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A PUNTA SECA | FERNANDO PÉREZ OLLO

La viuda malcasada que no quería acabar en el río

Sin los documentos de este Archivo eclesiástico es imposible conocer bien la pasada vida civil

Actualizada Sábado, 31 de enero de 2009 - 04:00 h.

M ARÍA Francisca de Elizari, vecina de Pamplona, acudió en 1742 al tribunal eclesiástico para pedir la separación matrimonial de su marido, Juan de Ichaso. Ambos eran viudos cuando se casaron. María Francisca adujo haber descubierto, después de pasar por la velación, el genio atroz, cruel e insufrible de su marido, que le amenazaba, insultaba e infligía malos tratos. En su declaración recuerda que la primera mujer de su prenda, desesperada de la vida conyugal, se tiró al río y murió ahogada.

Ella no se muestra dispuesta a seguir los pasos de su predecesora y acabar en el amable curso del Arga, pero llega a temer que le pudiera ocurrir lo mismo. El proceso duró siete años y la sentencia mandó al áspero Juan y a la resuelta María Francisca convivir como marido y mujer, aunque obligaba a Ichaso a presentar las oportunas garantías.

Años después, en 1763, el fiscal de la diócesis pamplonesa se querelló criminalmente contra Antonio Rodríguez, presbítero beneficiado de Peralta, que un día salió a cazar perdices, en compañía de Juan Antonio Lizaur. Ambos dispararon contra una de tan codiciadas gallináceas y alcanzaron a un niño, que murió casi en el acto. En el juicio se estableció que el disparo mortífero fue el de Lizaur.

Éstos son dos de los 1.929 procesos ofrecidos en la nueva salida de este Catálogo, cuya publicación comenzó en 1988 y que ya va por el tomo vigesimonono. Los procesos de esta entrega corresponden a veinticinco años, 1746 a 1770, conservados en 85 carpetas del Archivo Diocesano de Pamplona -de la 1.953 a la 2.037-, y tramitados por un solo secretario, Almándoz, salvo nueve piezas llevadas por otro colega, Echalecu. Afectan a 3.757 personas físicas y 733 localidades, de las que 85 son guipuzcoanas. Sabido es que las tierras de la provincia mugante pertenecieron a tres diócesis: Bayona, Calahorra y Pamplona, y que los territorios guipuzcoanos integrados en la mitra de Bayona pasaron en 1567 a la iruñense hasta que en septiembre de 1861 se erigió la diócesis de Vitoria. San Sebastián tiene obispado propio desde diciembre de 1949 y su primer titular, Jaime Font y Andreu, al que recuerdo haber visto en visita pastoral por pueblecitos del Goiherri, murió en 1963.

Bodas, palabra y patraña

Los archiveros diocesanos de Pamplona facilitan la consulta del volumen mediante cumplidos índices toponímico, onomástico y de materias. Especialmente el tercero, cuyo simple ojeo puede incitar a la lectura. Así, encontramos noticias y casos referentes a 88 ermitas -de ellas, 30 en Guipúzcoa, 4 en Tolosa-, de 82 cofradías -sólo del Rosario, 18-, veinte desolados, dieciséis pleitos sobre actuaciones médicas, tres en torno al tráfico de tabaco, veintitrés que sólo pueden agruparse bajo el epígrafe de "varios".

En ese último apartado, por ejemplo, entra un tal Carlos María Canales, que en 1768 denunció a Juan de Echávarri, abad -hoy hablaríamos de párroco- de Larrión. Canales se decía turco de nación, hijo del bajá de Esmirna y de una cristiana cautiva, converso y bautizado en Cádiz. Se presentó, con su mujer, al cura de Larrión y le pidió limosna. El abad se la negó y puso en duda que los papeles del turco fueran verdaderos. Al clérigo aquella turquería le debió de sonar demasiado exótica, o acaso le guiaba el refrán recogido por Gonzalo de Correas: "De largas tierras, largas mentiras". El pordiosero Canales se sintió insultado y acudió al alcalde de Estella. El caso, pendiente de sentencia, parece cumplido ejemplo de picaresca.

