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DOÑA SOFÍA, REINA DE ESPAÑA EN FRASES

"Me siento libre porque he dedicado mi vida a lo que quería hacer"

La Reina, que hoy cumple 70 años, hace balance de su vida: se siente afortunada de haber viajado tanto y no añora "salir a la calle de compras como otros ciudadanos". Ahora lo que más valora es hacer vida en familia y cuidar de los nietos: "Es divertidísimo tener juntos a los ocho"

Actualizada Domingo, 2 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • CARMEN TABAR . EFE. MADRID .

"Lo principal en nuestra vida son los demás. Este es al final lo que más vale y cualquier familia puede tener ese valor", asegura la Reina en una entrevista con motivo de su septuagésimo cumpleaños, que se celebra hoy.

Hace unos meses, al término de uno de sus muchos viajes para apoyar la cooperación española en el exterior, doña Sofía mantuvo un encuentro con tres periodistas de Abc, La Vanguardia y la agencia Efe. El contenido de esta conversación se da a conocer hoy por vez primera, según el acuerdo al que se llegó con la Casa del Rey.

La Reina llega a los 70 años llena de vitalidad, con tres hijos, ocho nietos y una actividad incesante, que en el último trimestre la ha llevado a distintos lugares de España, América y Asia, ya que, como ella dice, "si se tiene salud no hay ningún problema. Y sí, la tengo, no tengo ningún dolor".

Desea seguir en forma y poder contribuir "en todo lo que pueda", aunque los 70 sean la edad ya más que pasada de la jubilación, porque seguir en la brecha "es más una cuestión de actitud que de jubilación". No entiende a la gente que "no disfruta de la vida, porque nunca se deja de aprender".

Jaime de Marichalar

La familia es una de las parcelas más gratificantes de la vida de Doña Sofía. Sólo tiene palabras de cariño para sus yernos -su opinión sobre Jaime de Marichalar no ha cambiado tras su separación de doña Elena- y para su nuera.

De la Princesa de Asturias destaca que es muy inteligente y trabajadora. Confiesa que se ayudan mutuamente y admira "su facilidad para hablar en público". Pero su sonrisa se amplía y sus ojos se iluminan cuando habla de sus ocho nietos.

Confiesa que siempre que puede ejerce de abuela. O ella va a verlos o ellos van a Zarzuela, porque "tener a los ocho juntos es divertidísimo". Declara, muy seria, que "no les consiente" y que les dice "que se miren a sí mismos, que se conozcan para poder conocer a los demás y que piensen en los otros".

Indica que no tiene preferencias y les dedica afectuosos calificativos, porque, agrega, "cada uno tiene algo, son diferentes". De la infanta Leonor asegura que "es preciosa y que se parece a ella en el corte de cara" y de la niña de la infanta Elena comenta: "Victoria está cada vez más guapa".

Reconoce que los niños de hoy, incluidos sus nietos, "tienen demasiadas cosas, que cuando llega la Navidad es la saturación" y sus pensamientos vuelven con nostalgia a cuando era pequeña y vivía en Egipto, en el exilio, junto a sus padres y hermanos. "Papá Noel -dice- me trajo una muñeca, sólo una, que se llama Elena", y aún la conserva en un baúl, y a su hermano, Constantino, "un barco, pero sólo uno".

En Navidades siempre están presentes su nany, un hermano, su madre, la reina Federica, porque -comenta- "lo más doloroso es acordarse de aquellos que han muerto: de tus padres, de los padres del Rey..."

Doña Sofía se instaló en Madrid en 1962, año de su boda. Asegura que se adaptó enseguida a las costumbres y al carácter de los españoles, "muy parecidos a los griegos", y resalta que "el Rey le ayudó mucho". Añade que disfrutaron enormemente y que en aquellos tiempos era el monarca "el que hacía las maletas".

Al referirse a esa etapa habla de su estancia en la Universidad Autónoma de Madrid, donde empezó en 1973. Le hubiera gustado estudiar una carrera pero no le dejaron. Si que siguió unos cursos de Humanidades que la encantaron y le permitieron estar con universitarios, lo que entonces y para ella "no era fácil".

El 22 de noviembre de 1975, cuando proclamaron Rey a don Juan Carlos, y se preguntó: "¿Qué va a pasar mañana cuando vaya a la uni?" "Yo -explica moviendo la cabeza- no podía entender por qué no podía ser todo igual". Consideró que lo más oportuno era ir cuanto antes, y así lo hizo. "Cuando llegué -declara con un gesto mezcla de incredulidad y resignación-, una compañera me esperaba con un ramo de flores. Nos miramos sin saber qué hacer", pero inmediatamente se cortó el hielo y fue "como si nada hubiera pasado".

Ni entonces ni de niña podía visitar su tierra natal, Grecia -se siente española 100%-, pero apunta que nunca le importó, porque cuando vivía con su familia estaban "ocupadísimos" y después, en Madrid, "fue una época muy interesante".

Le importa poco no salir a la calle como cualquier otro ciudadano. "No, no lo añoro. No me hace falta ir de compras. Me siento libre porque he hecho lo que quería hacer", manifiesta al referirse a su trabajo como Reina de España.

Doña Sofía se considera afortunada por haber viajado tanto. "Nos hemos movido mucho y eso es una bendición, porque hemos conocido a muchas personas y culturas y eso abre la mente", explica.

El exilio en Sudáfrica

Viaja desde muy pequeña. Recuerda que durante la Segunda Guerra Mundial "era muy niña y muy feliz", y que cuando vivía en el exilio en Sudáfrica en un año cambiaron de casa once veces. "¡Con lo que eso debió de suponer para mis padres!", exclama. Ese afán viajero le llevó a patearse descalza todo el sur de la India. En sus desplazamientos -más en los privados y fuera de España- se mueve con bastante libertad, pero no la echa en falta en el día a día.

Admite que come todo lo que le dan, salvo carne. Reconoce que es vegetariana a medias, porque toma algo de pescado, aunque le es imposible comer animales. "Los adoro". Ese rechazo lo tiene desde pequeña. Cuando le daban carne "hacía bolas en la boca" hasta que podía deshacerse de ellas.

Para la Reina, apoyar la cooperación española significa representar a su país y "contribuir". La idea no era "sólo estar, sino hacer algo más de lo que es la actividad oficial", aclara. Y es que, para doña Sofía, la Corona, la Monarquía, "están por encima de la política" para dar estabilidad.

Quiere conocer lo que hay en el mundo, "ver las diferencias de las personas y sus distintas culturas, las múltiples maneras de vivir" y saber de las circunstancias de cada lugar, "porque dependiendo de donde se esté se puede hacer más", puntualiza.

Además de lo oficial, a la Reina le interesa promocionar la cultura de los países que visita. En sus viajes acude a lugares históricos, ya que para ella ambas actividades son complementarias.

Por ejemplo, en su último viaje a Camboya estuvo en su lugar más emblemático, los templos de Angok. "Allí lo han pasado muy mal. Me contaron que el horror que se puede ver en la película Los gritos del silencio es sólo un 25% de lo que realmente pasó".

Lo principal en nuestra vida, recalca, "es ayudar al otro, a mucha gente" y añade: "Si se puede contribuir ¡bendito sea Dios!"

Esa preocupación por los demás, por ayudar, por ser útil le hizo involucrarse del todo con los microcréditos, creados por su gran amigo el economista bangladesí Mohamed Yunus, o crear la Fundación que lleva su nombre dedicada a la investigación de Alzheimer .


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