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FRANCISCO JAVIER BLÁZQUEZ PRESENTÓ "CARTAS PARA NO OLVIDAR"

¿Por qué no hablamos de la muerte?

Francisco Javier Blázquez presentando

Francisco Javier Blázquez presentando "Cartas para no olvidar"

Actualizada 18/04/2017 a las 11:44
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  • Laura Puy Muguiro

La del 10 de abril fue una tarde de historias en el Club de Lectura de Diario de Navarra. De historias para hablar de una concreta, la que ha narrado Francisco Javier Blázquez en su última novela, Cartas para no olvidar, con el nazismo de fondo. Doctor en Filosofía y profesor titular de Filosofía del Derecho en la UPNA, su "veta docente" surgió en varios momentos, alertando al público de los peligros del neolenguaje, los prejuicios, la intolerancia y el antisemitismo; narrando hechos históricos como el caso Dreyfus, el capitán francés de origen judío que fue acusado de ser espía para un gobierno extranjero y al que se declaró culpable, logrando el escritor Émile Zola demostrar que era una falacia y que Dreyfus era inocente; o hablando a la audiencia sobre el filántropo británico Nicholas Winton, que logró salvar a centenares de niños checos; dando su opinión sobre el Brexit, el Frente Nacional en Francia con Marie Le Pen, la muerte asistida o la bioética. Y es que, nacido en Castejón, Blázquez es, además de docente, miembro del comité de ética asistencial del Complejo Hospitalario de Navarra desde 2001 y patrono y secretario de la Fundación Pro Derechos Humanos Jaime Brunet desde 2000.

Blázquez ha estudiado el nazismo en profundidad ha escrito ensayos, artículos y ponencias y ha dirigido una obra colectiva sobre la relación entre nazismo, derecho y Estado. De su primera novela, Las huellas del silencio: Action T4, sobre las prácticas eutanásicas realizadas durante la época nazi, surgió Cartas para no olvidar, una sucesión de cartas cruzadas entre varios personajes desde el 1 de enero de 1950 hasta el 1 de diciembre de ese año.

Todas las cartas tienen origen o destino en un domicilio cerca de Colonia (Alemania), donde vive Karol con sus dos hijos, de 5 y 10 años. Karol estuvo casada con un militar alemán de las SS que cree muerto porque no ha vuelto a recibir ninguna carta suya desde que estaba en la guerra. "Pero un día recibe una misteriosa carta en su buzón que le induce a pensar que está vivo, como confirmará Karol más tarde, llevándole a tomar la decisión de su vida", resumió el responsable del Club de Lectura y director de Comunicación del Grupo La Información, Juan Ignacio Roldán, que ayer recordó que era el encuentro número 125 y que por las dependencias de la pamplonesa calle Zapatería han pasado 75 escritores distintos.

¿Por qué ha elegido las cartas como forma de escribir la novela? A la "ignorancia y osadía", Blázquez unió un tercer motivo, con historia, que comienza con sus clases en la universidad a alumnos de Enfermería, al hablarles un día de Eichmann, el teniente coronel de las SS nazis que se marchó de Alemania a Argentina, donde se escondió, aunque el Mosad -el servicio de inteligencia israelí- lo descubrió, llevándole a Jerusalén para procesarle. "En Argentina era mezquino, trepa, avaricioso, poco cualificado. Y a los años escribe a su esposa, diciéndole que vive, aunque no dónde, y que no diga nada, después de tantos años sin saber de él. A mí me pareció inhumano, insensible".

De regreso a casa se planteó que era un buen tema para escribir una novela. Además, el profesor había leído Paradero desconocido, "una joya de cuarenta páginas" que escribió Katherine Taylor bajo el pseudónimo de Kressmann Taylor y que cuenta la historia de dos amigos que viven en EE UU: uno de ellos judío y soltero, que se queda en EE UU, y otro alemán y casado, que se vuelve a Alemania. "La autora quiere mostrar al público norteamericano que está pasando en los años 30-40 en Alemania con los judíos porque en EE UU nadie sabe. Y ella crea una obra epistolar entre los dos amigos".

Cuidado a este hoy

Estamos en la época del neolenguaje. "Hay que tener mucho cuidado porque la mentira pasa por la verdad. La Historia no es lo que ha pasado: es el relato que cuenta lo que ha pasado. Y eso lo sabían en Alemania, que utilizaban siempre eufemismos, un lenguaje máscara. Sobre la eutanasia, para exterminar a las personas, decían que no tenían alma, jamás que las iban a matar".

La muerte

Ese tema tabú de hoy en día del que no se habla. Que en los pueblos se vive y que en la ciudad queda proscrita. "Hay un tema clave: la conspiración del silencio ante la muerte. Cuando un familiar con metástasis va a fallecer, ¿cómo que no se puede informarle para evitarle los últimos momentos? Si es una decisión que ha tomado previamente, de acuerdo, pero si ha manifestado que no, tiene derecho a que le den toda la información. No quiero entrar en problemas polémicos, pero es así". Hay gente que quiere morir en su casa, destacó, despedirse de los suyos, hablando, no callando. Porque, según esta conspiración del silencio, el paciente solo habla con la enfermera. Y le cuenta que todos a su alrededor saben que va a morir y él debe actuar como si no. "Y termina pidiéndole un beso porque va a ser lo último que se va a llevar antes de morir". El público rompió a aplaudir. Las campanas de las nueve de la noche sonaban. Ni que preparado.

Hitler, aquel homeless que un día habló moviendo las manos

Para su segunda novela Blázquez ha vuelto a utilizar el nazismo. Quería mostrar cómo los oficiales y dirigentes de las SS eran muy poco preparados y cualificados, "sobre todo moralmente"; que eran anodinos, vulgares, banales, gente muy avariciosa, muy ambiciosa, como Hitler, "alguien sin principios, sin experiencia, sin capacidad", pero con una maquinaria propagandística que puso tras él a todo el país. Porque Hitler terminó aprendiendo, con independencia de que las circunstancias le fueran favorables.

Entre ellas, la situación de Alemania, con una República de Weimar caída y un Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial que le exige grandes compensaciones, sumiéndola en una crisis social, económica y política "gravísima". "Y ante tanta desesperación viene alguien que la traduce en esperanza, elaborando un discurso que enardece al pueblo".

Era la época de los fascismos, "en la que la racionalidad se pierde". Y el nacionalsocialismo sabe cómo mover las masas, a pesar de que "Hitler no sabía nada al principio". Recordó entonces Blázquez su origen austriaco y cómo fue rechazado en Viena cuando intentó ingresar en la Escuela de Bellas Artes porque quería ser dibujante, suspendiendo los dos intentos de acceso.

De Viena a Munich, fue llamado a filas, donde le dieron "un uniforme, techo, comida y un hogar, porque hasta entonces vivía en la calle, sin oficio ni beneficio". Voluntario en una acción suicida del Ejército, resultó herido, siendo llevado a la retaguardia y "al peor de los oficios, como delator", pateándose las cervecerías de Munich para delatar a los socialistas, los 'izquierdistas', que decía él, los sindicalistas... y pasar informes. "Y se da cuenta de que la gente ve en los judíos al chivo expiatorio, al responsable de todos los males. Y un día se anima, da un discurso y la gente le aplaude. Y vuelve a casa diciéndose que sabe hablar. Y comienza a hacer gestos con las manos, a aprender oratoria. Y ante su público se convierte en muy culto. Y va teniendo éxito". Porque así era la época de los fascismos: pura irracionalidad y emotividad.


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