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Care Santos presentó "Media vida"

El acelerado paso adelante de una generación de mujeres

Care Santos en el club de lectura de Diario de Navarra

Care Santos en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 17/07/2017 a las 10:09
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  • José Ignacio Roldán

Media vida es un homenaje a las mujeres españolas que nacieron en los años 30, "las que recibieron una educación que las devolvió al siglo XIX, las modeló de una determinada forma y las privó de derechos. Al llegar a la Transición se dieron cuenta de que su educación no encajaba con la nueva sociedad y tuvieron que adaptarse a marchas forzadas". Esa es la motivación que subyace detrás del último Premio Nadal y así lo explicó Care Santos, su autora, en el club de lectura de Diario de Navarra el pasado 4 de julio.

La adaptación de esta generación de mujeres al nuevo orden hubo de forma abrupta. "Una de las leyes que más cambiaron las cosas fue la de divorcio porque cambió la vida de las personas". Sin embargo, cuenta Care Santos que no fue una ley bien recibida por toda la sociedad. "Hoy no se cuestiona, pero entonces los sectores más conservadores hablaban de catástrofes. Fue así porque veníamos de una sociedad muy atrasada y la ley cayó como una bomba atómica, como sucede a algunas de las mujeres de la novela. Quise reflejar en las protagonistas las reacciones ante una ley que cambiaba las cosas".

Los hombres y lo que se espera de ellos

Care Santos cree que la educación franquista afectó a mujeres y también los varones, pero en el caso de las mujeres se añadía la carencia de derechos. "Las mujeres estaban supeditadas al varón, no podían tener pasaporte propio, ni tener una cuenta bancaria o comprar un coche porque las letras estaban a nombre del marido. Los hombres también tuvieron que adaptarse y continúan en ese proceso porque todavía no son lo que se espera de ellos. Hay cosas que están pasando y que son síntomas de que los hombres aún no son lo que se espera de ellos: tienen que reconocer que los hombres y mujeres son iguales en todo".

En Media vida, cinco niñas viven en un internado en 1950. Pasados 31 años, ya en 1981 y con 45 años, vuelven a reunirse en torno a una cena. La cita servirá a las protagonistas para hacer examen de la mitad de su vida, a la luz de los nuevos tiempos. Son cinco mujeres diferentes, cinco formas de posicionarse ante la vida que les tocó vivir. "Son distintas porque quería que lo fueran. Cinco caminos y a la vez cinco respuestas a lo que la vida les ha servido, porque todos somos lo que hemos recibido más lo experimentado".

De las cinco, Marta es quien más se le parece porque tiene dos préstamos suyos: ambas son escritoras y tienen afición por la cocina. Sin embargo, Julia es su favorita. De hecho, presentó la novela con el seudónimo Julia Salas, nombre y apellido del personaje, construido a partir de mujeres que se dedicaron a la política en la Transición. A Julia le sumó la historia de la cárcel de mujeres de Barcelona, de la que solo queda una pequeña placa difícil de encontrar en la pared de los grandes almacenes que ocupan su lugar. "Fijaos que esa cárcel está borrada de la historia y no sé por qué. Empezó en la República y Franco la usó para presas políticas y por otras cosas. No era originalmente cárcel, sino masía y convento, y no reunía condiciones. Decían que era para 800 presas y hubo 3.000. Todo lo que cuento es verdad: el hacinamiento para dormir y que no se querían duchar porque para secarse solo tenían las mantas y las mantas estaban llenas de pulgas. Era un horror. Era mejor no ducharse. Lo mejor de la prisión era la camaradería y de eso aporto testimonios reales".

Para reconstruir la época y dotar de perfil a sus personajes, Care Santos se documenta a conciencia y cita el caso de las comidas de Franco. "Lo de Carmen Polo comprando un libro es ficción, pero no lo es que por miedo a que envenenaran a Franco, despidieron a todos los cocineros que estaban a su servicio y en su lugar pusieron a cocinar a dos guardias civiles. No tenían ni idea, y les dieron un cursillo para que Franco, que no le gustaba lo que hacían, no acabara comiendo siempre pan con queso. Tengo que hacer un cuento o novela corta sobre esos guardias civiles intentando cocinar cosas ricas a la familia Franco Polo. Darle de comer a Franco tiene tenía que ser difícil porque tenía pinta de que todo le sentara mal. Y sobre todo tenía que ser dificilísimo dar de comer a su mujer".

