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Ignacio Martínez de Pisón presentó "Derecho natural"

Por qué vale la pena escribir

Ignacio Martínez de Pisón en el club de lectura de Diario de Navarra

Ignacio Martínez de Pisón en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 02/11/2017 a las 11:24
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  • José Ignacio Roldán

Dice Ignacio Martínez de Pisón que cada vez que un lector confiesa que se ha emocionado leyendo una novela suya se da cuenta de que vale la pena seguir escribiendo. Influir en el estado de ánimo de los demás es para él un privilegio maravilloso que compartió con el público asistente a la presentación de su última novela, Derecho natural, el pasado mes de junio en el club de lectura de Diario de Navarra.

Derecho natural cuenta la historia de una familia desde finales de los 60 hasta la Transición. El narrador es Ángel, el hijo mayor, y cuenta las peripecias de su padre, actor de tercera fila e imitador de Demis Roussos en salas de fiestas. Un padre que no está casado con su madre y que abandona varias ocasiones la familia, hasta que finalmente regresa tras un accidente y se casa con la madre. Sin embargo, las relaciones vuelven a torcerse y se hacen tan inexplicables y desconcertantes que impulsan a Ángel a estudiar Derecho para poder juzgar los comportamientos que ve en casa. Surgen los conceptos de Derecho y Justicia y no siempre coinciden.

Esa familia peculiar que vive también momentos de alegría en los que acaban cantando El romancillo de mayo, de Miguel Hernández, al que puso música Serrat. Se trata de un préstamo del autor al personaje: “No puedo evitar sentirme feliz al oír “Por fin trajo el verde mayo correhuelas y albahacas” y esa sensación de felicidad se la trasladé al personaje, que siempre recordará ese momento de felicidad asociado a esa canción”. Para Ignacio, este es un privilegio de la música que comparten los novelistas. “Serrat jamás sabrá los momentos de felicidad que me ha dado con esa canción. Los escritores hacemos lo mismo. Intervenimos en el estado de ánimo cuando escribimos en nuestra casa. Meses o años después alguien se emociona con ese texto, ríe o llora. Pensar que eres capaz de intervenir en el estado de ánimo de alguien en la distancia y en otra época es maravilloso. Y cuando alguien te lo cuenta te das cuenta de que vale la pensar seguir escribiendo”.

La misma sinopsis en varias novelas

Dice Ignacio Martínez de Pisón que varias novelas suyas responden a la misma sinopsis: familia española conflictiva en la Transición. Primero por ser una etapa de indudable interés político y social, y segundo porque la familia, que puede ser jaula o refugio, es un entorno donde anidan comportamientos humanos extremos. Derecho natural responde a ese patrón, pero con un enfoque diferente.

“La sinopsis es la misma, pero las novelas no se parecen tanto porque cada familia es conflictiva a su manera y la Transición a veces no se ve demasiado. Pero sí que es uno de los grandes temas y todos los escritores hablan en algún momento de la familia, de su padre o de su mujer”. Es así porque el lector reconoce los conflictos familiares como propios, pasan cosas que nos pasan a todos. “Hay elementos constantes, eternos, que podemos sentir propios. A mí me gustan los libros que te devuelven la visión del mundo cercana a ti, donde puedes reconocer personajes, situaciones, anécdotas … En esta familia alguien se traga una peseta, ¿quién no conoce alguien que se haya tragado una peseta? Es jun poco más raro que la eche otra, pero la imagen de la madre removiendo todo a ver si aparece la peseta lo hemos visto todos”.

El turrón de Mateo

Y luego están las liturgias y las costumbres en fechas señaladas como Nochebuena. Se repiten las mismas anécdotas, los mismos chistes. “En mi casa se cuenta siempre la anécdota de un perro que teníamos llamado Mateo. Mi madre, como muchas madres, repartía cualidades entre los hijos: este es bueno para el dibujo, este para el deporte, este es muy ahorrativo… Yo tengo un hermano que es muy ahorrativo y cuando mi madre repartía el turrón de Jijona en cinco tiras, cuatro nos lanzábamos a nuestro trozo y nos lo comíamos rápidamente, menos mi hermano el ahorrativo, que nos quería dar envidia enseñándonos el trozo de turrón que aún le quedaba. En estas, el trozo de turrón se le partió por la mitad y antes de que llegara al suelo se lo comió Mateo de un bocado. Esa anécdota no ha faltado en ninguna Nochebuena de mi familia desde 1977”.

La mujer y la Transición

De la Transición le gusta el cambio en la situación de la mujer. “Pasamos de dictadura a democracia y la mujer también. En poco tiempo da pasos agigantados. Comienza a cambiar de verdad la larga marcha de la mujer hacia la igualdad. Muchas no estaban preparadas porque la sociedad no les había preparado, como le pasa a mi personaje. Luisa está aturdida y, cuando tiene que tomar las riendas, se siente insegura porque no estaba preparada. Por ejemplo, tuvo que aprender a conducir, como mi madre cuando se quedó viuda”.

El otro aspecto que extrae de la Transición para la novela es la Ley de Divorcio. “Tenía que haber sido de la primera y, en cambio, se le criticó a Fernández Ordoñez desde los sectores más conservadores, tanto que hubo jueces que no concedían el divorcio. Conozco a quien se quiso separar y el juez les dijo “dense otra oportunidad”. Entre proteger la felicidad o el matrimonio el juez pensó que había que proteger el matrimonio”.

