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DESDE LA GRADA SANTIAGO ZUZA

C uando la agonía tiene un final feliz

El sufrimiento es como un empate, que sólo es bueno cuando después le sigue una victoria. Ayer el Reyno sufrió y disfrutó a partes iguales con la primera victoria liguera. Regresa el espíritu del Sadar.

Actualizada Lunes, 24 de noviembre de 2008 - 04:00 h.

E L sufrimiento es como en empate, que sólo es bueno cuando después le sigue una victoria. Si no, se convierte en algo doloroso y poco recomendable. Ayer en el viejo Sadar el personal sufrió de lo lindo, pero la alegría por el triunfo fue más o menos proporcional a esa agonía. En definitiva, lo que da sentido al sufrimiento es el desenlace de la historia.

Osasuna se había olvidado de ganar y la afición, de animar con el marcador por delante. Ayer tampoco parecía el día adecuado, porque el penalti a los seis minutos complicó lo que en la mente de todos era una victoria obligada.

Luego llegó la expulsión, la bronca y el gol de Pandiani. Por fin el Reyno pudo celebrar un gol en Liga. No lo hacía desde que el 31 de agosto Nekounam lograba neutralizar de penalti el gol de Senna para el Villarreal en la primera jornada del campeonato. La grada lo celebró como hacía mucho tiempo e incluso coreó el nombre de Pandiani, defenestrado hace sólo unas semanas. El uruguayo se marchó lesionado y con lágrimas en los ojos, pero gracias a su gol equipo y afición se reencontraron.

Con el gol en propia puerta de Pellerano se desató la euforia y el Reyno recuperó incluso cánticos que habían caído en el olvido en los últimos partidos de casa. A pesar de que la asistencia no fue de las mejores (15.994) el Reyno recuperó el espíritu del Sadar.

Las palmas y los cánticos sirvieron de medicina contra los nervios, evidentes sobre el césped y en los rostros de los aficionados. Cuando uno está nervioso no para de hablar, pero cuando una masa está nerviosa no para de animar. Así que todos al unísono entonaron el riau-riau más agónico de los últimos tiempos para ponerle banda sonora al valium (en forma de gol) de Vadocz.


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