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CRÍTICA DE CINE | TRANSSIBERIAN

Extraños en el tren

Actualizada Miércoles, 29 de octubre de 2008 - 04:00 h.
  • MIGUEL URABAYEN

AVISO: se revela parte del argumentoDespués de terminar un breve trabajo de cooperantes en China, el matrimonio norteamericano protagonista toma en Pekin el tren que les llevará hasta Moscú.

Tardarán casi una semana en recorrer los 7.856 kilómetros que separan la capital china de la rusa, según indica un mapa mural de la estación de partida.

La razón de no regresar directamente a Estados Unidos en una línea aérea está en la gran afición que el marido, Roy (Woody Harrelson), tiene por los trenes. Quiere aprovechar la vuelta a casa para viajar en el Transiberiano, algo que deseaba desde la infancia. Su esposa Jessie (Emily Mortimer) ha aceptado por complacerle pero no le entusiasma la idea de estar en un vagón durante varios días. Ya resignada, aprovechará la oportunidad para hacer fotos. Le gusta y además tiene talento

Antes, las escenas iniciales han mostrado a un inspector de la policía rusa (Ben Kingsley) examinando en Vladivostock el cadáver de un hombre asesinado. Averigua enseguida que el motivo han sido las drogas e inmediatamente la cámara da un salto para presentar a la pareja protagonista. Así sabemos desde el comienzo que Jessie y Roy acabarán encontrándose con el inspector Grinko.

El departamento del vagón en el que va el matrimonio es para cuatro y en una de las primeras paradas del tren sube otra pareja. Serán sus compañeros durante el resto del viaje. Carlos (Eduardo Noriega) es alegre y cordial, su compañera Abby (Kate Mara) más callada y seria. A las pocas horas todos son amigos, tanto que si no hubiera sido por las escenas del cadáver empezaríamos a anticipar un drama sentimental. Pero aunque la atracción entre Carlos y Jessy sea clara, el guión la utilizará para aumentar el aspecto policiaco de la intriga.

Una vez presentados los personajes de la acción, el director, coguionista y montador Brad Anderson la va desarrollando, con sorpresas bien preparadas. Solo una vez terminada la película comprendemos que alguna es algo tramposa. Por ejemplo, la sospecha que despierta con un plano de Carlos al separarse de Roy en una parada prolongada. Otras parecen lógicas pero resultan increíbles. Entre ellas, la huida sobre la nieve, con los pies descalzos y a 23 grados bajo cero. O todo el rápido y complicado final.

Pero eso lo pensamos después de verla. Mientras dura y sobre todo en sus dos primeros tercios, Transsiberian interesa de forma creciente debido por un lado al ambiente en que se desarrolla y por otro a los personajes, interpretados por un reparto variado e internacional. Los seis actores que los encarnan son de cuatro nacionalidades diferentes: los británicos Mortimer y Kingsley, los norteamericanos Harrelson y Mara, el español Noriega y el alemán Kretschmann (el ayudante del inspector).

Además, los tipos humanos que se ven dentro de los vagones están bien elegidos para representar los posibles pasajeros de un tren que recorre toda Rusia. Y los escenarios naturales podrían corresponder a un viaje siberiano, con vistas aéreas de la soledad del tren avanzando por el corredor abierto en lo que parece la llanura nevada recorrida por la más larga línea ferroviaria del mundo. Digo "parece" porque el rodaje se ha hecho en Lituania, muy distinta en extensión a su gigantesca vecina.

Volviendo a los intérpretes, es apreciable la calidad de su trabajo. Cada uno encaja en su personaje y lo hace interesante, especialmente Emily Mortimer, Eduardo Noriega y Ben Kingsley. La actriz británica y Noriega tienen los papeles más difíciles, ella por la complejidad de su carácter -muy importante en la acción- y él porque debe representar a alguien que no es tan claro como aparenta.

Sir Ben Kingsley -ennoblecido por la reina de Inglaterra hace siete años- merece párrafo aparte. Actor de TV, debutó en la pantalla grande en 1972 y en 1980 fue elegido por Richard Attenborough para encarnar a Ghandi. Era su segunda película. Aquella excelente personificación le valió el Oscar al mejor actor del año y desde entonces Kingsley ha intervenido en más de cincuenta títulos, no todos dignos de tenerle en su reparto, alternándolos con la TV. A pesar del Oscar por interpretar a un hombre de paz, ha representado a numerosos villanos en su larga carrera. A los 64 años, es hoy día un valor seguro en cualquier tipo de personajes adecuados a su edad y a su afilado rostro.

EN RESUMEN: INTRIGA POLICIACA EN EL ORIGINAL AMBIENTE DEL FERROCARRIL QUE ATRAVIESA SIBERIA. BIEN REALIZADA, CON SORPRESAS QUE JALONAN LA ACCIÓN HASTA UN FINAL INGENIOSO PERO NADA CREÍBLE. BUENOS INTÉRPRETES.


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