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ALBERT BOADELLA DIRECTOR DE ELS JOGLARS

"Lo frívolo es el lenguaje de la sociedad"

"Convertir a los cocineros en creadores, igualarlos a Mozart, me parece un despropósito"

Actualizada Sábado, 13 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • J.R.S. . PAMPLONA

Albert Boadella Oncis (Barcelona, 1943), director de Els Joglars, cree que el artista ha de tener una postura cuanto menos escéptica. "Un artista políticamente correcto es un cortesano, un funcionario", dice. Por eso, La cena,la obra que dirige y que hoy y mañana se escenificará en el Baluarte (20 horas, de 12 a 24 euros), censura pensamientos en boga como el ecologismo o la gastronomía de altura.

Dice el dossier sobre su obra que el medio ambiente es un gran negocio.

Ocurre que los Gobiernos de los países desarrollados animan por un lado a un consumo compulsivo, desesperado casi, y por otro nos dicen que el planeta se deteriora y hacen una serie de numeritos. Es algo contradictorio. Esta duplicidad, esta impostura en el fondo por parte de los poderes en los países occidentales, indica que lo que realmente desean es hacer una nueva forma de negocio con el medio ambiente. La del medio ambiente es una pura política de escaparate: denota una actitud solidaria que es pura palabrería.

Pero son problemas reales ante los que hay que tomar medidas.

Sin duda. Si entendemos que somos responsables del deterioro del planeta, lo que se hace para remediarlo es para morirse de risa. Si no lo entendemos así, es una tomadura de pelo. De una u otra forma, la actitud de los Gobiernos es cuanto menos tartufa (como el personaje de Moliere), muestra duplicidad.

Afirma que el ecologismo se ha convertido en una nueva religión. ¿Tanto se necesita creer en algo?

El hombre tiene el instinto de creer en algo por razones superiores. La salvación del planeta es sin duda una razón superior, que al final puede restringir la propia libertad. Eso ha ocurrido en el principio de todas las religiones que habitan el planeta, la razón superior coacciona la libertad individual. Ahora bien, convertir en religión la ecología me parece poco imaginativo, con poca capacidad de seducción.

¿Restringe la libertad?

Ocurre una cosa muy curiosa en nuestra sociedad. En nombre de la libertad ajena, se han dado una cantidad tremenda de leyes, que consiguen que cuando un individuo se levante de la cama, empieza a ser un delincuente. Por la libertad ajena, el hombre acaba perdiendo el sentido de la libertad individual.

La cenacritica "la disposición de la gente a seguir a cualquier quimérico o astuto majadero". Paradójico en la sociedad con mayor nivel de estudios de la historia.

Es la sociedad más informada, lo que no quiere decir la más culta. Tiene una gran necesidad de mitos, de gurús, de dioses. No se cree en Jesucristo pero sí en gurús que no llegan a nada en comparación con Jesucristo, que cuanto menos tiene un mensaje humanísticamente profundo. Quienes creen en esos nuevos dioses pasan de uno a otro, no son perseverantes en sus nuevas religiones, las cambian según la moda. Es evidente que hay una dosis de frivolidad. Lo frívolo es el lenguaje cotidiano de nuestra sociedad.

También crítica la gastronomía de estrellas.

Los cocineros se han convertido en unos dioses laicos. No legislan, pero muchas veces entonan homilías sobre lo divino y lo humano. No deja de tener algo de ridiculez ensalzar el mundo de la cocina hasta los niveles que se está haciendo. Una cosa es que a uno le guste comer bien. Pero convertir en creadores a los cocineros, igualarlos a Mozart me parece un despropósito. En la historia de Roma que escribió Indro Montinelli dice que la decadencia comenzó cuando los cocineros tomaron renombre. No sé si su fama actual revela también un punto de decadencia.

¿Confía en la sátira para verter todas estas críticas?

El humor con sentido es una forma muy sana, terapéutica de conseguir que los demás tengan una visión distinta de las cosas, que se distancien de aquello en lo que cree y vean su lado ridículo. El humor siempre ha resultado un antídoto importante contra el radicalismo y fundamentalismo. Y es más agradable que el lenguaje trágico, que tiende al melodrama, a la exageración.


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