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Todos los Santos en el pueblo menos poblado

Castillonuevo tiene el ayuntamiento más pequeño de Navarra, es el lugar menos poblado, según el censo y alberga un cementerio que, cada año, recibe más "huéspedes": las cenizas de las personas que en su día emigraron

Actualizada Domingo, 2 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • IVÁN BENÍTEZ . CASTILLONUEVO

LA sombra alargada del pueblo fantasma de Iso serpentea a lo largo de 15 kilómetros de curvas y se abre paso por la carretera que conduce a Salazar, hasta llegar a Castillonuevo, el Ayuntamiento más pequeño y despoblado de Navarra con 18 personas censadas. .

LA sombra alargada del pueblo fantasma de Iso serpentea a lo largo de 15 kilómetros de curvas y se abre paso por la carretera que conduce a Salazar, hasta llegar a Castillonuevo, el Ayuntamiento más pequeño y despoblado de Navarra con 18 personas censadas.

"Hay más gente en el cementerio que en las casas", explica José Hernández Aristu, alcalde desde hace 24 años de este hermoso municipio de 35 viviendas. A sus 67 años, este alcalde es el más joven de un pueblo que en invierno se queda tan desvanecido como Iso. "Hasta hace 35 años estaba habitado con familias numerosas. Ahora sólo vienen los hijos y los nietos durante los fines de semana y las cenizas de los vecinos que emigraron en su día".

La verja oxidada del camposanto se encuentra entreabierta. José la empuja. Deja pasar primero a su hermana Ignacia Hernández de 70 años y a su sobrina Sara que, en una comitiva silenciosa, penetran a la explanada de 400 metros cuadrados, sin cipreses, y colocan unos ramos de flores blancas sobre las lápidas de sus familiares. Al otro lado, en la cara norte, junto a la caseta donde se practicaba antiguamente las autopsias, Aurelio Bueno Peña de 63 años, se afana con la azada. Limpia los matojos de la tumba de la abuela Simona y el tío Juan. Su padre, Francisco Bueno ha preferido quedarse en el coche. Con 94 años, no se atreve a subir la escalinata empinada de acceso al cementerio. "De vez en cuando vengo con mis hijos a por té medicinal a la sierra que hay a nuestra espalda. Ya no sube nadie del pueblo a por esta planta y se están olvidando los lugares dónde se encuentra". Aurelio señala hacia la Virgen de la Peña. "Esta tierra fue una de los más ricas de Navarra. Aquello que se ve a lo lejos es Salvatierra. Por allí, entra el valle del Roncal. Todo eso forma parte de Zaragoza y Huesca", aclara. En las faldas de la sierra, al lado de la iglesia , el cementerio conforma un cuadrado perfecto con 61 tumbas, reconocibles a simple vista y otras once, más antiguas, semi ocultas, bajo montículos de tierra. En uno de los flancos, todavía se aprecian restos de una atalaya defensiva que en el siglo XIV protegía la frontera oriental de Navarra. " Desde aquí, uno puede escuchar hasta el silencio", Hernández ríe. Su hermana y sobrina riegan las flores blancas. Al terminar, en una especie de oración, se quedan unos minutos paradas, antes de regresar sobre sus pasos. Aurelio ya se ha marchado. Cierran el grillete de la puerta que hace la función de candado y se acerca hasta la puerta restaurada de la iglesia. "Aquí también hay cadáveres. Los encontramos cuando hacíamos obras en el interior. Creemos que son del siglo XII". Aunque es la una de la tarde, es un domingo sin misa. Juan Antonio, el párroco del Roncal la celebró ayer.

Al salir del pueblo, a unos 2 kilómetros, Primitivo Cuidal Iza de 66 años y Serafín Cabodevilla de 65 años, pasean apoyados en sus cachavas por uno de los arcenes del campo donde, antiguamente vivieron los primeros habitantes de Castillonuevo. "En invierno, en este pueblo sólo vivimos el alcalde y yo", explica Cuidal. su compañero, por otro lado, apunta con el bastón unos metros más allá de donde están : "¡Todo esto era la aldea de Elesa!" exclama. Según cuentan, por motivos de seguridad, en el siglo XII, tuvieron que trasladarse a lo alto de la montaña. En el otro arcén, en sentido contrario, camina Antonio Moler que, a sus 80 años, no perdona un paseo. "Soy de Navascués pero me casé en Castillonuevo . Vivo en Pamplona. Vengo de vez en cuando", dice, "el pueblo es muy bonito, pero no hay gente. Me gustaba subir al cementerio. Ahora no puedo, hay demasiadas escaleras ..."


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