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MEMORIAS DE TUDELA. RECUERDOS EN BLANCO Y NEGRO>EDUARDO PÉREZ RUIZ

Una Tudela de bigotes perfilados

Aquella Tudela de inicios del siglo XX desarrollaba su día a día en un tiempo más lento y más intenso

Actualizada Viernes, 21 de noviembre de 2008 - 04:00 h.

L A fotografía siempre ha ejercido sobre mí una especial fascinación, no en vano consiste en la prodigiosa ocupación de solidificar el tiempo. El instante de existencia, agraciado con el privilegio de acontecer ante el parpadeo inexplicable del objetivo, queda momificado de una vez y para siempre.

Si además, como en el caso que nos ocupa, el universo petrificado sobre el papel está en sepia, blanco y negro o le amarillea el color, la sensación de tener entre las manos un fragmento cristalizado de vida alcanza niveles ciertamente notables.

Por supuesto que yo no estaba allí -crecí con Don Pimpón y la Bruja Avería- y esta imagen no alumbra recuerdo alguno en mis pupilas, pero lo sugerente de su naturaleza ha hecho que tomara la decisión de comentarla aunque sea una glosa barnizada de ficción.

A falta de memoria echaremos mano de la imaginación. De sobra es conocido que, en muchas ocasiones, ambas se sientan a la mesa prendidas del brazo.

Ante nosotros aparece retratada una multitud de personas que esperan en la estación la llegada del diputado Méndez Vigo. Parece Macondo, pero es Tudela, la Tudela de principios de siglo XX. Una Tudela de bigotes perfilados, que vestía con levita, corbata y sombrero canotier. Una Tudela que acudía en masa a recibir a los personajes ilustres cuando volvían al hogar desde la capital, tan lejana. Una Tudela, según la imagen sepia que ha escalado por los años, que desarrollaba su día a día en un tiempo más lento, más intenso, similar al tiempo demorado de los penaltis. Un lugar y un momento en el que esperar. Muy diferente a la sociedad en la que actualmente vivimos, presa de la cultura de lo inmediato, del ahora mismo. Los rostros que desde el andén proyectan el giro inédito de su mirada hacia el futuro -unos sonrientes, otros más adustos- transmiten el poso de tranquilidad y equilibrio que parece hoy hemos arrinconado en la estantería más alta del trastero.

De todos modos, no creo necesario aclarar que, pese a que nos dediquemos a denostarla asiduamente y con gusto, nuestra sociedad y sus avances han mejorado nuestra calidad de vida de cien años a esta parte. Pero a veces, el ejercicio de observar tiempos pasados puede hacer que nos paremos a reflexionar, tranquilos, a pensar sin ninguna prisa. A emplear sólo unos minutos en estar con nosotros mismos. A detener el tiempo -aunque sea reducido- y a hacerlo a nuestro favor. Que no es poco.

Eduardo Pérez Ruiz es profesor de Educación Secundaria y miembro del grupo literario Traslapuente.


Comentarios
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  • ¡VEO QUE LOS NAVARROS DE ANTAÑO TENIAN MUCHO MEJOR PLANTA QUE LOS DE AHORA PORQUE NO TENIAN BARRIGAS COMO AHORA¡ LOS NIÑOS SI QUE ESTAN RAROS CON TRAJES DE HOMBRECITO. VIVA TUDELA¡¡¡MILFLORES JARDIN BOTANICO

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