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KOLDO LARREA

Una temporada de 68 festejos y 181 orejas

Actualizada Martes, 4 de noviembre de 2008 - 04:00 h.

L A temporada taurina de Navarra terminó el pasado 29 de septiembre en la plaza de Corella, como viene siendo costumbre. Desde su inicio, en Fitero, allá por el mes de marzo, se han celebrado un total de 68 festejos con muerte de astados, tres menos que el año pasado, debido a suspensiones por el mal tiempo y a la crisis que atraviesa alguna feria, como la de Cintuénigo.

En cualquier caso, se trata de una cifra que refleja que la afición al toro bravo sigue muy viva. Y sirva como ejemplo también otro dato. A esos 68 festejos acudieron, aproximadamente, un total de 325.800 espectadores, 5.700 menos que en 2007, año en el que se celebraron tres festejos más, pero 15.000 más que en 2006, en el que se ofrecieron 72 festejos. En cualquier caso, se trata de unas cifras elevadas para una comunidad como la navarra, que cuenta con 600.000 habitantes; cifras que reflejan la importancia de este sector cultural.

En todos estos espectáculos taurinos se cortaron 181 orejas y un rabo. Éste lo consiguió en Tafalla el matador de toros madrileño Matías Tejela, en el transcurso de un festival organizado con fines benéficos, contra el cáncer.

Escenarios

Respecto a los escenarios, fueron quince las poblaciones navarras que ofrecieron festejos taurinos, las mismas que el año pasado. Concretamente, Pamplona, Tudela, Estella, Tafalla, Sangüesa, Corella, Fitero, Cintruénigo, Cascante, Peralta, Lodosa, Olite, Andosilla, San Adrián y Castejón. Mendavia, por tercer año consecutivo, no pudo organizar un festejo por absurdos trámites burocráticos impuestos por la Administración. Por otra parte, localidades como Burlada o Aoiz instalaron plazas de toros para ofrecer festejos taurinos populares, lo que puede ser un buen cimiento de cara a fomentar la afición taurina.

Por el número de festejos, ha sido una temporada positiva aunque de altibajos. Tudela conmemoró los 75 años de la Chata de Griseras con un histórica corrida de Victorino Martín y volvió a celebrar la final de un bolsín taurino que debe tener continuidad en años venideros. Sangüesa, por su parte, consolidó una atractiva feria de cinco festejos, con dos corridas de toros. Lo mismo hizo Castejón en el terreno de las novilladas picadas. Loable fue asimismo la iniciativa del Club Taurino Tafallés de organizar un festival benéfico repleto de figuras del toreo.

Siguiendo en el sentido positivo, los ciclos de Cascante y Andosilla cobraron empaque gracias a una buena labor empresarial. Y qué decir de San Adrián; su feria se incrementó en un festejo -nada menos que siete- y el Espárrago de Oro volvió a erigirse como uno de los más prestigiosos del planeta taurino en el terreno de las novilladas sin los del castoreño.

En el lado opuesto, se situaron Cintruénigo y Peralta, dos plazas que, casualmente, han estado regidas por el mismo empresario. La primera sólo acogió un festejo y con ganado mal presentado por anovillado; pero esta corrida mixta sirvió para demostrar que los toros siguen interesando en la población cirbonera pues la plaza registró una buena entrada; ahora bien, es preciso confeccionar una feria con buen criterio, ajustada a la población y con precios asequibles, no disparatados.

Cuestión de voluntad política, municipal, como en Peralta. Aquí se padeció una feria inundada de problemas; cierto es que el tiempo no acompañó y que obligó a suspender un festejo y a aplazar otro a una mañana que reflejó ruina económica. Pero climatología aparte, a diferencia de años anteriores, cuando el ayuntamiento era empresario, no fue contratado ningún novillero de la parte alta del escalafón y, lo que es peor, el nuevo empresario no se dignó a visitar Peralta durante sus fiestas, algo que tenía que haber hecho aunque sólo fuese para darse a conocer, y más en el primer año -quizás único- de su gestión. Pese a todo, los peralteses respondieron y, como siempre, acudieron a la plaza de toros.

Variedad

Los abonos de las ocho primeras localidades contaron con corridas de toros, hasta un total de veintitrés -el mismo número que el año pasado y tres más que en 2006-, con dos de carácter mixto. En ellas, hicieron el paseíllo 38 toreros de alternativa, que se repartieron 64 orejas.

