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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Violín, orquesta y calidad europeos

Actualizada Jueves, 16 de octubre de 2008 - 04:00 h.

T he Chamber Orchestra of Europa, mantenida por la Unión Europea a través de su programa cultural, es orquesta seria, joven y, si quieren llamarla así, de cámara, aunque anteayer, en la Filarmónica, compareció con cuarenta y siete músicos. De cámara, pero cámara grande.

Han corrido ya veintisiete años desde su fundación como hijuela de la Joven Orquesta de la Comunidad Europea -ahora, Joven Orquesta de la UE-, pero la plantilla se mantiene baja de edad e innegablemente europea: basta repasar la nómina del orgánico para advertir las procedencias dentro del continente. No debe de ser casual que los tres profesores hispanos aparezcan en las maderas.

A lo largo de la sesión, la Orquesta de Cámara de Europa (OCE), los profesores, tuvo bastantes traspiés individuales y aislados, ataques perfeccionbales y notas falsas, principalmente en los instrumentos de viento, trompas y oboe. Pero sería injusto e inexacto reducir la demostración técnica y musical de la Orquesta a tales imperfecciones, menores que las virtudes individuales: el clarinete en la sinfonía o la flauta en la propina, por ejemplo. Y, sobre cualquier otra consideración, la OCE brindó unas versiones altamente plausibles, equilibradas, claras entre las familias, meticulosas en el sonido, contrastadas y a la vez cargadas de entusiasmo, demasiado cargadas en ocasiones, es decir excesivas. El exceso fue siempre achacable al director, muy sobrado de gesticulación -histriónica, inadecuada para algunos-, aunque justo en las órdenes, indicaciones y sugerencias a la orquesta, que respondió siempre a ellas. La orquesta fue, pues, un instrumento dócil y maleable, y esas cualidades básicas las demostró en los pianissimi inverosímiles que obtuvo, sólo al alcance de las grandes formaciones orquestales.

Los piani resultaron apabullantes en el Concierto de Bee -thoven, impuestos sin duda por la solista, estupenda de sonido, de técnica, de afinación, color y de tensión, pero más bien alcanzada de volumen. Fue, pues, el suyo un Beethoven terso y fino, en absoluto frágil, hondo y dúctil de expresión lírica, que Jansen se recrea en filar, y de contenida bravura, lejos de la potencia tormentosa que parece ínsita en Beethoven. Pero el material temático, tan bello, y el tratamiento -la orquesta, densa, apenas se opone al solista- permiten lecturas sin arrebato tumultuoso.

Ese virtuosismo de los piani extremados hizo que en muchos momentos el ruido o soplo del aire acondicionado se impusiera a la música. Cuesta aguantarlo.


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