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Manute Bol, de gigante de la NBA a activista contra el genocidio en Darfur

Bol intervino hoy en el "Foro de la Reconciliación", una conferencia que analiza en Washington las dinámicas de conflicto y reconciliación en distintos lugares

Actualizada Viernes, 20 de marzo de 2009 - 21:37 h.
  • AGENCIAS. Washington

El ex jugador de la NBA Manute Bol ha puesto sus 2,31 metros de altura al servicio de una causa, la de acabar con la violencia en Darfur y ayudar así a la reconciliación en su Sudán natal, según explicó. Bol intervino hoy en el "Foro de la Reconciliación", una conferencia que analiza en Washington las dinámicas de conflicto y reconciliación en distintos lugares y que clausura esta tarde el arzobispo sudafricano y Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu.

Hijo del jefe de una de las tribus Dinka asentadas al sur de Sudán, Bol dejó su país en los 80 después de que un entrenador de baloncesto lo convenciese para jugar en Estados Unidos.

Su estancia en EEUU coincidió con una sangrienta guerra civil en Sudán en la que resultó arrasado el pueblo en el que vivía y en el que fallecieron 250 miembros de su familia.

"Mi abuelo tenía 58 esposas y mi padre 10", dice para explicar las razones de que su familia fuese tan extensa.

Su salida de la NBA a mediados de los 90 lo llevó a dedicar su tiempo a llevar a cabo acciones humanitarias de ayuda a Sudán.

El empeño, dice, le ha salido caro.

"Me he gastado 3,5 millones de dólares" en ayudar a Sudán, asegura el ex baloncestista, que viaja a menudo a los campos de refugiados en Darfur y quien ha ayudado, entre otros proyectos, a la construcción de escuelas en su pueblo sudanés.

"Sería un hombre rico de no ser por eso", afirmó Bol, quien se ha gastado la mayor parte de la fortuna que se embolsó durante sus 10 años en la NBA, algo que, de todos modos, no le quita el sueño.

Lo que no le deja dormir es la falta de acción de la comunidad internacional frente a los crímenes en Darfur.

"Hablan mucho pero no hacen nada", afirma visiblemente frustrado, para añadir que es necesario arrestar "ahora mismo" al presidente sudanés Omar Hasán Al Bachir, sobre quien pende una orden de detención de la Corte Penal Internacional (CPI).

El problema es que Jartum se ha negado a entregar a Al Bachir y la comunidad internacional no ha tomado cartas en el asunto.

El fiscal de la CPI, el argentino Luis Moreno Ocampo, que participó en la jornada inaugural de este foro, la noche del miércoles, dijo a Efe que Sudán está obligado, según las leyes internacionales, a ejecutar la orden de arresto en su territorio.

De no hacerlo, agregó, el Consejo de Seguridad de la ONU debería de encargarse de que la detención se haga efectiva.

Ocampo y Bol no han sido los únicos que han aprovechado el foro que se celebra en la sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington para pedir que se haga justicia en Sudán.

Francis Bok, un joven de 29 años y apariencia frágil, negro, alto y delgado como los de su tribu, los Dinka, es otro de los sudaneses participantes en el encuentro y una víctima de las atrocidades perpetradas en Sudán durante las últimas décadas.

Bok tenía sólo siete años cuando un grupo de milicias árabes del norte de Sudán arrasó el mercado al que su madre lo había enviado a vender huevos y cacahuetes.

"Recuerdo cómo me despedí esa tarde de mi madre y hermanos que me dijeron adiós desde la sombra de un árbol", explicó a Efe Bok, quien fue capturado ese mismo día y convertido en esclavo hasta los 17 años, cuando logró escapar en una fuga que lo ha llevado a EEUU, donde ahora lucha contra la esclavitud y a favor de la paz en Sudán.

Bok lamenta haber perdido su niñez en la que careció de la más mínima señal de afecto y sufrió abusos constantes.

Aun así, asegura haber perdonado al hombre al que se refiere como "mi patrón".

"Si hubiera seguido aferrándome a la ira que sentía, habría tenido una vida miserable", afirma Bok, quien dice creer "con toda el alma que Sudán será un día como Suráfrica y reconocerá que formamos todos parte del mismo género humano".

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