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EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (I)

Pedro Salaberri, vivir en los cuadros

El estudio de Pedro Salaberri, en la Plaza del Castillo, siente la ciudad y palpita con ella

Actualizada Jueves, 30 de octubre de 2008 - 04:00 h.

C ON la sabia tranquilidad de quien está donde quiere estar y haciendo aquello que desea, Salaberri esta preparando las obras para su próxima exposición, esta vez, una vez más, en el Museo Gustavo de Maeztu. Disfruto de la contemplación de varias obras que dedica a algunos museos, y me embeleso con su apropiación de Malevich. Una apropiación divertida, me dice Perico que quería tener un Malevich, ¡ya lo tiene! Y es un Salaberri.

Así veo a este magnifico creador, desde su optimismo vital, rodeado de aquellos que él deja estar en su territorio, familia y amigos, regalando siempre la conversación sin nada que revele que el tiempo se esfuma y ajeno a la prisa. La conversación con Salaberri es intensa y relajada, de un tema pasas a otro sin rupturas, porque todo tiene relación y especialmente, porque a este hombre todo le interesa, pero de una manera sosegada, con autenticidad, la vida es un espectáculo fundamental y el participa activamente.

En la Plaza del Castillo

Su estudio está en la plaza del Castillo, y creo que desde su ventana lo ve todo, siente la ciudad y palpita con ella, por eso sus cuadros a veces esperan a Moneo y otras veces descubren rincones como el de la Aduana o el del Museo de Navarra bañados por la delicadeza del verde y el amarillo, cuando no se imponen rotundos como su visión del Gayarre o Yamaguchi, porque Salaberri vive la ciudad, la vieja y la nueva. Pero también vive el paisaje, más de una vez he pensado si el paisaje navarro no le pertenece a él también. Con los años, con sus recorridos, buscando momentos y motivos, Salaberri ha creado una fisonomía de paisaje navarro, quién da más a quien, ambos se pertenecen. "Mi patria es mi imaginación". Su imaginación lo invade todo, su mirada nos abre nuevas posibilidades, porque nunca se contenta con lo que ve, penetra en todo y nos abraza con su sensibilidad. El mismo abrazo que acoge lo encuentro en sus retratos. "Un cuadro es una presencia". Su galería de presencias es próxima, se acerca a quienes desea acercarse, de ahí la complicidad, el conocimiento, el diálogo que se establece, sus retratos le acercan, en sus retratos participamos de la relación con el retratado. ¡Qué empeño el suyo en ser el anfitrión de la vida! Caminamos con él y charlamos cálidamente, esa es la explicación, por eso ahora que ha llegado, silenciosamente, a las abstracciones, vuelvo a tener la sensación de que estas obras exquisitas, contenidas y rebosantes en una contradicción equilibrada, vuelven a ser la excusa para dialogar. "Siempre he pintado queriendo ofrecer un lugar al que ir a vivir. Vivir en los cuadros. Crear un ámbito de quietud, de sosiego y belleza. Protector. Decía que las personas eran los espectadores del cuadro, los que iban a ir hacia él. Pero me di cuenta de que era un camino malo. También tenían que estar las personas dentro de los cuadros. Son muy importantes. Somos en la medida en que nos reconocemos en los demás. Si no, no somos".

Joseph Conrad excluía de su obra lo sobrenatural, porque admitirlo parecía negar que lo cotidiano fuera maravilloso. Pedro Salaberri se recrea en lo cotidiano, su vida "es un hilo", que él tensa delicadamente para reconocerse, estructura sus días entre la paz ordenada de su estudio, y el retiro de la naturaleza que le proporciona su casa. Dice que en su casa no le gusta pintar, lo reserva para sus horas de soledad en el estudio, allí, donde esta rodeado de cuadros en los que se recrea y objetos que le ordenan, acompañado a veces por los amigos, los clientes y la música. Pedro no necesita galerista, de vez en cuando, medidas, una exposición y el encuentro personal con el cliente que le pide una de sus creaciones para compartir la experiencia de la vida a través de la mirada de Salaberri.

