Lorenzo Silva, creador de una serie policíaca protagonizada por el sargento Rubén Bevilacqua y la cabo Virginia Chamorro, investigadores de la Guardia Civil, pudo comprobar la expectación que generan sus personajes. "¿Para cuándo una próxima entrega de Bevilacqua y Chamorro?¿Van a ascender en el escalafón?", le preguntaron. "Desde luego, a Bevilacqua le toca ascender por antigüedad", contestó el escritor. "En la próxima novela lo haré brigada".
A continuación adelantó que la siguiente entrega de Bevilacqua y Chamorro llegaría como pronto el año que viene. "Sí tengo la historia y la voluntad de seguir con estos personajes que para mí han sido una muy buena oportunidad como escritor". La pareja ya ha protagonizado cinco títulos: Nadie vale más que otro, El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente, La niebla y la doncella y La reina sin espejo.
Además, El alquimista impaciente ha saltado a la gran pantalla con los rostros de Roberto Enríquez e Ingrid Rubio. En cuanto a la elección de Enríquez como el sargento Bevilacqua, Silva opinó que "daba un tipo físico que yo no identifico con Bevilacqua, quizá resultaba demasiado joven ".
Uno de los asistentes expresó su curiosidad por la afición de Bevilacqua a las miniaturas de soldados que siempre pertenecen a ejércitos perdedores. Una afición que Silva confirmó que no era casual. "Refleja su carácter y su forma de afrontar la investigación, cuidando los pequeños detalles. Por otro lado, la elección del personaje derrotado refleja su conciencia de para quién trabaja. Él asume que su responsabilidad principal es hacia la víctima, esa persona a la que no conoce nunca porque cuando él llega ya ha desaparecido".
El escritor, basándose en la experiencia de investigadores reales de homicidios, contó que se llega a establecer una "relación extraña, casi afectiva" entre el investigador y la víctima. "Esa opción de pintar los soldados derrotados es también una manera de rendir un homenaje a la persona hacia la que el investigador desarrolla esa especie de afecto".
En este sentido, Silva confesó que tenía un prejuicio respecto a los policías, "la visión de que tienen que insensibilizarse frente al dolor ajeno para desarrollar eficazmente su profesión". Él mismo ha podido comprobar que no: "He visto llorar a algún policía pensando en la persona cuya muerte está investigando cuando tiene la convicción de que ha detenido al culpable".
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