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La OMS teme que el mal uso de antibióticos deje sin cura enfermedades sexuales

Abusar de ellos o no cumplir las indicaciones médicas está provocando que aparezcan cada vez más cepas resistentes a los tratamientos

31/08/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
Más de 130 millones de personas se contagian de clamidia cada año, casi 80 millones se infectan de gonorrea, y a unas 5,6 millones les diagnostican sífilis. Son las enfermedades de transmisión sexual más comunes, y un problema al alza para los sistemas sanitarios de todo el mundo. Pese a que las tres tienen cura, el mal uso de los antibióticos está provocando que cada vez sea más habitual la aparición de cepas resistentes a los tratamientos. Ayer, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta y pidió a los países actualizar sus protocolos de intervención para limitar los riesgos.

"La clamidiasis, la gonorrea y la sífilis representan importantes problemas de salud pública en todo el mundo", afirmó Ian Askew, director de Salud Reproductiva de la OMS. "Menoscaban la calidad de vida de millones de personas y provocan patologías graves; incluso la muerte". En mujeres, estas dolencias puede provocar inflamación pélvica, embarazos ectópicos o abortos espontáneos. En caso de embarazo, disparan el riesgo de muerte neonatal. En general, padecerlas aumenta el riesgo de contagio por VIH y puede provocar infertilidad. Y aunque hace décadas que existen antibióticos efectivos capaces de acabar con ellas, en los últimos años se han hecho más comunes las cepas resistentes a los tratamientos. Aunque la clamidia es más común de las tres, la bacteria que más preocupa a los expertos de la OMS es la responsable de la gonorrea. "Es la más resistente a antibióticos", resaltó ayer la organización que coordina respuestas globales a los problemas de salud mundial. "Ya se han detectado cepas de N. gonorrhoeae multirresistentes que no reaccionan ante ninguno de los antibióticos disponibles". Ya hay, por tanto, casos de pacientes infectados por este patógeno y que no ha sido posible curar. Esta dificultad también pasa a los que se contagien a partir de ellos, e incluso puede propagarse a otras bacterias por un proceso denominado 'transferencia lateral de genes'.

RESISTENTES A TODO

"La resistencia de la gonorrea a los antimicrobianos ha aparecido y se ha expandido tras la puesta en circulación de cada una de las nuevas clases de antibióticos", indicó la OMS en su alerta. "Debido a esta resistencia generalizada, los antibióticos más antiguos y más baratos ya han perdido su eficacia terapéutica contra la infección". A menudo, los tratamientos que se han utilizado durante décadas no solo son más eficaces, sino más seguros. Cuando dejan de funcionar, los médicos tienen que recurrir a otros, de emergencia, que igual todavía funcionan pero son más peligrosos para el individuo.

En el caso de la sífilis, el problema que se encuentran los expertos es la escasez creciente del mejor tratamiento que se conoce: una inyección de penicilina benzatínica en la nalga. "La OMS ha recibido notificaciones de desabastecimiento en varios países con elevada carga de sífilis", indica la organización.

El fenómeno de la resistencia a antibióticos no es exclusivo de las infecciones de transmisión sexual. Ya se ha identificado en prácticamente todas las dolencias provocadas por bacterias, impulsado por un mal uso de estos fármacos. A veces porque no se cumplen las indicaciones médicas -y no se completa el tratamiento, lo que permite a los patógenos sobrevivir lo suficiente como para desarrollar la capacidad de evitar el ataque del fármaco- y a veces, simplemente, porque se abusa de ellos. Son un elemento clave en la lucha de la humanidad contra las enfermedades infecciosas, y están dejando de ser efectivas. Para colmo, la investigación apenas está consiguiendo descubrir nuevas moléculas que cumplan este cometido.

"En las nuevas directrices de la OMS se reitera la necesidad de tratar estas enfermedades de transmisión sexual con los antibióticos adecuados, en las dosis correctas y en el momento oportuno con el fin de reducir su propagación y de mejorar la salud sexual y reproductiva", recalcó Askew. Cada país deberá analizar sus propios problemas de resistencia a fármacos, que son parecidos pero no iguales. y adaptar las recomendaciones a su situación.

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