En las paredes de su estudio, contemplo una de las creaciones evocadoras y coloristas de su gran amigo Mariano Royo, en la exposición Silencios, cedió un cuadrito especial de Luis Garrido, esto me lleva a algo inevitable en la historia continuada del trabajo de Salaberri, su vinculación y la convicción de la existencia de la llamada por Moreno Galván en abril de 1970, en un artículo de la revista Triunfo, Escuela de Pamplona.

Salaberri siempre ha creído que existía un nexo, algo que aglutinó. Recuerdo las dos exposiciones comisariadas por él en 1995. "Bueno, eso ahí está. Y es verdad que responde a algo. Tuvimos muchos intereses comunes, éramos pintores montañeros y amantes de la Naturaleza, nos caracterizaba cierta falta de énfasis, un tono mesurado, éramos amigos. Juan Manuel Bonet, el comisario, o Enrique Andrés Pérez, el crítico, lo han visto muy bien con ocasión de la exposición Silencios en Baluarte. Ahí estamos, y ahora hay gente nueva detrás que sigue la misma estela. Al ver esa exposición, un amigo me dijo: ahora más que entonces me parece que hay una Escuela de Pamplona. Y creo que es verdad. Entre los de antes y los de ahora, hay algo homogéneo y potente".

El sosiego

Lo cierto es que la trayectoria de Salaberri es larga, inquieta y ambiciosa. Pero hay que decir, que como todo en él, en su trabajo, en su discurrir, sus apariciones, sus exposiciones tanto individuales como colectivas, están marcadas por el sosiego, nada se hace perentorio, nada salvo el compromiso continuado de su laborar. Salaberri no te busca, hay que buscarlo en su trabajo y reconocerlo en sus cuadros. En ellos como dice Bonet, "arrebata su capacidad para conciliar geometría -que nunca frialdad- y poesía, para hacer una pintura extremadamente sintética y limpia de forma, pero también de alma, de espíritu". Impresiones que ya adelantara Pedro Manterola, al hacer la primera crítica del trabajo de Salaberri, allá por 1973, con motivo de la primera exposición individual del artista en la sala triste e inexplicablemente desaparecida de Castillo de Maya, en la que ya advertía "una pintura respetuosa consigo misma. Virtuosa, desde el punto de vista artesano y desde el moral. Intimista. Misteriosa. Llena de profundas sugerencias humanas, concretándose en un mundo real e irreal al mismo tiempo. Un paisaje humanístico. A punto de cristalizar. Un mundo silencioso. Soñado".

Con los años, su obra ha crecido, se ha aposentado, ha ganado recursos y registros, ha elevado su tono poético susurrando quedamente entre la delicadeza y la suntuosidad cristalina. Me detengo ante sus obras respetuosamente para escucharlas desde el silencio, me detengo ante sus colores y sus formas, porque la levedad se hace grande, todo un ejemplo de buena pintura, medida y reflexionada, todo un ejemplo de sueños alcanzados, todo un ejercicio de no desear nada que no se pueda alcanzar, de ahí su emoción satisfecha, la que emana del juego ensamblado de forma, línea y color. "Siempre digo que la verdad es el ojo sin párpado, el ojo debe estar siempre abierto. Cuando el cuadro está listo para irme a vivir a él, entonces lo doy por finalizado". Es entonces cuando reconocemos ese lugar y también nosotros decidimos vivir en los cuadros.


Comentarios
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  • magnífico y oportuno artículo de Camino Paredes. Se tocan todos los aspectos que afectan al habitat del Hombre Perico y el artista Alaberri,...deliciosa sintesis. Se nota que Camino sabe y siente condulzura la que está contandonos. Gracias, Enhorabuena, y ...largo Camino en esta sección. Moisés moises

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