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Red de mentiras

Ni Merkel se hizo un ‘selfie’ con un yihadista ni el Papa apoyó a Trump. Pero ambas ‘noticias’ corrieron como la pólvora. Los gigantes de Internet tratan de frenar su descrédito.

Actualizada 15/05/2017 a las 08:24
  • J.Mikel Fonseca
Medidas de las empresas

GOOGLE
Un algoritmo que relega las ‘fake news’ a últimas posiciones
El gigante de Internet juega un papel fundamental en la difusión de noticias por la red, sean falsas o veraces. Si un usuario introduce el titular de una noticia falsa, al buscador no le queda otra que remitir al artículo en cuestión. Sin embargo, gracias al refinamiento de sus algoritmos de búsqueda -quee no son infalibles-, las noticias cuyas fuentes no sean fiables aparecerán especificadas como tal y ocuparán el final de la página, frente a otras contrastadas que desmientan ese bulo.

FACEBOOK
Alerta de “noticia falsa” antes de compartir con amigos
Facebook avisa a los usuarios que van a publicar contenido dudoso antes de que pulsen el botón de ‘compartir’. La funcionalidad está disponible en catorce países, no en España. También cuenta con un decálogo de consejos para identificar mentiras, que ha publicado impreso en los principales periódicos ingleses, y asegura haber eliminado “decenas de miles” de perfiles de falsos divulgadores de cara a los comicios del Reino Unido.

WIKIPEDIA
Un periódico que verifique las noticias que pululan por la red
La nueva apuesta de Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, es un periódico online llamado Wikitribune que pretende estrechar las relaciones entre periodistas y lectores, permitiendo que los últimos pidan a los primeros personalmente que investiguen y verifiquen la veracidad de los temas que más les interesen. Los artículos deberán incluir toda suerte de documentación para corroborar que la información es cierta. Se financiará mediante un sistema de suscripción mensual.

YOUTUBE
Talleres para que los creadores hagan un producto veraz
Ha lanzado en Inglaterra una campaña bautizada como Ciudadanos de Internet, con la que pretende concienciar a los nuevos creadores sobre la importancia de generar un material veraz. Para ello, veteranos del mundo de la comunicación trabajarán con las nuevas generaciones para filtrar los contenidos. El objetivo es tratar de erradicar las fake news y reducir los mensajes de odio -muchas veces suscitados por los propios bulos- que se multiplican crecientemente por la red.

El papa Francisco muestra su apoyo a Donald Trump”. “El FBI emite una orden de arresto contra Barack Obama”. “Macron recibe financiación de los Emiratos Árabes”… Son mentiras en formato noticia que pululan fácilmente por la redes sociales en busca de un click y que se han convertido en un quebradero de cabeza para la sociedad de la información. Son las fake news.

Las redes sociales han abierto un altavoz para que individuos u organizaciones con fines espurios utilicen las mentiras para manipular la realidad. Las elecciones francesas han sido las últimas en verse salpicadas, el gran paradigma es el ascenso de Trump al poder y su origen está en las protestas contra Putin de 2011. Ahí nació el fenómeno de las fake news, o una “traducción misericordiosa de las mentiras de toda la vida”, como apunta Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid.

La reelección de Putin como mandatario de Rusia no sentó muy bien a algunos colectivos, que respondieron tomando la calle. Su invasión de Ucrania tampoco fue bien vista por los ojos internacionales. Frente a su impopularidad, la maquinaria de propaganda rusa se dispuso a lavar la imagen de su Gobierno utilizando el medio Rusia Today (RT), que había acaparado el interés por su cobertura casi exclusiva del conflicto de Georgia en 2008. Entre 2011 y 2014, RT ganó delegaciones por todo el planeta y multiplicó su presencia, especialmente en las redes sociales e Internet, hasta convertirse en el canal de noticias más visto en Youtube, por delante de medios como la BBC. Varios presentadores y periodistas de RT han abandonado el medio, acusándolo de “tergiversar y mentir”.

Esta propaganda vino reforzada por lo que el informador del The New Yorker Adrian Cheng, en su extensa investigación sobre las fake news, llamó una “granja de trolls”: un grupo de personas remunerado directamente por el Kremlin -por Evgeny Prigozhi, mano derecha de Putin, según Cheng- cuya única labor consiste en elaborar, de la manera más creativa posible, bulos contra los detractores del presidente ruso. Para su artículo, contactó con uno de estos equipos, con unos veinte agentes, pero sus informantes aseguran que hay miles de individuos “dedicados profesionalmente a propagar mentiras” por la red.

Las fake news también pueden tener una vertiente muy lucrativa. La periodista de la BBC Emma Jane Kirby localizó en Veles (Macedonia) a unos jóvenes que redactaban masivamente noticias falsas sobre EE UU. Luego utilizaban el sistema de anuncios de pago de Facebook para promocionarlas como sugerencias para un público específico: el americano. Los clicks, según Kirby, podían llegar a deparar alrededor de 1.800 euros mensuales para estos desinformadores.

Los medios tradicionales son los que peor parados salen de esta red de mentiras. Muchos han visto cómo sus cabeceras se veían pirateadas por webs de noticias falsas -como abcnews, que nada tiene que ver con la cadena ABC, salvo las tres primeras letras- o cómo surgían de la nada medios de apariencia seria cuyo contenido eran simples patrañas. Las elecciones de Estados Unidos han sido el máximo exponente. Un estudio de Mike Caulfield para la Universidad de Washington detectó que las noticias falsas se compartían durante la campaña electoral el triple de veces que las informaciones de medios tradicionales.

Una avalancha de desinformación amenaza el crédito de Internet, y para frenarla ya se han activado medidas. Portales como FactCheck.org, Politifact.com (ganadora de un Pulitzer) o Snopes.com trabajan para contrastar y desmentir los bulos más perniciosos que circulan por la red. También la web de The Washington Post ofrece un fact checker, un “verificador de hechos” para las noticias dudosas. Hasta los gigantes de Internet, como Google, Wikipedia y Facebook, empiezan a implementar fórmulas para combatir las fake news. Su propuesta es que la veracidad de una información se especifique en la red mediante una etiqueta dentro del código de la página, lo que permita identificarla como tal.

Tal es el descalabro que las fake news están causando que el diccionario de Oxford consagró ‘posverdad’ como palabra del año 2016. El vocablo, que define las circunstancias que hacen que la veracidad de un hecho sea menos importante que su apego emocional, se ha utilizado veinte veces más que en 2015. Aunque ya se había empleado en 1992 durante la Guerra del Golfo, es a raíz del plebiscito del Brexit cuando comienza su expansión.

Muchos editoriales han hecho uso de este término para describir los cambios que está sufriendo la política, pero el vulgo digital también ha encontrado su propia palabra para luchar contra las fake news: Invent. Literalmente invento, es una respuesta que se puede encontrar en el hilo de comentarios de muchas publicaciones falsas y que los usuarios esgrimen para denunciar casos de dudosa veracidad.

Tras el descalabro de las elecciones estadounideses -que la web Politifact calificó como “la mayor mentira de EE UU”-, los usuarios de las redes sociales han comenzado a desconfiar de ellas y volverse hacia los medios tradicionales, que ofrecen mayor seguridad al lector. “The New York Times o Washington Post han ganado en suscriptores”, señala Victoria Prego sobre el auge de las fake news. En su opinión, el valor de una noticia sigue recayendo en el quehacer profesional del periodista, que debe informar “con independencia, responsabilidad, veracidad y objetividad”.

Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, sentenció que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. De haber tenido Internet, le hubiese bastado con un tuit.


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