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"La pequeña llama del día", de Ignacio Lloret

El libro que releerá Lucía

Ignacio Lloret presentó La pequeña llama del día en Diario de navarra

Ignacio Lloret en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 31/03/2017 a las 09:04
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  • José Ignacio Roldán

Cuando Lucía le preguntó a su tío Ignacio Lloret de qué iba el libro que iba a presentar, este le respondió que trataba sobre la vida y el amor. Después de unos segundos, la niña preguntó: "¿pero… de zombis, de vampiros?" En ese momento, el autor no respondió, pero los que asistieron a la presentación del libro en el club de lectura de Diario de Navarra el pasado 21 de marzo comprendieron que La pequeña llama del día trataba justamente de lo contrario: del ser humano, de sus relaciones entre sí y con otros seres vivos y, fundamentalmente, de la vida y del amor.

Ignacio Lloret confesó que La pequeña llama del día  llevaba escrito más de dos años y que lo ha ido publicando por entregas en su blog Estación de libros, en Diariodenavarra.es. El reto inicial era conseguir contar una historia a partir de 50 obras de la literatura universal. "Podía haber escogido 50 cuadros o 50 recetas de cocina, pero elegí 50 libros, tomar parte de esos argumentos y aprovecharlos para contar un relato propio". La elección de los títulos no ha tenido que ver con las preferencias del autor, sino con la utilidad de la obra para lograr el objetivo final.

Técnicamente, Ignacio Lloret emplea varios registros que se repiten en cada capítulo: narración, conversación, observación y reflexión o comentario de textos, de manera que el resultado final es difícil de catalogar como género literario, si bien Lloret cree que se podría hablar de novela o más bien de narrativa contemporánea. "La conversación entre el yo narrador y el lector genera ritmo y musicalidad. La narración, lo que se cuenta, produce tensión narrativa y empujara al lector. La recensión es mi valor añadido, la observación".

Contar y decir

Ignacio Lloret distingue entre contar y decir. "Aquí puede haber un complemento entre los dos conceptos. No me conformo con contar aunque sea difícil, porque entretener al lector no es fácil, es meritorio. Pero yo quiero algo más, además de contar, quiero decir algo al lector. No son términos excluyentes. Contar es la moneda que le entrego al lector a cambio de que le pueda decir algo. Decirle como veo al ser humano, sus relaciones entre sí y con los seres vivos, lo que pienso sobre muerte, el amor, sobre el periplo vital del ser humano".

Lo que le interesa de la observación no es que sea veraz, que sea demostrable científicamente. "Lo que va a hacer de esa observación algo cierto es la belleza, la belleza es anterior al significado. En literatura es cierto lo que es bello. Me interesan aquellas observaciones que sean capaces de escapar al juicio de la verdad gracias a su belleza. Eso es lo que me interesa. Al cabo del tiempo alguien puede decir que lo que digo es o no falso, pero antes le habrá conmovido como algo bello y ya no se preguntará si es cierto o no. Eso vale en el presente y espero que en el futuro".

Narración y reflexión

A Ignacio Lloret le gusta cambiar de género y de registro, pero siempre siente la necesidad de regresar a su terreno natural literario, a la reflexión expresada poéticamente y aderezada con alguna línea narrativa. "Son los libros en los que me entrego especialmente y son los que más me gustan incluso como lector, los que incluyen una reflexión expresada líricamente que llegue a conmover al lector".

En cuanto al lenguaje, Ignacio Lloret ha intentado ser "escueto, sencillo y transparente para que le llegue al lector directamente. Una nueva claridad. Delibes decía que cuando se dio cuenta de que podía escribir como hablaba, ya podía escribir libros. La reflexión me vale para explicaros que Delibes consiguió un lenguaje claro para mediados de siglo XX. Yo quiero conseguirlo para el lector del siglo XXI, que le interpele en dos sentidos. A nivel de contenido, que se sienta identificado con la idea. Y en sentido formal, que el lenguaje sea tan despojado de lo superfluo de que el lector tenga la sensación de que está escribiendo la obra, que se sienta inspirado y más culto de lo que es".

Terminado el libro, "quiero que el lector se eleve a un nivel irónico o metafórico o simbólico y se haga una serie de preguntas y que esa pregunta sea irresoluble. Sobre todo que llegue a la conclusión -ironías del destino- de que las cosas parecen de una forma y son de otra".

Pero Ignacio quiere aún más. "Recuerdo que mi padre tuvo 20 años El libro del desasosiego, de Pessoa, en su mesilla de noche. Leía otras cosas, pero siempre tenía esa obra subrayada y con papelitos en la mesilla. Lo que quiero es que se relean mis libros. No me importa que no se lean con tal de que se relean, que el lector se vea impelido a volver a un pasaje por ser interesante, por tener una descripción bonita, por una reflexión. Quiero escribir libros para que se queden un tiempo en la mesilla".

La pequeña llama del día es también un homenaje a los animales. "Vivo en el campo, me relaciono con ellos y quería hacerles un homenaje, como en el caso de homenaje como Lonsome George, la última tortuga de su especie de Galápagos. Se murió seguramente por quedarse sola dentro de su especie y para reencontrarse con sus compañeros fallecidos. O Marius, la jirafa que sacrificaron joven por problemas de endogamia y que, en un país tan civilizado como Dinamarca, se la dieron de comer a los leones del zoo. No entendimos nada".

La muerte

La muerte es un tema que a Ignacio Lloret le interesa muchísimo, pero no como lo haría un autor de novela negra. "Yo me intereso por la muerte natural, no por la muerte violenta. Mi tesis frente a estos autores que, bajo mi punto de vista, pierden un poco el tiempo con la muerte violenta, es que lo más interesante es el periplo vital del ser humano y eso incluye la vejez y la muerte. Eso es lo realmente interesante en literatura. Inventar coartadas y tramas es una pérdida de tiempo cuando tenemos ante nosotros, como autores, el misterio de morir".


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