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El castor: el Messi y el CR7 de la biodiversidad en los ríos euroasiáticos y norteamericanos

03/01/2018Jorge Echegaray Fernández

El señor Doñoro relata los problemas de conservación que supone el castor tras su viaje por Tierra del Fuego. Luego hace una extrapolación a Navarra. Lamentablemente, algunas extrapolaciones están sujetas a un sesgo enorme, cuando las inferencias de partida son erróneas. Los castores son especies nativas del Hemisferio Norte. A lo largo de la evolución, nunca ha habido castores en el hemisferio sur. Sus hábitats y especies no han coevolucionado con castores. Por tanto, el castor en Tierra del Fuego sí es una especie exótica invasora, como lo es el mejillón cebra aquí (por poner un ejemplo de “impacto” que tanto preocupan a Bernardo). En cambio, el castor es autóctono en Navarra y nunca puede ser considerado invasor, ni siquiera legalmente. Lo paradójico es que los castores fueron introducidos legalmente por humanos, con permiso de las autoridades argentinas, pero con una finalidad económica. El resto se lo pueden imaginar: colapso de granjas y apertura de las jaulas.

El castor estuvo a punto de desaparecer del Planeta. Para recuperar sus poblaciones, se le blindó legamente, y en 25 países europeos se promueve su reintroducción desde hace más de un siglo. España es una de las excepciones, a pesar de su constancia histórica y paleontológica en diversas cuencas hidrográficas. La visión antropocentrista de que una especie silvestre requiere control humano para evitar su crecimiento descontrolado es un dogma injustificable. El castor es un ejemplo de auto-regulación biológica en ambientes donde es autóctono. Las poblaciones de este roedor dependen de la producción primaria vegetal, de un sistema de reproducción monógamo con un parto anual con pocas crías, de problemas genéticos (derivados de poblaciones surgidas de pocos ejemplares), de enfermedades naturales y de otros elementos intrínsecos (como la organización social y su territorialidad manifiesta).

La ausencia en Navarra de lobos, osos y linces, debería ser objeto de una reflexión distinta, porque se trata de un problema ecológico de dimensiones globales. Es una obligación legal (y moral) la recuperación de toda la biodiversidad, no sólo la de elementos que ayuden a controlar a los castores (y ungulados silvestres) en Navarra. No obstante, a falta de esos “depredadores apicales”, perros, zorros, águilas reales, azores, martas, nutrias, e incluso visones americanos, provocan bajas numéricas en poblaciones de castores, según describe la ciencia. Esas especies están presentes en Navarra. Por si no fuera suficiente, en ambientes humanizados, existen factores de mortalidad no natural que condicionan las tasas de supervivencia castoril, como los atropellos, caza furtiva, ahogamientos en canales de riego y sifones, talas de bosques de ribera, etc. Incluso en ambientes protegidos, la conservación a largo plazo de castores puede estar en entredicho. Disfrutemos de esta oportunidad histórica que nos da la presencia reciente de castores y restauremos la biodiversidad perdida.

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