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TIERRAESTELLA

Medalla de oro por 150 años de servicio a Viana

Además del acto institucional, distintos colectivos locales se suman al reconocimiento

Actualizada Jueves, 13 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • M.P.A.. ESTELLA

Dentro de tres días, cuando se cumplen 150 años de su llegada a Viana, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl recogerán la medalla de oro que la ciudad les otorga por la importante labor social realizada desde entonces. El reconocimiento del domingo 16 de noviembre va más allá del acto institucional e involucra también a distintos colectivos locales, como el grupo Pedro Angulo Rozas "Periquillo", que interpretará una aurora especial para comenzar la jornada.

Cuatrocientas personas compartirán más tarde una comida homenaje en el polideportivo y la asociación de mujeres Anea escenificará la obra Sor Simona Oroz y Mina, de Benito Pérez Galdós.

Las cinco religiosas que siguen en Viana estarán acompañadas por la visitadora, o superiora de la provincia a la que pertenecen, además de una amplia representación de su orden. Junto a ellas, buena parte de las religiosas de San Vicente de Paúl naturales de Viana y otras que, procedentes de distintos puntos de España, pasaron una etapa en su comunidad.

De la labor con los niños a la acogida de pobres y la atención a los ancianos que aún realizan en la residencia del antiguo convento de San Francisco, las hermanas han cubierto prácticamente todos los frentes de atención a los demás en el municipio al que llegaron el 16 de noviembre de 1858. Sor Matilde Sota Vergara es hoy, además de la más joven con 66 años, la superiora de una comunidad a la que pertenecen también otras cuatro compañeras ya jubiladas. La mayor, sor Concepción Echarri Martija, tiene 86 años. Le siguen las hermanas María Dolores San Martín Martínez, de 81, Asunción Cidrián Estébanez, de 74, y Milagros Acedo Maeztu, de 71.

Las cinco pioneras

Riojana de nacimiento y superiora desde hace nueve años, sor Matilde Sota lleva casi dos décadas en Viana y continúa con su trabajo en una residencia donde viven 70 ancianos y en la que la congregación apoya al personal contratado por el Ayuntamiento. "Es cierto que no estamos aquí para que nos agradezcan lo que hacemos, pero sí supone una satisfacción para nosotras", subraya. Tanto las actuales como quienes les precedieron han formado parte de la vida local desde uno de los edificios más emblemáticos de Viana del que se hicieron cargo en el siglo XIX tras la marcha de los frailes que lo ocupaban antes.

Sostiene el historiador Juan Cruz Labeaga en su libro Viana monumental y artística que San Francisco, del siglo XVII, debe a las religiosas de San Vicente de Paúl el haberse salvado de la ruina. Cinco hermanas llegaron a Viana el 16 de noviembre de 1858 para comenzar un servicio que cubrió distintas etapas. Las Hijas de la Caridad de Viana se embarcaron en tareas de enseñanza a niñas y niños, en este caso sólo hasta la Primera Comunión. Trabajaron igualmente por otros colectivos y, como cuenta sor Matilde, hasta el convento llegaban niñeras con bebés cuyo cuidado encomendaban a las monjas. "Muchas de estas chicas eran analfabetas y, mientras una hermana cuidaba de los niños, otras les enseñaban a ellas a leer", señala.

Una labor de siglo y medio ha tenido a su vez cabida para los pobres, a los que se acogía en el santo hospital, y para la formación tanto de jóvenes del entorno como de futuras Hijas de la Caridad en el aspirantado. A los usos sucesivos del convento siguió, a principios de los ochenta, la transformación de una parte del edificio en la actual residencia. Antes de su estreno, desde 1978, las hermanas ocuparon con un grupo de ancianos unos pisos municipales donde vivieron hasta que se completó la construcción de las dependencias de San Francisco.

Mientras se sucedían unas y otras fechas, las hermanas iban cumpliendo años en una localidad que ya en 1958 celebró por todo lo alto su primer centenario. Detrás de su llegada a la ciudad, se encuentra la fundación de Inés Muzquiz y Aldunate, hermana de arzobispo de Compostela, el vianés Rafael Muzquiz, que dejó una cantidad económica y una casa en Madrid con la finalidad de asentar a la congregación en su municipio natal.


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