Respecto a las novilladas picadas, se celebraron dieciséis, una menos que en 2007, y en ellas intervinieron 32 jóvenes promesas, que cortaron 16 orejas. Al igual que sucedió con lo matadores de toros, ninguno de los novilleros con los del castoreño logró pasear rabo alguno.

En lo referente a la tercera categoría del toreo a pie, se celebraron trece novilladas sin caballos, cuatro menos que en 2007. Participaron 20 aspirantes, que lograron cortar 30 orejas.

Salvo en Fitero, en todas las localidades citadas se pudo disfrutar del toreo a caballo. Fueron once los festejos de rejones, a los que hay que añadir otros diez que tuvieron carácter mixto, tres con toros en Sangüesa, Cintruénigo y Tudela, dos con erales en Estella y Olite, otro con utreros en Peralta y los cuatro de la feria de Castejón. Permitieron la actuación de 21 caballeros y el corte de 48 orejas.

Navarra acogió, por último, cinco festivales taurinos. Además de las dos fiestas matinales y sanfermineras de Pamplona, que registraron muy buenas entradas, se celebraron también, con distinto tipo de ganado, en Tafalla, Cascante y Andosilla. En todos ellos se cortaron un total de catorce orejas y un rabo.

De este modo, en esos 68 festejos, intervinieron un total de 117 toreros, que lograron 181 orejas y un rabo. En el lado opuesto, fueron cinco jóvenes -un matador de toros, dos novilleros con caballos y dos rejoneadores- los que vieron cómo eran devueltas sus reses al corral tras sonar los tres avisos reglamentarios: el torero vallisoletano Joselillo en Pamplona, los novilleros Diego Vega y Diego Ramos en Peralta, y los rejoneadores Saray María y José Cámara, en Castejón y Olite, respectivamente.

Despedida de Liria

De todos los matadores de alternativa que torearon en nuestra tierra, Francisco Marco, Juan Bautista y Sánchez Vara fueron quienes sumaron más tardes: seis, cinco y cuatro, respectivamente. Salvo en Sangüesa, donde por fin debutó aunque con mala materia prima, y en Pamplona, ante un imposible lote de Conde de la Corte, Marco logró trofeos en todas sus actuaciones, hasta un total de cinco; sin embargo, una tremenda mala suerte con la calidad de sus lotes le impidió rubricar una tarde redonda, aunque, eso sí, en Estella salió a hombros. Además, cortó una oreja en Tafalla, Cintruénigo y Corella.

Juan Bautista toreó una tarde menos que el navarro, pero consiguió cuatro trofeos más, hasta un total de nueve, sin contar los dos que logró en el festival benéfico de Tafalla. El diestro francés nada dijo en Pamplona y se fue de vacío. Fue la única plaza donde no cortó oreja alguna. En Tudela consiguió una y salió a hombros en las plazas de Estella -tres orejas-, Tafalla -dos- y Corella -tres-.

Por su parte, Sánchez Vara sumó cuatro tardes y el mismo número de orejas. Nada logró en Pamplona, donde las pasó canutas con un lote de Cebada Gago, y tampoco en Sangüesa. Por el contrario, paseó dos orejas en Fitero y dos en Tafalla, todas ellas de escaso peso.Otros dos toreros que destacaron fueron El Fandi y César Jiménez; ambos torearon en Navarra tres tardes y conquistaron media docena de orejas. El granadino sumó una en Pamplona, dos en Estella y tres en Corella. El madrileño, tres en Estella, una en Tafalla -ante Abanico, de Los Recitales, el toro más bravo de la temporada en Navarra- y dos en Corella.

Pero, triunfos aparte, una de las notas más emotivas de la temporada llegó con la despedida de Pepín Liria, en Pamplona, en una tarde en la que no olvidará, pues fue homenajeado por las peñas, cortó una oreja y recibió en su sentir con más fuerza que nunca el ya clásico "¡Pepín!, ¡Pepín!". Hasta siempre, torero. Como también habrá que recordar al gran torero llamado Enrique Ponce, que se despidió de la capital navarra, en silencio, calladamente.

En el plano positivo sería injusto no citar a Diego Urdiales, quien, aunque pasó de puntillas por la Feria del Toro, toreó magníficamente en Tudela, frente a un lote de La Quinta, y volvió a triunfar en Cintruénigo. En el lado opuesto, las peores actuaciones de la temporada navarra vinieron dadas por Javier Conde en Tafalla y por Finito de Córdoba en Corella; estos dos matadores, ambos veteranos, derramaron jindama pura y enfadaron al público.


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