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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN

Un caso real

Actualizada Miércoles, 24 de diciembre de 2008 - 04:00 h.

L A vida real ofrece grandes posibilidades para guiones y El intercambio es una de las muchas pruebas que lo demuestra. Porque el guionista J. Michael Straczynski ha seguido el caso de Christine Collins como si fuera un testigo que contara en imágenes y diálogos el relato de los hechos. En marzo de 1928 ella acudió a la policía de Los Ángeles angustiada por la desaparición de su hijo de diez años y no recibió información alguna hasta cinco meses después.

La policía había encontrado al niño. Y ahí empezó el drama porque la madre sostuvo que el chico que le entregaron no era su hijo y la policía insistió en su identidad.

La base del guión estaba clara. Partir de esa extraña situación y describir el calvario por el que pasó la Sra. Collins en su negativa a aceptar lo que no era cierto. Al hacerlo se enfrentó a un Departamento oficial, famoso por su corrupción, que no estaba dispuesto a rectificar un simple error. Para ellos era un caso resuelto con brillantez y muy útil como argumento contra la mala imagen que de su policía tenían los ciudadanos de Los Ángeles.

Straczynski incluyó en su guión un apéndice con fotocopias de los principales artículos que durante dos años dedicó al caso la prensa de Los Ángeles, y ese detalle llamó la atención de Clint Eastwood que, después de leerlos, decidió dirigir la película además de intervenir en la producción (Un inciso. El título español no traduce el original inglés que alude a los cambios de niños realizados por hadas maléficas, una creencia extendida en el folklore europeo. Además, la versión española hubiera sido más exacta si dijera "La suplantación" porque eso es lo que vemos en la película. Intercambiar es cosa de dos, de mutuo acuerdo).

La película tiene tres aspectos elogiables. El primero es la dirección de Eastwood que, como otras veces, no busca complicaciones de estilo. Cuenta las cosas con claridad y de forma natural. Esa ausencia de pretensiones artísticas explica la rapidez con que rueda sus obras, famosa en Hollywood, con pocas repeticiones de tomas.

El segundo es la buena reconstrucción ambiental. Como muchas otras grandes ciudades, Los Ángeles ha tenido fuertes cambios en los últimos noventa años pero las escenas de exteriores que vemos parecen, sin serlo, sacadas de algún documental. Llama la atención ver el gran número de coches de la época, circulando por las calles o aparcados en ellas. Quizá han usado trucos digitales pero si los hay, no se notan.

El tercer aspecto se refiere a los intérpretes que, como era de esperar, actúan muy bien. Porque Clint Eastwood siempre tuvo buena mano para elegirlos en las películas que iba a realizar y en sus más recientes ese talento se ha visto aumentado en proporción directa con los años que cumplía. Ahora tiene 78 y si echamos un vistazo a las obras que ha dirigido desde hace cinco, nos encontraremos con que Sean Penn, Tim Robbins, Hilary Swank y Morgan Freeman han ganado Oscars actuando bajo sus órdenes. Y Ken Watanabe lo mereció por Cartas desde Iwo Jima aunque no lo obtuviera.

Así que no hay sorpresa al ver que todo el reparto de este drama funciona como un motor bien ajustado. Angelina Jolie nos recuerda que puede ser una actriz de gran fuerza dramática (Oscar a la mejor secundaria en 2000) y vemos además que su rostro puede seguir siendo atractivo aunque esté bajo un sombrero femenino de los años 20, tan parecidos a cacerolas invertidas.

Los demás son igualmente eficaces. John Malkovich es un convincente predicador que denuncia los abusos policiacos, Jeffrey Donovan da mucha fuerza a su villano capitán Jones, Michael Kelly es un interesante detective de apellido hispano (Ybarra). Jason Butler Harner impresiona con su representación del asesino psicópata Gordon Northcott, ejecutado en octubre de 1930 como muestra la película sin ahorrar detalles.

Junto a todos esos aciertos se pueden apreciar algunos defectos. Las dos acciones simultáneas que ocurren después de la mitad rompen la intensidad de la línea argumental que hemos estado viendo hasta entonces. La fotografía, de gran calidad en general, destaca demasiado el rojo de los labios en Angelina Jolie y en uno de los chicos, al final. Por último, la película -dos horas y veinte- resulta demasiado larga. De haberla limado en 10 o 15 minutos hubiera tenido más fuerza.

EN RESUMEN: El caso de Christine Collins ocurrido en Los Ángeles hace ochenta años muy bien reconstruido por Clint Eastwood, director, y por los buenos intérpretes.


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