Castejón, pueblo de acogida
Publicado el 19/08/2017 a las 09:15
¿Se imaginan por un momento que estuviesen en un país de acogida, que no es el suyo de origen, en el que se comenten horribles e injustificables atentados en nombre de la religión que profesan, o de su cultura y raíces, por gente que se supone no les representa? ¿Qué harían? ¿Cuál sería su actitud? Pues bien, eso me pregunto yo mil veces, y pese a no ser ejemplo para nadie -en ocasiones ni para mis propios hijos- creo que yo me desharía en acciones que demostrasen que yo no soy como esos asesinos que matan en nombre del dios que compartimos. Trataría por todos los medios de que se me diferenciase de algo así. ¡Yo no, en mi nombre no!
Ayer, 18 de agosto, en Castejón, a las 12 horas nos manifestamos, en silencio, en solidaridad por las víctimas de Barcelona, y como gesto de condena de los atentados, cuya autoría ya ha sido asumida y reconocida por el Daesh. Había tres musulmanes. ¡Sólo había 3 musulmanes! Castejón es un municipio donde más de un tercio de la población actual está integrada por inmigrantes árabes, donde en la escuela los niños hijos de inmigrantes musulmanes supera, con creces, el 50 % del total de escolares, donde desde el primer momento se acogió a estas personas, se les respetó, se les procuró el bienestar que en su tierra natal no tenían. A ellos y a sus familias. Ayer se manifestaron tres de esos vecinos amparados, atendidos y bien recibidos, tres vecinos que sin duda serán extraordinarias personas, como otros muchos, pero no seré yo quien justifique a quien ni siquiera lo solicita.
Cuando, por desgracia, tienen lugar hechos como el que aconteció el jueves, pronto se acusan y escuchan opiniones de que es preciso distinguir, que no todos son iguales. ¡Por supuesto! Ni ellos, ni nosotros, ni nadie. Buenos y malos, en todas partes, eso es incuestionable, pero a mí personalmente me resultan mucho más reveladoras las acciones, lo que se hace, no lo que se dice, aún a riesgo de equivocarme.
Ayer mismo, en otro post al hilo de una advertencia de que no había que caer en actitudes racistas, repliqué algo que voy a repetir, porque estoy indignada, y porque alguna vez habrá que empezar a llamar a las cosas por su nombre, y a analizar la realidad tal y cómo se nos presenta. No hay que confundir xenofobia/racismo con intereses, cultura, perspectivas y miras antagónicas de pueblos en, más que necesaria, convivencia. El problema fundamental en estas cuestiones no es el racismo, aunque indudablemente éste pueda brotar por parte de quien ha sido educado en él. No es mi caso, ni de lejos, pero hay momentos en los que, a mí personalmente, me sobrepasa esa recurrente y tan manida “corrección política” que se espera de la gente de bien. Este es uno de ellos.
Ayer me faltó el colectivo musulmán de Castejón en la concentración con motivo de los atentados en Barcelona. (...) No hay justificación alguna para esta escandalosa e injustificada ausencia. Hay silencios que suenan más alto que los gritos.
