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FRANCISCO JAVIER RECALDE CALVO MEDALLA AL MÉRITO EN EL TRABAJO

"Además de ser su médico, para ellos era sobre todo su amigo"

Esta tarde a las 20 horas, Francisco Javier Recalde Calvo, de 81 años y antiguo médico de Sartaguda, recibirá la medalla al mérito en su profesión que le ha concedido por unanimidad la Real Academia de Medicina de Zaragoza

Actualizada Jueves, 22 de enero de 2009 - 04:00 h.
  • MARI PAZ GENER . SARTAGUDA

Francisco Javier Recalde llegó a Sartaguda el 22 noviembre de 1956. Desde entonces y durante 42 años, hasta su jubilación, fue y continúa siendo "don Javier" el médico del pueblo. Esta tarde, la Real Academia de Medicina de Zaragoza, ciudad donde estudió parte de su carrera universitaria, le entregará el premio al Mérito Profesional 2008 . El título ha sido concedido unánimemente por "sus virtudes en el ejercicio de sus funciones a lo largo de su vida profesional".

La ceremonia presidirá la inauguración del curso académico 2009. Junto a Francisco Javier Recalde estará su mujer, Isabel Mª Iglesias Romo, y la mayoría de sus seis hijos, además de representantes del colegio de médicos de Navarra.

¿Cómo se siente con el premio?

Muy contento y muy orgulloso, por supuesto. Como voy a explicar esta misma tarde en Zaragoza, podría decir que es demasiado honor para una persona que, cómo yo, sólo ha cumplido con su deber profesional. Pero tengo que reconocer que lo acepto con mucha alegría y, eso sí, que me gustaría repartirlo en trocitos entre el resto de mis compañeros, médicos de pueblo y sus mujeres.

Usted llegó a Sartaguda en 1956

Un 22 de noviembre con 26 años y el título recién obtenido. Entonces, yo tenía el único vehículo de Sartaguda, mi "Vespa". El Ayuntamiento me facilitó una casa en la que las habitaciones más importantes eran la sala de espera y el consultorio en el que destacaban el termómetro, el fonendoscopio y un aparato para medir la tensión que yo mismo había llevado. Una característica común en todas las localidades de la zona.

¿Resultaba difícil ejercer la medicina?

Hace 55 años todo era diferente. El pueblo, Sartaguda era diferente y la forma en que se ejercía la medicina, también. En primer lugar, los médicos teníamos la obligación de residir en el pueblo todos los días del año. No había domingos, ni fiestas, ni hospital de Estella, ni Seguridad Social Agraria. Incluso, cuando me casé tuve que pagar de mi bolsillo a un sustituto para poder irme de viaje de novios con mi mujer. El laboratorio, los rayos X o el electrocardiógrafo eran impensables.

¿Le costó aclimatarse?

No. Nací en Unciti, en un pueblecito de la cuenca de Pamplona, y sabía lo que era vivir en una localidad pequeña. Un pueblo también tiene sus ventajas, el cariño de la gente que me llamaba "don Javier" y el poder compartir una partida de mus con ellos.

¿Cómo era la figura del médico rural?

Lo más importante era que además de su médico, sobre todo me consideraban su amigo. Vivíamos sin prisa y podíamos escuchar a los pacientes en una banqueta en la cocina o en el borde de su cama sosteniendo su mano. Tanto yo como el resto de los médicos rurales ejercíamos de pediatras, de traumatólogos, de taxistas cuando teníamos que llevarles de urgencia hasta el hospital y , alguna que otra vez, de notarios recogiendo las últimas voluntades o de sacerdotes, bautizando recién nacidos con escasas posibilidades de vida.

¿Cual fue el peor momento de su vida profesional?

A los pocos meses de llegar, cuando aún era interino, se propagó una epidemia de tifus que afectó a todos los niños de Sartaguda. Lo pasé realmente mal, porque estaba solo y casi sin recursos y podía afectar a mi futuro como médico. Por suerte, se salvaron todos.


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