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SOCIEDAD

Desafío navarro en el desierto

Estos amantes del todoterreno suelen organizar unos 4 o 5 viajes al año al desierto

Actualizada Viernes, 5 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • NOELIA GORBEA . PAMPLONA

EL desierto, uno de los lugares más silenciosos del planeta, esconde un "canto" casi imperceptible. Se trata del sonido emitido por las dunas al chocar las partículas de arena entre sí. "La sensación de conducir en un desierto es indescriptible.

Es disfrutar de la belleza de lo más salvaje", indica Fernando Arregui Urteaga, natural de Elizondo y que acaba de regresar de una expedición que ha atravesado los tres grandes desiertos de Libia: el Gran Mar de Arena, el Murzuk y el Awbari. Un viaje en el que ha recorrido, junto a sus compañeros, 8.000 kilómetros, de los cuales más de 2.000 fueron a través de dunas. Y todo en 22 días.

El grupo, compuesto por 13 coches y 26 personas procedentes de varios rincones de la Península, y entre los que había cuatro navarros: Félix, Mª José, Jokin Astiz y el propio Fernando Arregui, salió de Marsella para coger un barco que les llevó hasta Túnez. Tras 21 horas de navegación, alcanzó la costa para realizar unos 500 km hasta la frontera de Libia. "Tardamos casi 5 horas en los trámites para atravesar la línea divisoria de los dos países", explica Arregui, de 44 años y aficionado al motor "desde niño".

El horizonte como guía

La jornada comenzaba al amanecer. Alrededor de las 5 de la mañana se preparaban para realizar una etapa de casi 1.000 kilómetros hacia el Este hasta la localidad de Jalu, a las puertas del Gran Mar de Arena. "Los peores momentos llegan a mediodía, cuando el sol calienta con fuerza (alrededor de 30 grados) y no se distinguen sombras en las dunas". En las proximidades del oasis de Tazerbo montaron el campamento.

Durante el tiempo que duró la aventura, contaron con la presencia de un guía y un policía. "En Libia está prohibido atravesar los desiertos sin ellos. Es una medida de seguridad simplemente, ya que no interfieren para nada en la marcha diaria. Es más, nos ayudaron a pasar las decenas de controles que tuvimos que afrontar", indica Arregui.

La cantidad de arena o la espesura obliga a los conductores a jugar con la presión de las ruedas para no quedar encallados en las dunas. "Forzábamos tanto los motores que los todoterreno "bebían" lo que no está escrito, pero como la gasolina en Libia apenas cuesta 0"10 euros/litro, no nos importaba demasiado".

Casi en apuros

Para cruzar el Murzuk, segundo desierto de Libia, es imprescindible "ir ligeros de peso, con los depósitos de combustible llenos y disponer de agua y comida para tres días". La expedición se perdió entre las dunas y pasó varias horas tratando de escapar de "las trampas del desierto". Esta etapa es dura, según describen, ya que los 600 km. hasta el destino "fueron complejos". Sin embargo, el "mayor susto" se lo llevaron al atravesar el desierto de Awbari. Problemas con las coordenadas les hicieron perder parte del grupo durante varias horas. Con paciencia, realizaron el trayecto de regreso a Trípoli, desde donde comenzaron la vuelta a casa.

A pesar de haber dormido diez días en el suelo, los integrantes califican como "muy positiva" su aventura en el país africano.


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