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El hombre que soñó con ser Roberto Ayala

Hernán Pellerano, central de 24 años, llegó este verano al Almería procedente de Vélez. Ayer provocó el penalti de Azpilicueta, pero la fortuna acabó dándole la espalda tras golpearse la cabeza, marcar en propia puerta el 1-2 y tocar el balón del 1-3.

Actualizada Lunes, 24 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • SANTIAGO ZUZA . PAMPLONA

HAY días en los que es mejor no levantarse de la cama. La desgracia te persigue y cuando te das la vuelta, allí está de nuevo dispuesta a amargarte la existencia. Algo así debió pasar por la vendada cabeza de Pellerano durante el partido de ayer. El argentino se convirtió en protagonista desgraciado del encuentro. Allí donde pasaba algo, generalmente malo para su equipo, estaba Pellerano.

Hernán Darío, nombre con el que nació Pellerano en Buenos Aires el 4 de junio de 1984, recibió las felicitaciones de todos sus compañeros cuando provocó el penalti de Azpilicueta. El bonaerense correteó por el área, Azpilicueta le agarró y Megía Dávila señaló la pena máxima. Pellerano sonrió y volvió a su área, el lugar en el que se siente cómodo este central de 183 centímetros. Y es que desde siempre, la buena y la mala suerte han convivido en la vida de Pelle, como escribe en su camiseta.

Fofi, como le apodaron en Argentina, estaba predestinado a calzarse unas botas. Su padre, Ricardo Pellerano, fue futbolista y su hermano Cristian también lo es. "En otros casos a veces los padres eligen que el hijo estudie o que vaya a la facultad, pero en mi caso, cuando yo les dije a mis viejos que quería jugar al fútbol, enseguida me apoyaron", cuenta el propio Pellerano en una entrevista que concedió hace un año.

Cuando con siete años comenzó a jugar en su barrio en el equipo Papifútbol probablemente no imaginó que acabaría en la Liga de las Estrellas. "Cuando jugaba en la calle, soñaba que era Roberto Ayala, mi hermano se llamaba Maradona y un primo decía que era Navarro Montoya. Lo más cómico es que cuando me tocaba atajar, me seguía sintiendo Roberto Ayala..."

Formado en las categorías inferiores de River Plate, consiguió debutar en la primera división argentina de la mano de Vélez hace cinco años. En 2005 ganó el Clausura y el año pasado vivió su mejor momento cuando fue convocado para entrenar con la selección argentina, con la que todavía no ha llegado a debutar. Aquellos días, probablemente los más felices de su vida, también tuvieron su punto de mala suerte. Al acabar un entrenamiento salió y su Golf se había quedado sin batería, por lo que tuvo que arreglárselas para cargarla con otro coche. "Uhhh, que no salga Tuzzio, pensé. ¡No sabés lo transpirado que estaba! Adelante de todos, venga hacer puente en el Golf, pasando los cables de un auto al otro... No sólo sale Tuzzio en ese momento. Atrás suyo, aparece Verón. ¡Yo quería que me comiera la tierra! "Rata, gastá toda la plata que tenés", me empezaron a bromear. Tremendo", cuenta con gracia el central que fichó por el Almería este verano por 3 millones de euros.

Un aparatoso vendaje

El argentino no pudo tener un debut mejor en el Athletic-Almería (1-3), en el que marcó el primer gol de los suyos. Atrás quedaron los malos momentos vividos un par de años antes, cuando dos delincuentes se subieron a su coche y le obligaron a recorrer varios cajeros automáticos, de los que le sustrajeron 500 pesos. Le quitaron su chaqueta y dos teléfonos móviles antes de dejarlo abandonado junto a su vehículo en Palermo.

Ayer, en el minuto 54, el argentino se lanzó con todo para evitar la internada de Juanfran. No le valía con la falta y la consiguiente amarilla, sino que además se llevó un buen golpe en la ceja. Tuvo que salir del campo y regresó con un aparatoso vendaje que le sirvió para marcarse el 1-2 en propia puerta y tocar con la punta del pie el balón que significó el 1-3. No había consuelo para el hombre que soñó con ser Roberto Ayala.


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