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CRÓNICAS DE ASFALTO FRANCISCO JAVIER ZUDAIRE

No es fácil matar en Navidad

Menuda semana llevamos, entre la tensión de las fiestas, la tensión de la crisis, la tensión de matar y la tensión de los parientes, que siempre se creen con derecho a ayudarnos. Porque son las fechas, que si no...

Actualizada Domingo, 21 de diciembre de 2008 - 04:00 h.

V IERNES 12. Han llegado los tíos del pueblo. Es gente que vivía feliz, negada a la tele, ignorante de Internet, cerrada a la ventana global.

, pero una mañana, al salir de misa, alguien comentó la crisis mundial, y de ahí les entró un hormigueo de comecome, cuyas consecuencias nos han afectado de rebote a nosotros, que vivimos en la ciudad, tranquilamente ubicados en la zozobra diaria del Euríbor y otras malas hierbas indicativas, sin añadidos innecesarios. El caso es que nos han traído un capón, que viene a ser un pollo con sobrepeso, un condenado a la gula, un gallo frustrado, un castrato sin partitura. Este adefesio de pollo se cría así para mayor gloria del consumista, y los tíos pensaron que, dada la penuria, quizá no teníamos con qué sustanciar la Nochebuena.

Lunes 15. Tres problemas: los tíos del pueblo se han ido hoy, ya les vale, de ahí que tuviéramos que alimentar cuatro bocas y pico (padres, hijos y el pollo), con lo cual es mejor no echar cuentas del beneficio obtenido por ese regalo navideño con patas. Dos: el ave, como se deduce, está viva. Por si fuera poco -y tres-, los niños rompieron el jarrón chino del hall, el que nos regaló María Luisa, y menos mal que esta mañana hemos encontrado uno igual en el chino de la esquina. Ha sido una decepción, porque ella, Marilu, nos dijo en su día que se trataba de un jarrón chino, y nosotros, de buena fe, pensábamos más bien en la dinastía Ming y nunca sospechamos que su alarde de llamarlo chino venía a cuento de la tienda donde lo había adquirido, una bajera de ésas de asiáticos donde los artículos rondan el euro, y todo el mundo sabe que se fabrican entre Fuenlabrada y el Vallés (Vallés oriental, eso sí).

Martes 16. No hay manera de matar al pollo. En casa somos muy poco violentos, reñimos con sordina y, como nos recordaba el abuelo, no nos gusta ni pegar un palo al agua. Nos falta nervio, también lo decía mi abuelo. Cualquier insinuación cruenta sobre el animal nos revuelve el estómago. Nos hemos decantado por procurarle una muerte dulce, nada violenta en lo físico, aunque puede ser agria en lo psíquico. Pero no hay otra, el pollo es para la noche del 24, y punto.

Miércoles 17. Hemos comenzado el tratamiento de dar matarile al capón. La primera fase consiste en ponerle a ver los telediarios, desde La Primera a La Sexta. Encerrado en una caja, lleva dos días oyendo las noticias y sólo conseguimos cierta modorra, una sedación beatífica que incluso acaba en estímulo si nos descuidamos y aparece en pantalla Patricia Conde (menos mal que es capón). En un arrebato de imaginación, lo hemos puesto a ver un partido de fútbol de Eurosport, uno atrasado. Creímos que un Numancia-Osasuna sería suficientemente mortífero, y tampoco. Ni por ésas.

Jueves 18. Entendiendo que así no íbamos a ninguna parte, optamos por incrementar la dosis letal. Con pena, pero firmes en nuestro propósito de agenciarnos la cena de Navidad, lo hemos atacado con unas declaraciones enlatadas de Pepiño, una sarta inconexa y faltona de las suyas. Nada. Antes, quisimos helarle la sangre con algún suceso paranormal y le explicamos de pe a pa (mejor, de pe a pe) la refundación del Pepé, y tampoco sirvió de mucho, siguió con sus cabezadas y su estrábica mirada. Un buen rato estuvo oyendo unas grabaciones de Solbes, bajadas de la web del ministerio con toda intención. Inútil, tampoco dio señales de muerte. Es verdad que el tratamiento le ha hecho perder peso y que su cresta aparece más lacia de lo normal, pero no hay indicios de punto final. No podemos más, hasta el vídeo de la boda le hemos obligado a ver, sin ningún resultado, incluidas unas tomas de las casas colgantes de Cuenca (que no lo sepa Gurelur,please).

Viernes 19. Ha desaparecido el pollo-capón. Me temo lo peor porque he visto unas plumas nada alentadoras en el contenedor y, el colmo, el viudo antipático del Tercero B, me saluda ahora efusivamente. Huele a culpable. La próxima vez que lo vea, además de saludarle, añadiré: Que aproveche, a ver cómo reacciona.

Sábado 20. Albricias, que decían los personajes de los tebeos, esta tarde ha aparecido el capón. En el portal lo encontré, en medio de un corro de niños asombrados: los muy urbanitas creían que los pollos nacían en el súper, envueltos en plástico y pelados. En fin, ha dado resultado la presión psicológica ejercida sobre mi vecino. Cuando le insinué mis sospechas, se puso bermejo perdido, como una rana de las protegidas por la Foral. Afortunadamente, hemos llegado a tiempo. Abracé a mi pollo; y en casa, lo mismo, casi lo asfixiamos de cariño. Ya se lo he dicho: Tranquilo, cenaremos pescado, y sólo en caso de crac nos acordaremos de tus muslos. Y ahí está, viendo la tele, enganchado a las noticias.

Es curioso, extrema su atención cuando hablan de economía.


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