De actor de serie B a Demis Roussos

Martínez de Pisón pensó en escribir una historia sobre películas españolas zarrapastrosas de serie B. “Hay anécdotas muy graciosas, pero no material suficiente para una novela. Jesús Franco cuenta cómo muchas veces les daban a los actores un guion que no se entendía en absoluto, no había continuidad. Lo que ocurría es que les daban dos guiones en uno. Separaban las escenas, hacían dos películas y pagaban por una”. Una de esas anécdotas la traslada a Derecho natural: cuando al padre le dejan en prenda en un hotel. “Ocurrió una vez. Los productores no pagaban a nadie y, al marcharse del hotel, dijeron en recepción que iban a por el dinero. Prueba de que volverían era que se quedaba un actor en garantía. Ahí se quedó el actor hasta que llegó la Guardia Civil, pero él tampoco sabía nada y no le habían pagado”.

El caso es que el personaje que tenía preparado fue engordando y quedándose calvo y pareciéndose a Demis Roussos. “Pensé que era mejor hablar de su etapa de imitador en salas de fiesta en los 80, que como actor de aquellas películas. Entre tanto, además, se murió el verdadero Demis Roussos y descubrí varias anécdotas de su vida que me vinieron bien para la novela, como el secuestro o su método para adelgazar, que no era tal porque lo que sufría era una depresión”.

El protagonista y narrador de Derecho natural tiene casi la misma edad del autor. “Este es el narrador más cercano a mí pero solo generacionalmente. Es soso, apocado, temeroso, con defectos que me disgustan. No es aventurero, está enamorado de la chica de siempre y no es capaz de cambiar. Al mismo tiempo me gusta esa visión generosa de los demás, quiere entender las causas de lo que hacen los demás, aunque estén mal hechas. Juzga y tiende a ponerse en el lado del otro, a comprender. Ha crecido deprisa y tiene la idea de la responsabilidad que a mí me gusta. Me gusta que quiera arreglar no solo sus cosas, sino también las cosas de los demás. También me gusta que lo canalice a través del Derecho, que use el Derecho como herramienta para comprender el mundo”.

Precisamente Ignacio estudió primero de Derecho. “Me hubiera gustado acabar y dotarme de las mismas herramientas del narrador para entender la realidad, porque las leyes son las reglas del juego de la vida y las reglas de una sociedad hablan mucho de cómo es esa sociedad, nos permite entender como somos.”

Sin citas ni dedicatorias

Derecho natural no tiene cita inicial ni dedicatoria. Dice Ignacio que no lo suele hacer, y aprovechó la pregunta para contar algunos escritores se las inventan. Enrique Vila-Matas tiene una cita que ha ido atribuyendo a varias escritoras y que dice “Escribir es averiguar qué escribirías si escribieras”. No está mal como acertijo. Se la ha atribuido a Marguerite Duras, a Nathalie Sarraute y varias escritoras francesas y luego va viendo por ahí quién la repite y a quién se la adjudica. Según a quién se la adjudique sabe qué libro ha leído. De hecho, ha puesto en circulación otras citas. Hay una de Kafka que es verdadera, pero que él reescribió. En los diarios de Kafka, el día que empieza la Primera Guerra Mundial , el 29 de julio de 1914, dice algo así como “ha estallado la guerra, por la tarde fui a nadar”. En realidad es más larga, y la reescribió porque no funcionaba y no veas la cantidad de veces que se ha citado la de Vila-Matas en lugar de la original. Así que le debe de dar un gusto tremendo ver cómo le citan a él y no a Kafka. Yo, como soy escritor realista, no hago estas cosas. Los que no lo son, como él, tienen esa libertad”.

Ignacio Martínez de Pisón ha escrito Derecho natural después de ganar el Premio nacional de Narrativa con La buena reputación. “Son 20.000 euros libres de impuestos y la alegría de que un jurado de colegas y representantes de instituciones culturales elijan tu novela como la mejor del año. A la vez es una exigencia contigo mismo porque tu próximo libro tiene que ser mejor y eso tú no lo puedes saber”. Después añadió que “cuando eres joven, asociar el dinero a la literatura es adulterar la literatura. Luego, de mayor, te das cuenta de que no está mal porque hay que comer y pagar la luz”.

Padre navarro

El humor afloró de nuevo al hablar de su padre, navarro y militar. “Cuando entraba en Navarra con su coche –un Morris hecho en Pamplona- presumía de las carreteras que hacía la Diputación”. Sin embargo, a Ignacio no solo no sintió deseos de seguir los pasos de su padre sino que además fui objetor de coincidencia. “Yo no era apóstol de la objeción ni pacifista, pero no quería hacer la mili. En mi caso, la objeción no fue un acto de heroísmo, sino picaresca. Es verdad que era un ejército con restos franquistas, que se había levantado el 23F y que resultaba antipático, pero yo me hice objetor para no perder año y pico de mi vida. Al final, éramos tantos que en 1987 nos amnistiaron. No fue una amnistía sino que pasamos a una reserva extraña, pero lo llamábamos así. Curiosamente, la objeción está recogida en la Constitución y ya no existe el servicio militar obligatorio. Lo que me fastidia es que un ministro como Trillo Figueroa fuera el que lo aboliera”.

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