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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN > QUEMAR DESPUÉS DE LEER

Una comedia peculiar

Actualizada Jueves, 16 de octubre de 2008 - 04:00 h.

C on No es país para viejos los hermanos Coen ganaron tres Oscar el pasado febrero (película, director y guión), premiando así la gran calidad que lograron en aquella película. Estos originales realizadores suelen variar el tema y género de sus obras y Quemar después de leer confirma esa observación. El cambio ha sido tan deliberado que mientras rodaban el mencionado y oscarizado drama policiaco, ya estaban preparando la comedia que ahora ha llegado a las pantallas.

Aunque quizá sea demasiado rotundo decir que su más reciente película es una comedia. También podría verse como una historia seria pero irónica con personajes variados, algunos relacionados con el espionaje (el título parece aludir a una de ese género al emplear la frase típica en las órdenes escritas que recibían los espías, al menos en el cine). La acción transcurre en Washington, en nuestros días y comienza con una reunión de directivos de la CIA para anunciar a uno de ellos, Osborne Cox (John Malkovich), que la organización le rebaja de categoría. Él lo toma muy mal y su reacción dice mucho sobre su carácter sarcástico y malhumorado.

Los demás

En un salto a otro ambiente, seguimos a una empleada de un gran gimnasio, Linda (Frances McDormand), muy preocupada por su aspecto. Dada su edad - cercana a los cincuenta - cree que necesita varias operaciones de cirugía estética para conservar su buen aspecto en los años a venir. Pero no tiene dinero para pagarlas, según explica a Chad (Brad Pitt) un compañero de trabajo más joven que vive feliz escuchando continuamente música en su iPod.

Hay otros personajes, como Harry Pfarrer (George Clooney) agente federal del Tesoro, que como él mismo dice, en veinte años de trabajo nunca ha disparado su pistola. O Katie Cox (Tilda Swinton), esposa de Osborne que se lleva mal con su marido y mantiene una relación extramatrimonial con Harry.

Con estos mimbres principales y otros de apoyo, los Coen construyen un complicado cesto en forma de intriga que empieza de manera fortuita. Cox pierde en el gimnasio un CD con el comienzo de sus memorias y en el que también hay datos sobre cuentas, grabados por su mujer como preparación para su divorcio. Linda y Chad lo tienen en sus manos y ven en él una oportunidad para sacar dinero al creer que alude a operaciones de la CIA.

Los Coen suelen ser muy hábiles describiendo gente que se comporta de forma estúpida. Por ejemplo, Fargo (1996) donde la mayor parte de los personajes era muy poco inteligente. Aquí también, salvo algunos como el jefe de la CIA que en una ocasión, al preguntar por el caso surgido del CD perdido, y ante lo que escucha pide a su subordinado que le informe solo cuando tengan algo coherente.

En efecto, ese incidente subraya cómo la película muestra a un grupo de personas que se equivocan una y otra vez al ser movidos por impulsos de codicia, sexuales (Harry es un obseso), de orgullo herido o -en un solo caso- afecto a otra persona. Y así, la bola de nieve que hemos visto surgir, crece ante nuestros ojos hasta transformar la comedia en tragedia mortal. Por cierto, puede observarse que no hay imágenes sobre cómo terminan varios de los personajes. Igual que en su película anterior respecto al protagonista, los Coen no dan aquí importancia visual a lo que les ha ocurrido. Simplemente, el subalterno del jefe de la CIA lo dice en su informe final y nosotros lo escuchamos, no lo vemos.

Estrellas

El reparto está compuesto por muy buenos interpretes. Quizá sea la película con más nombres famosos estrenada últimamente, Clooney, Pitt, Malkovich, Swinton y McDormand (ellas y Clooney ganaron el Oscar en diferentes años). Actúan bien, aunque de vez en cuando con cierta exageración. Posiblemente sea debido a insistencia de los Coen para subrayar que, en el fondo, se trata de una caricatura

La actuación de Pitt puede sorprender a los que ignoraban su capacidad para la comedia, conocida por quienes recuerdan Snatch (Guy Ritchie, 2000) donde aparecía en un papel secundario. Representaba a un gitano irlandés, boxeador aficionado imbatible cuando se hacían apuestas elevadas. Además hablaba de una forma tan divertida como ininteligible (el doblaje español hizo un buen trabajo pero nos privó de oírle).

Los planos primeros y últimos de Quemar después de leer son interesantes. Utilizan fotos aéreas de Google que presentan una parte de América del Norte vista desde un satélite. La imagen cambia velozmente, como si la cámara se precipitase sobre una zona de la costa Este de Estados Unidos. Su vertiginoso descenso se detiene sobre un edificio que, según dice un rótulo, es el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia.

En el final, se vuelve a utilizar el mismo efecto, pero en sentido contrario. La cámara parece ascender velozmente desde el edificio hasta que volvemos a ver la gran zona de América del Norte del comienzo.

Recordar esas escenas me vuelve a mis dudas sobre el género de Quemar después de leer ya que parecen corresponder más a una película seria que a una comedia. Sin embargo, la idea de comedia satírica puede explicarlas porque en ese caso aludirían a una visión general del mundo y de sus habitantes. Algo comparable a observar un cuerpo humano a través de una cámara que ampliaría con rapidez la imagen hasta mostrar las células y sus reacciones a unos u otros estímulos.

EN RESUMEN: LOS HERMANOS COEN MIRAN CON FRÍO HUMOR AL CONJUNTO DE PERSONAJES QUE APARECEN BAJO LA LUPA DE SU CÁMARA. BUENOS INTÉRPRETES.


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