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PORTUGAL

El mayor jardín oriental de Europa, un oasis de paz en una pequeña villa lusa

El Bacalhôa Buddha Eden, como fue bautizado el parque, se abre al mundo con una frondosa vegetación y millares de estatuas de Budas

El Bacalhôa Buddha Eden.

El Bacalhôa Buddha Eden.

El Bacalhôa Buddha Eden.

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Actualizada 29/08/2016 a las 09:26
  • EFE. LISBOA
Quien se acerca a la villa lusa de Bombarral, a unos 75 kilómetros al norte de Lisboa, encuentra una vista que probablemente no espera: en una carretera rural rodeada de campos agrícolas se erige el mayor jardín oriental de Europa, un oasis de paz en medio de la nada.

El Bacalhôa Buddha Eden, como fue bautizado el parque, se abre al mundo con una frondosa vegetación y millares de estatuas de Budas y otras piezas de arte, a pesar de que no es muy conocido por los turistas porque sus responsables prefieren no perder la tranquilidad y armonía que marcan su personalidad.

El jardín, impulsado por el empresario y coleccionista portugués José Berardo, tiene su origen en 2001, cuando los talibanes destruyeron los Budas Gigantes de Bamyan (Afganistán), dos enormes estatuas talladas a los lados de un acantilado y consideradas Patrimonio de la Unesco.

"José Berardo encaró esa destrucción como uno de los mayores atentados a la cultura y al arte mundiales. Por esa razón decidió comenzar a construir el jardín, para conservar la memoria de estas obras de arte para las generaciones futuras", explicó a Efe un portavoz del Buddha Eden.

Con esta idea de justicia en mente, Berardo, principal accionista de la empresa productora de vinos Bacalhôa, decidió instalar el jardín en la Quinta dos Loridos, en Bombarral, propiedad que ya era de la compañía.

El jardín empezó a florecer a lo largo de 35 hectáreas, en las que se plantaron especies asiáticas como cañas de bambú orientales y arces japoneses, y se construyeron varios estanques que hoy alojan a centenas de carpas Koi, protegidas por dragones de piedra que sacan la cabeza desde las profundidades del lago.

Pero el elemento estrella de este paraje son las estatuas de Buda, para las que se estima que fueron usadas más de 6.000 toneladas de mármol y granito, y que fueron transportadas a Portugal a bordo de navíos.

En la escalera de entrada, los visitantes son recibidos por varias esculturas de Buda doradas que representan sólo un aperitivo del gran acervo que contiene el jardín, donde también se puede ver a los guerreros de Terracota.

Estas piezas son una copia de los originales -descubiertos en la década de los 70 enterrados en un mausoleo de China y considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco-, que fueron construidas en el país asiático y pintadas a mano.

El Buddha Eden cuenta además con un rincón dedicado a la escultura africana del pueblo Shona de Zimbabue, que tiene una tradición de más de mil años de esculpir la piedra con la premisa de liberar al espíritu que habita en las rocas.

El arte moderno y contemporáneo encuentra igualmente su espacio en el jardín, que acoge piezas de la Colección Berardo de artistas como el colombiano Fernando Botero, la portuguesa Joana Vasconcelos, el estadounidense Alexander Calder, y los británicos Lynn Chadwick y Tony Cragg.

"Esta mezcla (de diferentes artes) se deriva de la génesis y de los ideales que pretendemos trasmitir con el jardín. Los visitantes tienen la oportunidad de contactar, en pocas horas, con varias culturas", señaló el portavoz del Buddha Eden.

Desde el jardín, donde trabajan unas 20 personas, señalan que "todavía existe espacio para crecer" y aumentar la colección de arte que ofrece el parque, que quiere ser en última instancia "una oda a la humanidad y a lo mejor que ella posee".

"La idea es transmitir no sólo la sensación de paz entre los pueblos y culturas sino también la tolerancia y la sana convivencia entre los mismos", detalló el portavoz, que aseguró que no quieren masificar en exceso las visitas al jardín para que no pierda esa esencia de "tranquilidad, armonía y paz".

En la actualidad, el parque recibe entre 300.000 y 500.000 visitantes al año, de los cuales en torno al 20 % son extranjeros y el resto portugueses.

"Aun así, somos el local de enoturismo más visitado de Portugal, incluso sin invertir en promoción o divulgación. Consideramos que la mejor forma de divulgar nuestro jardín es la opinión y los millares de fotografías de las personas que nos visitan. El 'boca a boca', en este caso, es muy valioso", manifestó.

Al estar unido a la compañía Vinícola Bacalhôa, la visita al jardín no sólo alimenta la mente sino también el paladar, ya que se pueden saborear algunos de sus vinos.

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