El perdón

Media vida hace referencia al pasado y también al futuro. "El título lo sé antes de empezar, no puedo empezar a escribir sin saberlo, y trata de mi madurez. La edad de las chicas protagonistas es la mía. Responde a una conciencia de cosas. Creo que la madurez comienza cuando te das cuenta de que el pasado ya tiene importancia en tu vida y tienes que aprender a vivir con él. Ese pasado tiene cosas muy bonitas y también todo lo malo que dejan los años, espinas clavadas y perdones pendientes. Entonces te das cuenta de que el pasado es un lastre con el que hay que aprender a vivir porque queda mucha vida todavía. En ese momento están las chicas de la novela y en ese momento estaba yo cuando empecé a escribir".

Es precisamente el perdón el otro de los ejes de la novela. "El perdón es un tema que me inquieta. El libro empieza con una cita de Joan Carles Melich que dice que solo se puede perdonar lo imperdonable. Depende de la situación personal de quien perdona. Y no es lo mismo para Julia perdonar si hubiera seguido siendo la niña pobre y humillada por las demás, que perdonar en su situación. Ninguna de las otras ha conseguido en la vida lo que ella a nivel profesional y académico. Para ella, lo personal quedó atrás, como pasó con muchas de las mujeres de esa generación que se dedicaron a la política".

Julia está en el proceso de hacer las paces con su pasado y poder encarar el presente. "Es lo mejor que hacen las cinco porque esto no es una novela sobre la amistad, no son amigas, se detestan, van a la cena pero no saben para qué. Lo que hacen en esa cena es establecer los cimientos de una amistad. Esto es la historia del nacimiento de una amistad".

Teresa Pujolá

En la vida de Care Santos hay una persona clave: su abuela materna Teresa Pujolá, a cuya historia cuenta en Diamante azul. "Teresa fue decisiva para mí. Sin saberlo, era escritora y sembró en mí la afición por contar historias. Solo leyó una novela en su vida Felipe Derblay, de Georges Ohnet, y la tenía en la mesilla de noche, como la Biblia. La leí a los años para ver por qué la leyó tanto y descubrí que cuenta la historia de una niña rica que se enamora del pobre del pueblo, exactamente como le sucedió a mi abuela. Ella pertenecía a la burguesía industrial media, le buscaron novio rico, pero se enamoró del joven que les llevaba la leche, que era guapísimo y pobre de solemnidad. Le pidió matrimonio, la familia no quiso y ella se marchó de casa".

Esa historia la contaba Teresa muchas veces y muy bien, como todas las demás historias , sobre todo las que escuchaba al doctor Jiménez del Oso cuando hablaba de extraterrestres y que luego explicaba a su nieta, o las reiteradas apariciones del abuelo, que había fallecido 15 años antes. "Me enseñó cosas muy valiosas. En la época de las tecnologías, las palabras tienen un poder especial. Pueden competir con cualquier espectáculo y efectos especiales. Además me enseño la diferencia entre contar y contar bien. Daba igual lo que contara, todo era maravilloso, ya fueran muertos que regresaban o las vicisitudes de Carolina de Mónaco. Fue fascinante. Y soy escritora por ella; soñaba con conseguir ese efecto".

La crítica

Care ejerce la crítica literaria en la prensa española y, en consecuencia, le toca juzgar el trabajo de los compañeros. "Es la opinión de una persona y eso no lo puede olvidar nadie, ni autor ni lector. Estás legitimado para hacerlo, pero no deja de ser la opinión de una persona. Nunca he hecho exhibicionista, ni crítica irónica o cínica. Si algo no me ha gustado he preferido callar antes que cargármelo. También es verdad que solo hago primeras obras o primeros libros de relatos. Entiendo que son debutantes y que hay que tener cuidado antes de cargarte un autor de 25 años".

 


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