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CULTURA Y SOCIEDAD

Jesús Millán y Raúl Velasco, en el tentadero de Baigorri en Lodosa

Los matadores probaron el sábado pasado la bravura de cuatro eralas de la Ganadería de Pincha con bastante calidad

Actualizada Lunes, 17 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • KOLDO LARREA . LODOSA .

Terminada la temporada, el campo bravo retoma la actividad, casi frenética. Saneamientos, parideras, herraderos, tentaderos... obligan a los ganaderos a trabajar sin descanso, un día sí y otro, también, como casi siempre.

En Navarra, uno de los más madrugadores ha sido José Antonio Baigorri, que lidia a nombre de Ganadería de Pincha. Este criador de bravo llevó a cabo el pasado sábado en su finca lodosana de El Ontanal uno de los primeros tentaderos del otoño.

Con la puya a cargo de Jorge Ramos Ramitos, ante un reducido grupo de aficionados y bajo la atenta mirada del ganadero, los matadores de toros Jesús Millán y Raúl Velasco probaron en la plaza de tientas la bravura de cuatro eralas de Ganadería de Pincha, que, en conjunto, tuvieron calidad.

Abrió el tentadero el diestro maño, que se encontró con una vaca, procedente de Gerardo Ortega, muy completa por ambos pitones, con clase en la embestida aunque exigente, pues no perdonaba los errores. Millán la toreó, sobre todo, con suavidad, dándole tiempos para no ahogarla en su muleta.

La colorada tercera, procedente de una vaca de Algarra y un semental de Jandilla, peleó con bravura en el peto; tuvo fijeza y empujó en cuatro encuentros. Después, en la muleta fue otro cantar pues se mostró algo reservona. El aragonés se peleó bien con ella aunque el lucimiento fue intermitente.

Raúl Velasco, por su parte, se las vio con dos ejemplares procedentes de Ortega y en toreabilidad se llevó el lote. A su primera la toreó con limpieza por derechazos y naturales pero debió bajar más la mano.

La burraca cuarta, la más chica, con dos años recién cumplidos, no respondió en el caballo a las expectativas del ganadero. Sin embargo, ciega en la muleta del madrileño, no se cansó de embestir. Velasco, que tomó la alternativa el año pasado tras permanecer tres temporadas alejado de los ruedos, la toreó con mucho temple, especialmente al natural y terminó jugando con ella. Fue tal la nobleza de la erala que el propio ganadero, cuando ya anochecía, le pegó unos muletazos, satisfecho de la calidad que había presenciado en el tentadero.


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