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TRADICIONES

La pesca de camarón a caballo en Bélgica, una tradición única en el mundo

La naturaleza manda: solo se puede practicar con marea baja y durante un máximo de tres horas al día para no poner en peligro a los caballos

Bruno, el caballo de Dominique (pescador), de raza brabante, a punto de entrar en el agua para realizar la tradicional pesca de camarón del Mar del Norte.

Bruno, el caballo de Dominique (pescador), de raza brabante, a punto de entrar en el agua para realizar la tradicional pesca de camarón del Mar del Norte.

EFE
Actualizada 03/09/2017 a las 13:10
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  • Efe. Oostduinkerke (Bélgica)

La costa de Bélgica esconde una tradición única en el mundo, la pesca de camarones a caballo, considerada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco desde 2013 y practicada en la actualidad solo por 15 pescadores, que empiezan ahora la temporada de capturas.

En septiembre arranca la mejor época para la pesca de camarón a caballo, una actividad que está documentada en escritos desde el siglo XV y que estuvo al borde de la desaparición en los años cincuenta, cuando solo contaba con tres pescadores, pero fue recuperada gracias a la pasión de unos pocos.

Dominique Vandendriessche explica a Efe que salió a pescar a caballo por primera vez con 13 años. Su padre, de 69, le enseñó la técnica, que consiste en arrastrar, cabalgando, una red que se abre hasta diez metros, y en la que pueden capturarse, en un buen día, hasta cinco kilos de camarones.

La naturaleza manda: solo se puede practicar con marea baja y durante un máximo de tres horas al día para no poner en peligro a los caballos; en caso de tormenta, imposible salir a faenar.

Pero los pescadores hacen frente a las dificultades climatológicas que impone el Mar del Norte, que son frecuentes, pues la localidad de Oostduinkerke, a solo una hora de Bruselas y con temperaturas hasta diez grados más bajas en pleno verano, suele recibir con cielo gris, viento y lluvia.

Una actividad sacrificada que no aporta un gran rédito económico: Dominique, como el resto de pescadores, no se dedica exclusivamente a ello, tiene también un restaurante y utiliza sus caballos para circuitos turísticos en la localidad costera, en la que veranean sobre todo belgas, franceses, holandeses y alemanes.

"Hago esto porque me gusta", afirma tajante el pescador, y espera ahora que su novia -hoy sólo una mujer forma parte de este reducido grupo- también se una a la práctica, que corre peligro puesto que "cada vez hay menos camarones en la costa".

El camarón del Mar del Norte, conocido en Bélgica como "crevette grise" (gamba gris) se consume principalmente en este país, Holanda y Alemania, aunque solo un 1 % del volumen total de estos crustáceos se pesca en la costa flamenca.

Eso sí, Bélgica produce el 70% de las "croquetas de gambas" hechas con este pequeño marisco que, según Dominique, "será pronto como el caviar, único, y su precio aumentará porque cada vez hay menos en el mar".

"Se considera una exquisitez gastronómica, pero simplemente aumentará su valor porque se convertirá en algo escaso y, por tanto, exclusivo y caro", augura.

Desde que la Unesco incluyó la pesca a caballo de Oostduinkerke en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, los "shrimpfishermen" (pescadores de gambas), como se conoce a los profesionales de esta práctica, tienen que pasar un examen, según explica a Efe la portavoz de la oficina de turismo de la localidad, Yvonne König.

Esto ha abierto paso a las mujeres, que hasta entonces "no eran muy bien recibidas por el grupo de pescadores".

El Ayuntamiento de Koksijde (que agrupa las localidades de Fascinerend, Koksijde y Oostuinkerke) financia y programa demostraciones públicas durante el verano, para dar a conocer este arte, a las que acuden hasta 800 personas al día, incluso con mal tiempo.

"Es parte de la identidad de este pueblo, es muy especial, y creemos que es importante que la gente lo conozca y sepa que, en tiempos, la pesca de camarón se hacía con caballos y no con barcos", subraya König.

Un trabajo íntimamente ligado a la naturaleza, en el que no solo hace falta conocer el mar, sino también una enorme complicidad con el caballo, que debe tener un carácter tranquilo "para no excitarse y querer correr en una playa tan grande, ya que tiene que tener la paciencia suficiente para pescar", explica Dominique.

Bruno, su caballo, es de raza brabante, originaria de Bélgica; son los más indicados para la pesca, por su carácter tranquilo y dócil, que los convierte en buenos compañeros de trabajo, y reconocibles por su pelo, que puebla también las extremidades de sus patas, cortas y muy fuertes.
Cuando tienen éxito, los pescadores a caballo cocinan inmediatamente sus camarones en una marmita. Degustarlos con ese frescor único es el deseo de muchos belgas, que se aglutinan en la playa para probarlos.

Dominique, de 29 años, lleva ya más de la mitad de su vida practicando este arte pesquero que forma parte del patrimonio de su pueblo y está profundamente arraigado en su identidad; ahora siente el deber de salvaguardarlo y sueña ya con que sus hijos, en el futuro, aprendan a pescar a caballo.


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