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ETCÉTERA | FERNANDO HERNÁNDEZ

MÉRITOS Y CALLEJERO

Actualizada Lunes, 3 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

S I alguien intentase reconstruir la historia del mundo con el callejero de Pamplona, pensaría que el Universo empieza en Roncesvalles y termina en Cortes. Esto, por supuesto, ocurre en todas las ciudades, que se dedican a honrar a sus hijos ilustres en los nombres de sus calles y plazas, pero es especialmente llamativo en la capital navarra, donde prácticamente nadie que no tuviera una relación más o menos estrecha con la ciudad merece dar nombre a una calle.

Somos tan estrictos que, de hecho, sólo nuestros reyes privativos tienen un sitio (y no todos, porque del pobre Carlos II nos hemos creído que era el Malo), y de Fernando el Católico en adelante les hemos dejado de lado.

No estoy pidiendo que dediquemos una calle a Molière (Málaga), Goethe (Palma de Mallorca), Mozart (Jerez), o Tiziano (Torrevieja). Me conformaría con Cervantes (Vitoria, Barakaldo), Quevedo (Zaragoza), Picasso (Calahorra), Cela (Haro) o Dalí (Burgos), por no ir a ejemplos muy lejanos. Aunque me da que el que primero que entrará será Shakespeare. Ya saben, por aquello de Trabajos de amor perdidos : "Navarra será la maravilla del Mundo". Si no fuera por esto, el bardo inglés no tiene ninguna posibilidad. Porque para entrar en el callejero pamplonés Inge Morath tuvo que fotografiar los Sanfermines, Isaac Albéniz tituló Navarra una de sus piezas y Manuel de Falla compuso una jota.

Muy pocos se salvan de estas condiciones, y casi todos están relacionados con la Iglesia. Felipe Rinaldi, que da nombre a un grupo de viviendas junto a Erletokieta, fue el tercer sucesor de Don Bosco al frente de los salesianos. Ildebrando Antoniutti fue nuncio papal en España a mediados del siglo XX. Y Pío XII, Juan XXIII y Juan Pablo II tienen ya su sitio en el callejero. (Por cierto, entiendo que el pobre papa Luciani, con sus 33 días de pontificado, no tuvo tiempo de hacerse un hueco, pero ¿sabe alguien qué nos hizo Pablo VI para que nos lo saltásemos?)

Insisto, es un mal generalizado, pero en Tudela Rosa Chacel y Federico García Lorca o en Estella, Ramón del Valle Inclán tienen su calle. Pero ni siquiera hace falta salir de las rondas que rodean la capital para encontrar una cierta altura de miras: Berrioplano tiene dedicadas calles a Marie Curie o María Moliner.

Los méritos conseguidos ceden paso a la procedencia. Hasta un personaje de ficción, como Amaya, sacó mejor puntuación en el baremo.


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