La última palabra la ha tenido el acusado, quien ha corroborado su declaración de ayer, ha defendido su falta de intencionalidad en la realización de los hechos, y tras la cual el juicio ha quedado visto para sentencia.


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