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Una mujer natural de Betelu, primera mecenas del Donostia Physics Center

En su honor, la sala principal de conferencias del centro, dirigido por el científico navarro Pedro Miguel Etxenike, llevará su nombre

Actualizada Miércoles, 19 de noviembre de 2008 - 13:33 h.
  • AGENCIAS. San Sebastián

Una mujer navarra, camarera y maestra tardía, amante del euskera y del conocimiento, es la primera mecenas del Donostia International Physics Center (DIPC), al que antes de morir decidió donar todos sus bienes. Josebe Olarra Lizarralde, nacida en Betelu el 19 de diciembre de 1920, falleció el pasado mes de marzo y ahora el centro que dirige Pedro Miguel Etxenike quiere reconocerle ese gesto desinteresado por la ciencia.

En su honor, la sala principal de conferencias del DIPC llevará su nombre y se la recordará con una placa que será descubierta el próximo 15 de diciembre con motivo de una reunión del patronato de la Fundación Donostia International Physics Center.

Además, uno de los "fellows" (equivalente a una cátedra) del programa para la recuperación de jóvenes investigadores afincados en el extranjero que desarrolla desde hace ocho años el DIPC también se llamará Josebe Olarra Lizarralde.

Esta benefactora anónima ha dejado en su testamento instrucciones para que sus bienes se dediquen "al progreso de la investigación científica" de la forma que "libremente determine" el presidente de la Fundación, Pedro Miguel Etxenike, a quien Josebe Olarra pidió una cita para hacerle partícipe del destino de su herencia.

El físico, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1998, ha dicho hoy que la mujer llegó "como pidiendo perdón" al pensar que la suma que iba a aportar -no se ha desvelado la cantidad- era muy modesta en comparación con las que habría recibido el DIPC de otros donantes.

Etxenike ha contado en una rueda de prensa algunos detalles de la vida de esta mujer, adoptada por un matrimonio que sólo tenía un hijo y que cuando contaba dos años perdió un brazo en un accidente, por lo que sus padres dejaron de llevarla a la escuela para evitar que se rieran de ella.

Lo que aprendió en casa le sirvió para ejercer de maestra sustituta sin título en la escuela de su pueblo.

Luego, se estableció en San Sebastián, trabajó como camarera en un bar del centro de la ciudad y allí se casó con un gudari al que le faltaba un pie.

Su sueño, estudiar Magisterio, lo cumplió a los 58 años y enseñó en las escuelas del barrio de Alza hasta su jubilación.

"Sus grandes amores fueron el euskera y el conocimiento. Esperemos que ella sea la primera de una serie de donantes, porque el mecenazgo debe abarcar a todos los sectores de la sociedad. Nosotros ahora queremos rendir homenaje a esta señora ejemplar", ha destacado Etxenike.


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