Como de costumbre, en el índice de materias el apartado más copioso resulta el de procesos matrimoniales, 120, de los que 106 se fundan en promesas masculinas e incumplidas de boda, a veces patraña de la presunta novia compuesta y burlada. Entresaco uno. En 1767, Fernanda Juárez, viuda y vecina de Falces, demandó a Joseph de Aldasoro, tudelano de cuna, porque se negaba a cumplir la promesa matrimonial que le había dado, mediante papel de esponsales rubricado por él. Aldasoro dijo que Fernanda le engañó, porque hizo que le metieran en la cárcel y, para librarse de tal vejación, firmó el papel de marras. El tudelano recalcó la conocida vida airada de la demandante, varias veces desterrada por la justicia e incluso presa en la casa de la Galera. Aldasoro salió absuelto.

Tras la muga

Los extractos de las piezas judiciales se atienen, como es lógico, a las grafías y textos de los procesos, que a veces deparan inexactitudes y sorpresas. Así, vemos que Ascain, Baigorri y Olega aparecen como pertenecientes a la Baja Navarra, lo cual no es cierto para Ascain, mientras que Macaya, Semper -Sempere: Saint Pée sur Nivelle- y Urruña son lugares de Francia, sin más, Sara, Bayona, Burdeos y San Juan de Luz no llevan precisión alguna, y los Pasajes son de San Sebastián y de Fuenterrabía, no de San Pedro y de San Juan, respectivamente. El nombre de los dos núcleos es el de los santos titulares de sus parroquias. El primero era lugar en la jurisdicción donostiarra, mientras que el segundo perteneció a Fuenterrabía hasta 1770, como ya informaba en 1802 el Diccionario de la Real Academia de la Historia. La unión de los dos Pasajes en una sola entidad municipal tuvo lugar en 1805, según historió Pablo de Gorosábel en su "Diccionario histórico-geográfico descriptivo de Guipúzcoa" (1862).

Fuego carlista y "no" civil

Cada salida de estos tomos demuestra la importancia de los archivos de la Iglesia, imprescindibles para muchos estudios, además de fuentes de noticias sobre el pasado real de nuestra tierra, no el retroensoñado, el único interesante -según parece- para algunos sectores e intereses. Bueno será conservar y atender esos fondos, no siempre valorados. Creo poder decir, y me alegraría errar, que ninguno de los últimos prelados iruñenses ha pisado siquiera este Archivo Diocesano, habilitado en el propio palacio episcopal. Ese ADP es un tesoro, codiciado, dicho sea de paso, por quienes no lo poseen y no tienen más remedio que venir a trabajar en su muy austera instalación.

Hace más de cien años, en 1898, El Eco de Navarra, periódico pamplonés, escribía: "No hemos encontrado datos recientes que permitieran hacer completo un estudio, pues no son los años de guerra que hemos pasado los más a propósito para hacer estadísticas, y máxime cuando los carlistas tenían por deber de conciencia el proceder a la quema de los libros del Registro Civil en donde quiera que entraban. Ahora es cuando podría hacerse esa estadística, pidiendo los datos a los libros parroquiales, que, como hemos dicho, son en esta materia los únicos fidedignos, y así creemos que va a hacerse". Y explica la condición inicial del Registro. Para enterrar el cadáver de una persona era preciso registrar civilmente su muerte, "mientras que muchos padres llevan sus hijos a la pila bautismal, pero no creen necesario exhibirlos también ante el juez municipal, y por tanto, si el número de muertos es exacto, el de nacidos es muy inferior a la realidad".

Pero el carlista no fue el único fuego que dañó estos fondos, cuya riqueza no agotan los estudios demográficos ni biográficos. Basta repasar los índices del ADP. Los de este tomo también, claro está.

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