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A PUNTA SECA FERNANDO PÉREZ OLLO

Charles Darwin, visto por Darwin

Actualizada Lunes, 23 de marzo de 2009 - 04:00 h.

C HARLES Robert Darwin (1809-1882) escribió las 121 páginas principales de este texto a los 67 años de edad, entre el 31 de mayo y el 3 de agosto, "la mayoría de las tardes durante casi una hora", dice la última línea del original, datado en esa fecha veraniega. Aún vivió un sexenio y añadió otras 67 páginas. El libro nació póstumo, en 1887, corregido y podado por Francis Darwin, tercer hijo y botánico.

Francis no era partidario de retocar más que lo imprescindible, pero se avino a cribar las opiniones que pudieran perjudicar a la memoria del naturalista. Las tachaduras sumaron el 17% del texto. La presión determinante debió de ejercerla su madre, de soltera Emma Wedgwood -prima hermana de Darwin-, de fuertes convicciones religiosas. La familia entera aceptó tales cortes.

Padre e infancia

Esta pulcra edición, de limpia legibilidad y meticulosa traducción, avalada por la editorial pamplonesa de Serafín Senosiáin, ofrece el texto íntegro, incluidas las notas debidas a Francis Darwin -más dos del editor- y distingue en negrita las líneas y párrafos suprimidos.

Darwin divide el texto en seis capítulos, desiguales de extensión, correspondientes a sendos trancos temporales de su vida, más dos dedicados a sus publicaciones y capacidades mentales. El primero, "Recuerdos de la evolución de mi mente y mi carácter", el más extenso, reserva más espacio a su padre, médico de larga práctica y prestigio local, que a sí mismo. La primera frase original suprimida es : "Mi padre, según le oí decir, creía que los recuerdos de las personas de mente poderosa se remontaban, en general, muy atrás, hasta períodos muy tempranos de su vida. No es mi caso". No debe de ser casual ni mera devoción filial que su padre le merezca diez páginas de trazos objetivos y a la vez reverenciales, espacio que no le merece nadie, ni su esposa e hijos.

Un viaje crucial

Darwin se recuerda chico inquieto, travieso, mal estudiante, pero con cualidades prometedoras: "mis gustos, fuertes y variados, un gran empeño en todo lo que me interesaba y un placer intenso en comprender cualquier asunto o cosa complicada".

"El viaje del Beagle ha sido, con mucho, el acontecimiento más importante de mi vida y determinó toda mi carrera", reconoce cuarenta años después. El viaje duró cincuenta y siete meses, de diciembre de 1831 a octubre de 1836. El viaje tenía por objeto circunnavegar Sudamérica para trazar su alzado hidrográfico. Darwin estuvo a punto de quedarse en tierra, porque al capitán Robert FritzRoy, tory de creencias radicales, proesclavista y seguidor de Lavater, no le gustó la nariz del joven liberal, cuatro años más joven que él, frustrado clérigo anglicano y y reciente bachelor of Arts por Cambridge. Darwin llevaba el primer tomo de los "Principles of Geology" -el segundo, editado en 1832, lo recibió en Montevideo- de Charles Lyell, según el cual los procesos naturales de hoy son los mismos que actuaron en el pasado.

Volvió cargado de colecciones, notas y apuntes, con los que -resume Patrick Tort- confirmó las tesis de Lyell mediante el estudio de las islas volcánicas -el "uniformitarismo" es elemento clave en la geología darwiniana-, así como la semejanza, en un mismo territorio, de especies vivas y fósiles; explicó de nuevo la formación de arrecifes coralinos, la aclimatación de las especies vegetales cultivadas, la acción positiva y las interacciones bióticas y las cadenas tróficas. También sintió la necesidad de explicar la competencia vital entre especies y dentro de cada una de ellas. Y observó la diversidad de creencias y comportamientos humanos , que le indujeron a un firme relativismo.

Evolución y renombre

Las monografías le habrían dado prestigio en los círculos académicos, pero Darwin trabajó toda su vida sobre los materiales recogidos, su diario de esos años y el estudio incansable -más lecturas como el "Ensayo sobre el principio de la población" de Malthus (1798)- y debe su renombre popular a la conmoción que en el gran público causó la teoría de la evolución, simplificada al máximo en una frase eficaz: "El hombre desciende del mono". Parece difícil negar a Darwin la consideración de científico destacado del siglo XIX, lo cual no significa que sea el más leído en cualquier lugar. Aquí, desde luego, no. Buena parte de su obra ni está traducida. Pero Darwin demuestra en el "Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo" o "El viaje del Beagle" (1839) cualidades literarias poco comunes, como ha defendido Muñoz Molina.

"El origen de las especies" (1859) conoció un éxito fulminante. Las primera edición se agotó en un día. Darwin preparó seis, la última en 1872. El cambio más importante y significativo se centra en la "selección natural". En principio, Darwin sostuvo que la naturaleza genera variedades y luego nuevas especies, en un proceso análogo al de la selección artificial que lleva del lobo o el chacal al chihuahua o el doberman. Pero quien favorece unas variedades en perjuicio de otras no es Dios creador, sino presiones como el clima o la lucha. Teoría que contradice o niega la cronología y el creacionismo bíblicos.

Aun así, para A.R.Wallace (1823-1913), que había llegado a las mismas conclusiones que Darwin sin comunicarse con él, la idea de "selección" entrañaba la necesidad de un seleccionador y sugirió al ya famoso naturalista que pusiera "supervivencia del más apto" -expresión de Herbert Spencer- donde decía "selección natural". A partir de la quinta edición Darwin introdujo ese sintagma unido al suyo mediante la disyuntiva "o". Pero no parece que sostuviera el "darwinismo social" del más fuerte o más rico.

Ideas y anís

Quien desee ahondar en la vida, obra y validez actual de Darwin deberá acercarse a libros más caudalosos, los estudios de Janet Browne, por ejemplo, editados por la Universidad de Valencia. Pero Darwin visto por Darwin tiene un interés de primer orden, como fuente imprescindible y por las ideas que anudan el hilo autobiográfico. Espigo algunas.

"La mayoría de nuestras cualidades son innatas". "La ciencia consiste en agrupar datos para poder deducir de ellos leyes o conclusiones generales". "Nunca me desvié ni una pulgada de mi rumbo movido por la idea de hacerme famoso". De octubre de 1836 a enero de 1839, "dos años y tres meses (que) fueron los más activos de mi vida, leí mucho sobre asuntos diversos, incluidos algunos libros de metafísica, pero no estaba en absoluto capacitado para esa clase de estudios".

De los textos censurados por la familia, entresaco estos cuatro. "Todo cuanto existe en la naturaleza es resultado de leyes fijas". "Nada hay más importante que la difusión del escepticismo o el racionalismo durante la segunda mitad de mi vida". El "antiquísimo argumento contra la existencia de una causa primera inteligente, derivado de la existencia del sufrimiento, me parece sólido", mientras que la cantidad de sufrimiento "concuerda bien con la opinión de que todos los seres orgánicos han evolucionado mediante variación y selección natural".

"El misterio del comienzo de todas las cosas nos resulta insoluble; en cuanto a mí, deberé contentarme con seguir siendo un agnóstico".

Darwin fue inhumado en la abadía de Westminster. Aquí, el simio de Anís del Mono luce desde 1870 la cara del naturalista y señala la cartela que proclama: "Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento". El licorero, dicen, era darwinista. La graduación de los debates, acaso más profesorales que científicos, era muy otra.

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