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La escritora presentó "Tarta de almedras con amor"

Ángela Vallvey: "La pornografía está robando la infancia a los niños y no debería permitirse"

Ángela Vallvey en el club de lectura de Diario de Navarra

Ángela Vallvey en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 07/04/2017 a las 19:30
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  • José Ignacio Roldán

"La pornografía está robando la infancia a los niños y me parece que no debería permitirse. Estamos sembrado algo que cuando lo recojamos nos horrorizará", afirmó Ángela Vallvey el pasado día 28 de marzo en el club de lectura de Diario de Navarra al presentar su última novela, Tarta de almendras con amor.

El libro cuenta la historia de Fiona, una joven de 17 años con problemas de obesidad por culpa de una mala alimentación, y que desde los 13 años cuida de su padre, que padece una enfermedad rara a raíz del accidente de tráfico en el que falleció su esposa. Fiona teme que los servicios sociales les separen si averiguan que ella es menor y su padre no puede hacerse cargo de ella.

Ángela Vallvey retrata a Fiona muy madura, pero inculta y con una clara dependencia de internet, como la mayoría de los adolescentes de hoy. "Los jóvenes y los adultos estamos imbuidos por una tecnología que ha cambiado completamente nuestra vida. Hay niños que están descuidados y se crían como pueden, delante del ordenador. Y hoy el ordenador está en tu bolsillo y te abre la puerta a la pornografía. Hay chavales que aprenden a relacionarse con los demás siguiendo las reglas de la pornografía, sin guía moral y en un contexto del que no sabes ni sabes ni puedes aprender ".

Bomba o fuente de energía

A continuación, Ángela Vallvey aclaró que "no soy tecnófoba porque la tecnología ha mejorado la vida de los seres humanos. El uso que hacemos de ella la hace buena o mala, la convierte en una bomba o en una fuente de energía. Antes los cambios duraban años, las transiciones entre estilos eran años. Las cosas tardaban años en materializarse. Nosotros hemos hecho un viaje tecnológico brutal en 5 o 7 años, coincidiendo con una recesión brutal. Han saltado por los aires los paradigmas culturales bajo los que vivíamos. Y eso nos ha superado".

El teléfono móvil ha cambiado las maneras de comunicarse. "Ya nadie llama por teléfono, las comunicaciones escritas están llenas de faltas y estamos destrozando el idioma. Estamos viviendo un analfabetismo, no una evolución del idioma. Eso me inquieta".

La vida y los senderos que se bifurcan

Preguntada sobre si Tarta de almendras con amor es literatura juvenil, la autora afirmó que "no es una novela juvenil, es para cualquiera que conecte con ella, como todos los libros. Me parece a mí".

Lo que sí es cierto es que Ángela Vallvey cambia de registro de una obra a otra. "Es un defecto que tengo. Los lectores, cuando encontramos un libro que nos emociona, buscamos más libros de ese autor que nos introduzcan en otra historia de lo mismo. Lo mío es ir por la literatura disparando a cosas distintas. Lo achaco a mi forma de ser como ser humano, a una constante búsqueda en los libros. Intento aprender a leer, soy lectora, no escritora, y con cada libro que escribo aprendo a leer".

Esa necesidad compulsiva de escribir y de explorar nuevos caminos la comparó con el jardín de los senderos de Borges. "Mantuve una intensa relación con él. Viví en Suiza muchos años y él estaba enterrado enfrente de donde vivía. Yo iba a mucho a visitarle al cementerio, lo cual no dice mucho de mis relaciones sociales. Él tenía un cuento titulado El jardín de los senderos que se bifurcan y la vida es eso: sales a la calle y optas para un lado o para otro y luego se abren nuevas posibilidades diferentes y así sucesivamente. Tu vida es una múltiple e infinita variedad de elecciones. En la literatura ocurre igual: hay quienes están cómodos en un camino y otros como yo que buscan y dicen: me he equivocado otra vez".

La contrapartida es no haber logrado una marca "Ángela Vallvey" porque el lector que me lee encuentra cada algo diferente. "SÍ que tengo una voz. Soy yo, pero hago lo que puedo".

Ángela escribe todos los días, pero no sobre el mismo libro. "Soy muy compulsiva y obsesiva, maniática, insoportable, me aguantan porque son mi familia. Tengo la necesidad de tener un proyecto en marcha porque si no, siento que no aprendo nada. Cuando no escribo tengo la sensación de que pasa el tiempo y no aprendo. Me parece absurdo comer, dormir o hacer la compra ¿qué he aprendido de esto? Estar escribiendo un libro es tratar de aprender".

La correcta alimentación es otro de los temas que toca Tarta de almendras con amor. Ángela cree la cocina hace hogar y que además se produjo un salto evolutivo importante en la humanidad cuando se pasó de consumir carne cruda a carne cocinada. "Fue un salto civilizador: de comer crudo a pasarlo por el fuego. Poner una tapa invisible entre la animalidad de comer carne a refinar el producto, a hacerlo más civilizado y digestivo. Eso produce un salto evolutivo en el cerebro. Es un acto como el invento de la rueda".

Sin embargo, los caminos que hemos seguido con la alimentación son más procelosos, dice la escritora. "Si nos damos cuenta, hace 50 años éramos 3.000 millones en el mundo y la mayor parte pasaban hambre de morir. En 50 años se ha reducido el hambre en el mundo muchísimo, se ha hecho con comida industrializada y barata. Comer es muy barato, pero tiene efectos secundarios porque hay mucha basura que nos envenena. Por eso he escrito esta novela".

Una vez más, la obra de Ángela Vallvey ofrece una mirada muy femenina de la vida. "Tiene que ser así. Las mujeres que hemos pasado de ser objetos a ser sujetos e incluso en la literatura tenemos que recuperar el tiempo perdido. Las mujeres tienen un mundo que hay que realzar y compensar porque hasta hace 4 días no contábamos ni éramos contadas. Las grandes novelas sobre mujeres la han escrito hombres, como Ana Karenina, Madame Bovari o la Regenta. Son muy buenas pero escritas pero hombres".

En su opinión, un protagonista masculino no hubiera funcionado igual en la novela. "No tendría la inseguridad con que las mujeres vivimos la mayor parte de nuestra vida. La mayoría que vemos triunfadoras, guapas, las que dan miedo, luego las conoces y ves que son muy frágiles. Casi todas lo somos porque vivimos bajo muchos condicionantes. Un chico hubiera sido mucho más seguro".

Uno de los problemas de Fiona es cuidar de su padre, a quien afecta una enfermedad rara y eso le ha servido para poner de relieve los problemas de este tipo de enfermos. "Como son pocos, no se destinan recursos suficientes para investigar esas dolencias. Hubiera sido mejor recurso narrativo un padre con una discapacidad habitual, pero en este caso era una metáfora de las enfermedades raras. La que padece el padre es inventada y le impide comunicarse con el mundo. Solo dice citas textuales de grandes autores relacionadas con amor. El mundo no le oye cuando le da amor. Es una metáfora sobre enfermos que han sido despreciados".


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