Isidoro Bejarano Galán, de 37 años, recuerda que un día de 1997 al acercarse la cámara de fotos a la cara para mirar por el visor notó que no podía cerrar un ojo. Le diagnosticaron un tumor y la enfermedad le afectó al sistema nervioso, incluido el nervio facial, provocándole una parálisis total del rostro que le impedía gesticular y sonreír. "Era como si tuviera una careta", afirma.
Según Bejarano, los especialistas de la CUN le explicaron la intervención . "Lo tuve clarísimo, ya que lo que era cierto es que si no me sometía a la operación no iba a poder volver a sonreír nunca". Bejarano recalca su satisfacción por el resultado. "A los 3 ó 4 meses ya podía mover la cara", explica. "Mi vida ha cambiado en todo. Antes, hablaba con alguien y ni siquiera podía sonreír. No tenía expresión. Ahora hablo tranquilo. Tengo muchísima más confianza en mí mismo".
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