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BIODIVERSIDAD

El concierto sonoro de la naturaleza ahora es más pobre

El naturalista y periodista Carlos de Hita recientemente ha sido galardonado con el premio Fronteras de la Fundación BBVA

La playa de Gulpiyuri en Asturias, entre la costa de Llanes y Ribadesella.

La mitad de las playas españolas esconde un 'tesoro' de biodiversidad

La playa de Gulpiyuri en Asturias, entre la costa de Llanes y Ribadesella.

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Actualizada 01/10/2016 a las 12:29
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  • EFE. MADRID
El paisaje sonoro se ha empobrecido en España en los últimos 50 años, debido a la progresiva pérdida de la biodiversidad, ha advertido el naturalista y periodista Carlos de Hita, recientemente galardonado con el premio Fronteras de la Fundación BBVA.

De Hita obtuvo esta distinción en la categoría de difusión y sensibilidad por su pionera e innovadora trayectoria en la grabación y difusión de una amplia gama de sonidos de la naturaleza.

En el último medio siglo, según datos de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), "la población de algunas especies de aves se ha reducido entre un 30 y un 50%, es decir, que hoy en día de tres codornices que había solo queda una", explica De Hita en una entrevista con Efeverde.

"La serenidad, la tensión, el miedo... todo está en el paisaje sonoro, no hay sonidos mejores ni peores, yo intento registrar esos sonidos", pero "caminamos hacia una primavera silenciosa", ha dicho, en recuerdo del libro de la científica estadounidense Rachel Carson ("Primavera silenciosa"), que contribuyó a la puesta en marcha de la moderna conciencia ambiental.

"El concierto sonoro de la naturaleza ahora es mucho más pobre, hay muchos menos instrumentistas", ha aseverado, "aunque la naturaleza sigue teniendo todos los sonidos del mundo, la tranquilidad, la serenidad, el miedo, que es lo que yo cuento".

"El sonido es consecuencia del comportamiento de los animales, puedes saber en qué ciclo vital están, hay mucha información, es cuestión de memoria e interés por aprender y memorizar ese complejo y enmarañado mundo de las aves".

Ha manifestado que en su archivo existe una carpeta clasificada como "indeterminados", en referencia a los sonidos que no ha sabido clasificar, porque para "estar en la naturaleza y ver lo que pasa ahí, hay que tener dos cualidades, entender lo que está pasando ahí y la paciencia suficiente para confundirte con el entorno".

Empecé a grabar hace más de 30 años por el canto de las aves, soy técnico de sonido y naturalista, pero mi afición viene de más lejos cuando "salía a ver animales, esa fue mi formación", antes de grabar para series documentales, "en las que formaba parte del grupo de naturalistas del rodaje, y derivé a grabar por mi trabajo, pero básicamente hay que saber estar en el campo y disfrutarlo".

Aprendí con los reportajes de Félix Rodríguez de la Fuente, y en mi primer trabajo "tuve mucha suerte", fue al rodar "Silencio roto", una serie de documentales para Televisión Española con Joaquín Araújo, y "yo siendo naturalista del equipo de rodaje empecé a grabar el sonido de la naturaleza".

Siguió con grabaciones por su cuenta y pronto comenzó a colaborar en documentales, películas a las que suministró algunos sonidos, pero "tengo dos momentos que me hacen profesional", el trabajo para crear una "fonoteca zoológica" en el Centro Nacional de Educación Ambiental (Ceneam) y la participación durante 20 años en el programa de Iñaki Gabilondo en la Cadena SER.

"Por un lado estaba detrás del micrófono grabando sonidos de la naturaleza y por otro estaba delante del micrófono contando cómo sonaba la naturaleza", ha recordado, "con Iñaki hicimos que el sonido de la naturaleza fuese algo así como noticia todas las semanas".

Sin embargo, ha afirmado que en España aún hay mucho que hacer para lograr un que el cine de la naturaleza llegue a los índices de países como Francia donde la película "Las estaciones" logró un millón de espectadores, mientras aquí solo se llegó a los 20.000.

Actualmente trabaja en la postproducción de "Cantábrico, el sonido del oso pardo", secuela de "Guadalquivir" (2014), que logró estar en la salas de cine durante tres meses, pero recuerda con pesar que los documentales de naturaleza tienen un sambenito "son para dormir la siesta"...
Mientras los programadores de televisión no cambien y no consideren en sus carteleras a la naturaleza, seguirán siendo programas "marginales", ha concluido.

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