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Medio Ambiente

El oso, símbolo de la fauna cantábrica tras 40 años al borde de la extinción

La población de plantígrados alcanza ya cifras que invitan al optimismo y hacen ver que sí es posible su recuperación

Actualizada 15/08/2016 a las 11:33
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  • efe. oviedo
Los osos se han convertido en uno de los símbolos de la fauna cantábrica más de 40 años después de que esta especie se catalogara en peligro de extinción en la cordillera, donde la población de plantígrados alcanza ya cifras que invitan al optimismo y hacen ver que sí es posible su recuperación.

El oso es una especie que sirve como medidor de un hábitat bien conservado, según explican los directores de las distintas fundaciones que trabajan en la recuperación de los plantígrados en la cordillera Cantábrica, donde en 1995 habitaba una población de entre 70 a 90 osos.

Veinte años después, y tras una larga labor de protección de la especie y concienciación de la población, la cordillera Cantábrica alberga una población que oscila entre los 230 y los 260 individuos, cuyo principal problema es que están separados en dos zonas, la oriental y la occidental, que no tienen comunicación genética.

La principal amenaza de esta especie, que hoy en día se ha convertido en un auténtico reclamo turístico en los pueblos de las montañas cantábricas, fue el furtivismo, según explica el presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), Roberto Hartasánchez.

Coincide con Hartasánchez el presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP), Guillermo Palomero, aunque éste señala que, pese a no haber desaparecido del todo, es una actividad que ya no se da tanto y que además cuenta con el rechazo social, ya que el oso ahora es visto como "una oportunidad y como un aliado para las zonas rurales".

El principal problema actual del oso en la cordillera Cantábrica es la diferenciación entre la zona occidental, en la que los osos han evolucionado notablemente, y la zona oriental, donde la recuperación de la especie va a un ritmo más lento.

En el año 2011, se estimaba en la Cantábrica una población osera de entre 195 a 210 individuos, de los cuales una horquilla de 175 a 190 ejemplares residían en la zona occidental y solo una veintena aproximada de osos habitaban la zona oriental, unas cifras que han ido evolucionando, pero manteniendo estas diferencias.

Así, la población actual, que se estima entre 230 a 260 osos, se reparte en unos 190 a 220 individuos en el área occidental, y unos 40 osos en la oriental, lo que demuestra la necesidad de conectar ambas poblaciones para obtener una mayor variedad genética y, con ello, un mayor seguro de supervivencia de la especie.

Según Hartasánchez, esta diferencia se debe a que en la zona occidental (Somiedo, Belmonte de Miranda, Proaza y Cangas del Narcea) se trabaja en la protección y concienciación medioambiental, sobre todo de los cazadores, y en la zona oriental (Quirós, Pola de Lena,Riaño y Fuentes Carrionas) aún existen "graves problemas con los furtivos".

Las cifras generales de población, si no atendemos a la diferencia de zonas, invitan al optimismo, según afirman los ecologistas, pero distan de considerar a la especie fuera de peligro de extinción, ya que para ello debería haber, por un lado, mayor número de ejemplares y por otro, mayor distribución territorial.

El director de la fundación Oso de Asturias (FOA), José Tuñón, asegura que "no es tan importante el número de individuos como el área que tengan de distribución", por lo que el reto para la recuperación de la especie radica, según este experto, en "la conectividad entre las dos poblaciones", algo en lo que las tres fundaciones trabajan día a día.

Para conseguir estos objetivos se está trabajando en plantaciones para salvar infraestructuras humanas como las autopistas o carreteras, como es el caso del corredor del Huerna, en cuyos límites apareció el año pasado una osa con crías, algo que para Tuñón supuso un "hito" en la recuperación de la especie.

Otro de los retos actuales es el de gestionar y regular el turismo osero, que en los últimos años ha experimentado un gran auge convirtiendo al animal en un auténtico reclamo turístico, algo que hace ver a la especie como una aliada y generadora de empleo en zonas rurales, pero que se realiza, según los expertos, con desorden.

A pesar de existir un protocolo de recomendaciones para la observación del lince, el lobo y el oso, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, los directores de las tres fundaciones que trabajan con el oso, piden una regulación especifica para que se pueda disfrutar del animal desde la "precaución y sin alterar su hábitat".

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