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CARLOS LÓPEZ BONIFACIO HERIDO POR CORTES EN LA CABEZA Y EN LAS MANOS

"Hemos salido de clase a gatas"

Actualizada Viernes, 31 de octubre de 2008 - 04:00 h.
  • DN . PAMPLONA

De reojo, por la ventana de la habitación de la Clínica Universitaria donde descansaba, Carlos López Bonifacio, sacerdote peruano de 28 años, miraba la columna de humo que aún se levantaba por encima del Edificio Central de la Universidad de Navarra. Eran los coletazos de una bomba que, literalmente, le explotó debajo. Junto a su cama, velaban su dolor de cabeza otros cuatro sacerdotes, compañeros de la residencia en la que vive en el barrio de Iturrama.

El parte médico descartó lesiones de gravedad y, para recuperarse, López tomó analgésicos. En caso de que los dolores le remitieran, era probable que abandonara el centro hospitalario en unas horas.

¿Dónde se encontraba en el momento de la detonación?

Curso 4º de Filosofía. Teníamos clase de Corrientes Filosóficas Actuales y el aula queda justo detrás del aparcamiento donde ha explotado el coche. Recuerdo que pasó todo muy de repente. Sentimos una explosión muy fuerte, los cristales se hicieron añicos, había fuego, humo y parecía que las cosas volaban a nuestro alrededor. No se podía respirar y nos pusimos a gatas para salir como fuera del aula. Había mucha desesperación, los alumnos salimos como pudimos, olía a humo...

¿Supo desde el primer momento que estaba herido?

Cuando nos agachamos, instantes después del estruendo, me sujeté la cabeza, que me dolía, y me di cuenta de que estaba sangrando (señala con un dedo vendado la parte posterior de la nuca). Enseguida supe que me había tocado porque yo soy el alumno que está más pegado a la ventana. Los cristales que explosionaron se me vinieron encima, a la cara, a las manos... Al poco tiempo me sentí muy débil. No podía caminar. Me ayudaron, me llevaron a un coche que estaba por allí y me trajeron a la Clínica Universitaria. Después de algunos momentos angustiosos, de incertidumbre, de buscarme por los centros médicos de Pamplona, me han localizado mis hermanos y, gracias a Dios, han visto que no era nada grave. Se han llevado un buen susto.

¿Ha podido hablar con su familia en Perú para decirles que está bien?

No, no saben nada todavía. Luego les llamaré para tranquilizarles.

¿Y qué les va a explicar?

Desgraciadamente, ya conocen del terrorismo y su sinsentido. No les pilla de sorpresa. Allí en Perú también llevamos años sufriendo el ataque de grupos terroristas que explosionan bombas para matar a gente y conseguir sus objetivos. Un ejemplo es del grupo Sendero Luminoso, que lamentablemente es famoso.

¿Conoce a otros heridos?

Sí, un compañero mío de residencia, Conrado Rodríguez, está herido también. Descansa en una habitación de aquí al lado. También se pondrá bien pronto.

¿Volverá a clase con ganas?

Sí, la violencia nunca es la solución. Me ayuda recordar uno de tantos mensajes que nos dejó el Papa Juan Pablo II durante uno de sus viajes: "La violencia sólo genera más violencia y eso acaba en la destrucción". Ése es el mensaje que me gustaría transmitir.


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