Hablemos de política fiscal para la familia navarra
Publicado el 11/05/2017 a las 08:37
He hecho la declaración de la renta. Decir que me he quedado “congelado” cuando he visto el resultado en su comparativa con años precedentes sería mentir. La sucesión de “actividad calorífica” invadiendo mi cara, a la par que oía las explicaciones que se me daban para poder entender semejante desaguisado en mis previsiones, era parecida -en intensidad- al mal trago que pasaba la persona que me lo estaba explicando. Increíble o, más bien, inaceptable.
Y no porque haya visto cómo el tipo medio de gravamen ha pegado un “salto con tirabuzón” en la piscina de nuestra “economía de nómina”. Ya estaba previsto en base a las noticias apuntadas. Salto, tengámoslo en cuenta, consolidado antes de rehacernos de la crisis que nos tiene con los salarios congelados desde el 2008, y que nos ha hecho perder un poder adquisitivo de un 10 a un 15%. Casi nada. Si no quieres caldo, dos tazas.
Lo que me ha “sublevado” es observar lo relativo a las deducciones por mínimos personales y de descendientes. No sólo “se nos da una bofetada”, flagrante, en la deducción personal, sino que “se nos agradece” el haber tenido hijos y mantenerlos en toda circunstancia, sin ayudas, bajando a mínimos las deducciones por ellos. Hijos que, parece que alguien no tiene en cuenta, van a ser el motor de nuestro futuro. Futuro de toda nuestra sociedad, incluyendo a aquellos que no los han tenido por la circunstancia que sea, y a los cuales nos acercamos cada día más en el concepto de “aflojar la cartera”. Si tienen futuro, claro. Y para terminar de decirnos que pueden hacer con nosotros lo que les dé la gana nos anulan, en la declaración conjunta, la deducción de lo que corresponde a nuestro cónyuge que, al parecer, no se lo debe merecer.
En conjunto, una buena bofetada a la economía de la unidad familiar, ya que la subida del tipo de gravamen es la punta del iceberg de lo que realmente se ha perpetrado con las deducciones. No somos el “Titánic” y sabemos, además, cómo acabó. Y uno se pregunta si con este tipo de políticas alguien, en su sano juicio, quiere hacernos creer que entran dentro de un marco de políticas sociales, de las que tanto gusta llenarse la boca a políticos, cuando son incapaces de generar unas leyes que hagan que nos creamos iguales ante nuestros gobernantes y la justicia, en base a endurecer penas por fraudes y “robos a mano armada”, exigiendo la devolución de las cantidades “volatilizadas” antes de empezar a hablar de cualquier tipo de reducción de penas. Más aún viendo cómo los ingresos que aportamos no generan más actividad de trabajo y mejores expectativas para nuestros hijos. Esos que tienen que mantener el futuro de esta sociedad enferma y con escasez de recursos previsibles para evitar un encefalograma plano. Y la crítica la podía hacer generalizada, obviamente, pero para lo que nos ocupa me tengo que dirigir exclusivamente a los que hoy nos gobiernan y han generado esta situación. Sin obviar sus posibles atenuantes. Los cuales espero se dignen a mostrarnos al hacer un desglose adecuado, contrastado y transparente de la realidad que les ha llevado a estos planteamientos. Asimismo del aumento real -al euro- que se ha conseguido en los ingresos y su destino final para la mejora de Navarra (trabajo, desarrollo y mejora del nivel de vida, en bucle cerrado) y no para otros menesteres que, hoy por hoy, pueden esperar tranquilamente a mejores tiempos. Menesteres que pueden ser tan respetables como cualquier otro, siempre y cuando no limiten, entorpezcan o intenten destruir el bucle indicado anteriormente.
Por supuesto, y para terminar, también voy a hacer una crítica a toda la sociedad navarra -en su conjunto- y, de modo particular, a todos y cada uno de los que la conformamos por nuestro consabido y “estridente” mutismo público, general, para la crítica social - en su marco estricto de convivencia- en todos los asuntos que nos conciernen actualmente. El detalle salta a la vista y es “vox pópuli” (pero en un tono bajo y en corrillos): se llega a plantear un tema fiscal así por gobiernos de cualquier otra ideología (que no llego a entender muy bien este concepto, tal y como veo se pone en práctica algo distante años luz de las teorías que las sustentan), me da igual el que quieran imaginarse, y a estas alturas nuestras calles se asemejarían a Valencia en Fallas.
