Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Tecnología

​Novedades en el frente

​Novedades en el frente

Borja Vaz.

14/04/2016 a las 06:00
El despido de Alison Rapp de Nintendo of America es la última batalla de una guerra cultural que está teniendo lugar en el mundo del videojuego.

En 2014 prendió la mecha del conflicto entre dos facciones, sin ninguna definición clara, por la primacía en un sector específico de la industria de entretenimiento. Un supuesto escándalo sobre las relaciones demasiado cercanas entre la élite de la prensa especializada en Estados Unidos y las empresas desarrolladoras de videojuegos, que el hermano del actor Alec Baldwin denominó, sin mucha imaginación por cierto, Gamergate, fue la primera escaramuza en una guerra abierta, salvaje y despiadada. Profundizar en el Gamergate y todos los eventos relacionados es sumergirse en una fosa séptica insondable donde se mezclan aspiraciones legítimas con lo peor del ser humano, enfangando las posiciones de los dos bandos.

En esta guerra se mezcla todo sin aparente orden ni concierto: la ética periodística de la prensa de videojuegos, la agenda feminista, el acoso online, los estudios de género, las amenazas terroristas, la violencia sexual, los arquetipos machistas de la industria, las diferencias culturales entre Japón y Occidente… El nivel de violencia verbal empleado por algunos extremistas bajo la protección anónima de Internet ha llevado a que no exista ningún tipo de diálogo entre las partes, que ven al otro no como un adversario al que poder convencer, sino como un enemigo al que hay que destruir. El conflicto es tan brutal que prácticamente nadie puede tomar una posición neutral o ambivalente. Si te pronuncias sobre la cuestión, de una forma u otra, te arrinconan a uno u otro extremo. Es una realidad demencial que cumple todas las características de una verdadera guerra cultural.

Alison Rapp trabajaba como parte del equipo de Relaciones Públicas de Nintendo Treehouse, el equipo de localización de Nintendo of America. La localización tanto de Fire Emblem: Fates como Xenoblade Chronicles X conllevó cierta polémica por la decisión de Nintendo de eliminar o rebajar ciertas características de los juegos que pudieran ser consideradas misóginas o excesivamente sexuales. Algunos usuarios montaron en cólera por algo que vieron como un ejemplo de censura autoinfligida para no despertar las iras de los SJW (Social Justice Warriors, Guerreros por la Justicia Social en inglés), un término derogatorio que usan con todo aquel que exija un estándar más maduro e inclusivo a la industria, y centraron sus ataques en Rapp, a pesar de que ella no formaba parte del equipo que tomó esas decisiones y ni siquiera trabajó en la localización de esos juegos. El acoso se prolongó durante semanas y destapó un supuesto artículo de investigación académica de cuando estudiaba en la universidad donde veía la presión que Occidente ejercía sobre Japón para que reforzara sus leyes contra la pornografía infantil como una forma de imposición cultural, y apoyaba que se permitiera a Japón ir a su propio ritmo y tomar decisiones sin presiones ni injerencias. El texto, escrito hace años, le ha valido que la tilden de apologista del abuso a menores, sin reparar que el paper se limita a mostrar la misma tolerancia a los fetichismos japoneses que ellos reclamaban para los juegos de Nintendo.

El 30 de marzo Alison dio a conocer en su cuenta de Twitter que había sido despedida de Nintendo, y muchos lo han visto como una concesión de la empresa a la presión ejercida por radicales del Gamergate. Los nipones se limitaron a publicar un comunicado donde decían que Rapp había tenido un segundo trabajo que entraba en conflicto directo con las actividades de Nintendo y que le deseaban suerte en sus futuros empeños. Ni Rapp ni Nintendo han especificado cuál era ese segundo trabajo.

Los videojuegos se están viendo sometidos a un escrutinio que muchos aficionados ven como una intromisión en su propia identidad y que temen que si los estudios de género obligan a los creadores a ser todo lo inclusivos posible acabarán siendo masas uniformes, carentes de personalidad que terminen por no apelar a nadie. Pero la realidad es que la misoginia de algunos videojuegos resulta aberrante, que en Occidente llevamos la lucha contra el machismo más avanzada que en Japón y que tratar de que las representaciones de las mujeres en los videojuegos sean más inclusivas solo puede beneficiar a los propios videojuegos.

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Desde solo 0,27€ al día
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra