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Medio Ambiente

Un nido playero de 88 huevos de tortuga boba, entre algodones en pleno agosto

Una llamada a tiempo al 112 hecha por unos inesperados testigos permitirá que los 88 huevos de tortuga boba, una especie en peligro de extinción, puedan tener un final feliz

Una tortuga boba desova en la costa valenciana

Está en peligro de extinción y sólo hay tres desoves documentados en la zona

ATLAS
Una imagen de la tortuga que ha desovado en la costa alicantina.

Un nido playero de 88 huevos de tortuga boba, entre algodones en pleno agosto

Una imagen de la tortuga que ha desovado en la costa alicantina.

08/08/2016 a las 17:30
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  • EFE . VALENCIA
Una llamada a tiempo al 112 hecha por unos inesperados testigos permitirá que los 88 huevos de tortuga boba, una especie en peligro de extinción, puedan tener un final feliz en unas condiciones que no eran a priori las más favorables: un nido en una concurrida playa de Valencia y en pleno agosto.

Según explican los responsables de su cuidado y vigilancia, gracias a la rápida intervención de técnicos y especialistas, el nido está ahora tan protegido que hasta se salvaguarda su ubicación para que la vorágine estival y la presencia de curiosos no impida la eclosión de los huevos, prevista para la próxima semana y que incluso estará vigilada por una Unidad Militar de Emergencias.

Todo ocurrió hace escasos días, cuando un grupo de jóvenes que se encontraba en una playa de Sueca (Valencia) vio salir una tortuga de grandes dimensiones, llamó al 112 y permitió que se activara el protocolo.

Los jóvenes entretuvieron al ejemplar de grandes dimensiones -su caparazón puede superar el metro de largo-, hasta que llegaron los técnicos, que pudieron hacerle analíticas, localizar el nido y protegerlo, relata a EFE la concejal de Medio Ambiente de Sueca, Isabel Jiménez.

"En 200 años, es la cuarta tortuga marina que ha venido a nuestras costas a desovar", explica Juan Eymar, técnico en recuperación de fauna marina de la Conselleria de Medio Ambiente, "así que estamos de enhorabuena".

"Se cogieron unos cuantos huevos y se llevaron a una incubadora dentro del Oceanogràfic -de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia-, más que nada por si este nido se inunda u ocurriera algún otro tipo de accidente. A partir del día 17 empezamos a estar en zona de riesgo para que este nido pueda eclosionar", detalla.

Según Eymar, este nido "está protegido", y dos veces al día él comprueba "que todo está perfecto". El nido está a 50 centímetros de profundidad, protegido con una redecilla metálica y dentro de una reserva integral, en la que está prohibida la entrada de personas al ser una zona acotada.

"Las tortugas nacen todas a la vez, pero no salen de una en una al exterior. Emiten un sonido y salen juntas a la superficie y así tienen más posibilidades de sobrevivir", explica Eymar.

A los siete u ocho días después de nacer se soltarán en Sueca (Valencia), aunque algunas se quedarán en el Oceanogràfic hasta que tengan un tamaño apropiado. Se estudiará colocarles un satélite antes de soltarlas en el mar: "Todo es para seguir aprendiendo", señala.

Según sus cálculos, el 75 por ciento de casos como éste (unos 66 huevos) suele acabar con éxito en una nidificación, pero suele ser abundante la mortandad y la depredación.

La playa valenciana de Puçol y las alicantinas de San Juan y Torrevieja fueron los puntos donde en años anteriores se pudieron localizar nidos de tortugas.

La tortuga boba es una especie protegida que puede llegar a vivir 90 años y pesar 100 kilos, y de la que se desconoce el número de miembros que habita en las aguas del Mediterráneo.

Desde la Conselleria explican que se hacen grandes campañas para que se sepa que no hay sanción por pescarla accidentalmente y la necesidad de llamar al 112 para activar el protocolo. De hecho, este año se regalará una estancia hotelera de lujo para el pescador que más tortugas entregue.

Por su parte, Sara Sánchez-Quiñones, portavoz de la asociación Xaloc, que se encargará a partir del próximo día 17 de custodiar y vigilar el nido durante las 24 horas, comenta a EFE que su labor pasa por la vigilancia integral hasta el nacimiento de las tortugas.

A partir de esa fecha, la Unidad Militar de Emergencias (UME) instalará una tienda de campaña de las utilizadas en operaciones especiales, el Parador de El Saler se ocupará de la comida de los voluntarios, y la firma francesa Decathlon colaborará con la ropa que van a llevar.

"Hay muchísima emoción porque a un evento tan insólito merece la pena dedicarle el máximo esfuerzo posible", concluye Sánchez-Quiñones.

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